Editorial

Urge atajar la inseguridad en la comarca coruñesa

13.12.2015 | 01:58

La comarca de A Coruña vive con el corazón en un puño por la incesante oleada de robos en viviendas registrados el último mes, con cerca de un centenar de asaltos. Los ayuntamientos de Sada, Bergondo y Oleiros son el epicentro de esta escalada de inseguridad que el jueves pasado encendió todas las alarmas de los vecinos de la zona. Ese día, una banda de ladrones desvalijó de madrugada hasta cinco casas con los propietarios durmiendo dentro y logró hacerse con un botín de joyas y dinero, especialmente. Los delincuentes forzaron las ventanas y se adentraron hasta las dependencias donde dormían los habitantes de las viviendas.

Lejos de remitir, los asaltos aumentan al tiempo que adquieren una inquietante osadía. Una mujer ha denunciado haber sido rociada con un spray somnífero por los ladrones mientras dormitaba en un sofá. Llegaron a sustraerle un teléfono móvil que tenía a escasos centímetros en una mesilla. Otro víctima intentaba conciliar el sueño cuando le despertó el ruido de pasos. Bajó al jardín y se encontró con los bolsos de su mujer y su hija, que los tenían en el primer piso de la casa, tirados vacíos en el césped. Su esposa se percató después de que le habían robado el móvil, que tenía también a escasa distancia, mientras descansaba en el salón. En uno de los robos los asaltantes llegaron a subir al segundo piso y coger de la puerta del dormitorio del propietario un pantalón colgado de una percha para sustraer la cartera. A continuación, se colaron en otra habitación, muy próxima a la de la hija del dueño, y se llevaron dos joyeros.

Este descarado modus operandi está exacerbando el clima de inseguridad en las zonas rurales de la comarca, que más allá de los robos temen lo que pueda pasar si se tropiezan con los asaltantes. La impunidad y el atrevimiento de estos últimos asaltos han colmado la paciencia de los vecinos. Asisten temerosos e impotentes a un recrudecimiento de los robos sin que los responsables de la seguridad le pongan remedio a pesar de las reiteradas reclamaciones.

Porque si algo ha puesto en evidencia la oleada de robos es la escasez de efectivos de la Guardia Civil en la comarca coruñesa por los últimos recortes en gasto. El área metropolitana dispone de un agente por cada 870 habitantes y se debe cubrir una zona de 1.400 kilómetros cuadrados con una gran dispersión de viviendas.

La política de austeridad hace que sea casi imposible que se cubran las vacantes que se producen en el cuerpo por ascensos, traslados o jubilación. La reducción de efectivos ha aumentado también las bajas por la carga adicional de trabajo de los agentes. Esto ha llevado a una preocupante situación de precariedad en los cuarteles que se encargan de la seguridad en la comarca. En especial, del de Sada, que cubre también Bergondo, los dos ayuntamientos más castigados por los robos. Este cuartel, con varias vacantes pendientes de cubrir, cuenta ahora solo con siete agentes de patrulla, un número claramente insuficiente para atender un área tan extensa y con población muy dispersa.

Los nueve alcaldes del Consorcio de As Mariñas reclamaron ya el 19 de noviembre pasado un refuerzo de la dotación de la Guardia Civil en la zona, cuando los robos comenzaban a arreciar. La respuesta de la Delegación del Gobierno se ha limitado hasta ahora a anunciar un concurso de traslados para cubrir 17 vacantes en los cuarteles de As Mariñas, pero sin poner plazo a la incorporación de esos refuerzos.

Tras conocerse hace unos días que solo se cubrirán dos de las cuatro vacantes del cuartel de Sada, la principal referencia de seguridad en el epicentro de la ola de asaltos, los ediles han reiterado la urgencia de sus demandas y los vecinos afectados estudian movilizaciones ante la falta de respuestas. La inquietud es palpable ya también en urbanizaciones más próximas a la ciudad, como A Zapateira, donde los residentes se han organizado para efectuar tareas de observación y aviso.

La gravedad de la situación no admite más dilaciones. Es necesario actuar antes de que ocurra un daño irreparable. El control del gasto no puede ser un criterio para mantener los efectivos de los cuerpos de seguridad en niveles de incapacidad para cumplir con su obligación de garantizar la propiedad y la vida de las personas. Como tampoco puede ser una solución la creación de patrullas de vigilancia vecinal.

Es necesario adoptar medidas efectivas e inmediatas que atajen la psicosis de ciudad sin ley que se está apoderando de los habitantes de la comarca coruñesa. Medidas, claro está, que vayan más allá del anuncio de futuras incorporaciones de agentes. Con palabras no se arregla el problema. Son necesarios hechos.

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