Desde Los Cantones

Louzán lanza el órdago previsto para llevarse la FGF a Santiago

06.01.2016 | 00:29
Louzán lanza el órdago previsto para llevarse la FGF a Santiago

Como habíamos anunciado, D. Rafael Louzán, político encasquetado en la Federación Gallega de Fútbol, al amparo de las vacaciones navideñas, ha lanzado su órdago con el objetivo de arramblar para Santiago la sede federativa que lleva más de 109 años radicada en La Coruña. D. Rafael no ha sido capaz de respetar los pactos firmados entre el Ayuntamiento coruñés y la FEF, porque carece de finura política y no cumple nada más lo que, a él y solo a él, le interesa. Es este otro frente abierto con el Municipio coruñés. El asunto pasará a los tribunales de Justicia, que lo resolverán sin precipitaciones. De nuevo, nuestra ciudad es víctima del nepotismo, del vale todo, del falsear la verdad. Resulta trágica la pirueta del Sr. Louzán, su amnesia sobre la palabra dada y el compromiso suscrito, además de la falta de enjundia para identificar la verdad y sobre todo para decirla. Núñez Feijóo, silente, sonríe mefistofélicamente; el PP de La Coruña mudo, pese a haber comprometido a la ciudad en este asunto. Le viene duro el papel de opositor, que lo ha reducido a su propia debilidad. El PSG local amaga, pero no da, y mantiene su prótesis protectora sobre el elenco de D. Xulio. Nuestro alcalde, más preocupado por los avatares de En Marea en el Congreso de los Diputados que de la gestión municipal, no ha hecho todavía acopio de pedagogía y de cobertura para ilustrar al vecindario de su "sentido de ciudad". La vagancia de iniciativas es evidente mientras se dibuja en el gobierno local una mentalidad de entretiempo. Luces, muchas luces necesita la Marea Atlántica; su "dinamismo" habrá obtenido demasiado premio con la Alcaldía si sus munícipes siguen de vacaciones.

Otrosidigo

En pocos meses se ha demostrado que los mensajes electorales son recetas de distracción. Venezuela, tan ligada a los podemitas, la han retirado de su agenda, pese a los quejidos gallegos que nos llegan y al interés de los mareantes en alterar el pasado. No basta con ponerse en mangas de camisa; es, en sí mismo, un imperativo categórico acelerado por la ridiculez de aplaudirse.

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