Cartas a Laila

Se trata de terrorismo

21.11.2015 | 01:00
Una mujer porta un cartel contra la violencia de género durante una manifestación.

Estos días, querida Laila, el foco está puesto en la violencia terrorista organizada que ha golpeado el corazón de Europa y que golpea mucho más el corazón de África, Asia o Medio Oriente, pero que a nosotros nos conmueve menos o simplemente ni vemos. Y no es solo la lejanía o cercanía de los acontecimientos, que también, lo que nos hace enfocar o desenfocar, conmovernos o no, responder o callar. Son muchos factores los que nos concitan o nos despistan de la realidad por muy dura o próxima que sea. La violencia, organizada o no, no se reduce a los estallidos de París o Beirut. La violencia es el clima ordinario en que vive la humanidad y que, en defensa sicológica y moral propias, tendemos a graduar, jerarquizar y distinguir quizá para hacerlo más tragable y manejable. Puede que esto sea natural y aconsejable para sobrevivir, pero también puede hacer que nos ofusquemos con árboles que no nos dejan ver el tenebroso bosque en que vivimos.

Te digo esto por lo siguiente. En plena conmoción, miedo y reacción personal y colectiva al terrorismo organizado se nos plantea a todos desde Naciones Unidas una jornada de toma de conciencia y de lucha contra una violencia cuantitativa y cualitativamente mayor, que nos afecta a todos, en todas partes y a la puerta e interior de nuestras casas. Se trata del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. El asunto es que esta violencia criminal tiene, como víctimas potenciales expuestas, a la mitad de la humanidad y dos mil de los 3.700 millones de mujeres que hay en el mundo la están sufriendo o la han sufrido de hecho: violencia física, sicológica o sexual. Fíjate que solo en España, donde mal que bien se han desarrollado acciones y políticas contra este tipo de violencia, las víctimas con resultado de muerte superan el centenar en los dos últimos años y en Galicia han sido asesinadas doce mujeres en el mismo periodo. Y solo te hablo de la violencia con resultado de muerte. Piensa ahora en toda la violencia ejercida por los hombres sobre la mujeres y las niñas que va desde el dominio, el control, el desprecio, la humillación, el ninguneo o la discriminación por ser mujer hasta el acoso diario, el abuso sexual, la afrenta moral, las palizas o la tortura que miles y miles sufren cada día. Son miles de personas a nuestro lado que sufren diariamente la tensión, el miedo y el pánico a la agresión o a la muerte. Son miles de personas las que tienen que explicar a sus niños lo que está pasando, como ese padre de París. Son miles con el agravante de que se trata de un terror oculto, solapado o clandestino que, a diferencia del terrorismo organizado, no produce una conmoción colectiva ni una reacción social de defensa, salvo cuando se ha producido el crimen y, ése, ya no tiene remedio. Pero la vivencia diaria de ese terror individual y personal es igualmente dramática y destructiva.

No se trata, amiga mía, de decir que esta o aquella violencia es peor, porque todas son nefastas, y todas han de ser combatidas, pero sí es necesario entender que, si toda violencia genera violencia, esta de género, que convierte a media humanidad en víctimas potenciales y a la otra mitad en posibles victimarios envilecidos y encanallados, es el mejor caldo de cultivo para cualquier forma de terror y de crueldad. Por eso creo que la violencia contra la mujer en todos sus grados y formas y debido a las secuelas y consecuencias que tiene para las familias, las sociedades y las generaciones bien podemos verla como la madre de toda violencia y, consecuentemente, su reducción y erradicación supondría un profundo y esta vez positivo cambio climático donde el terror no pueda respirar. Porque, querida, de terrorismo se trata.

Un beso.

Andrés

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