La feliz gobernación

De olores y fragancias, de corbatas y fulares

19.01.2016 | 00:50
De olores y fragancias, de corbatas y fulares

Parece que el estilismo es la ciencia que está de moda y no me había enterado, que no se habla de otra cosa, unos porque tienen mucho que ocultar y lanzan gas pimienta contra los nuevos y estos porque se creen que su nuevo trabajo como representantes electos del pueblo les impide retocar su vestimenta cual si asistiesen a boda o funeral de persona próxima, para la toma de posesión de su escaño. Evidentemente no tengo autoridad para dar doctrina en la materia por propia voluntad.

Algunos estarán pensando lo mismo que decía mi suegro, que gasto menos en ropa que un ruso en catecismos, y es cierto, solo me he puesto la corbata de gomita, en el uniforme de verano, que los militares me obligaron a usar mientras me hacían un hombre; pero no le doy ningún contenido ideológico a mi postura, simplemente no me he visto obligado; así pues he llegado a mis canas con una virginidad mal entendida, que si en un principio sí fue rebeldía, poco después no tendría que haber sido y hoy reconozco como un sacrificio para los que han de vestir de "romanos" a diario, (¿verdad, José?).

Cierto es que habrá que procurar que las cámaras persigan más al delincuente segoviano, que no aparecerá más por el hemiciclo, que los peinados singulares o los juegos en las tabletas de sus señorías.

Pero es cierto que los agudos estilistas que reseñaron la sesión parlamentaria afilaron su estilete dialéctico con los hombres, salvo el caso de Bescansa y su niño, y la indumentaria femenina pasó sin pena ni gloria en los medios que me han llegado, algo vamos avanzando, supongo.

Pero ya que estamos hablando de los sentidos, menos del sentido común, hemos comprobado que hay uno que está muy desarrollado entre señorías y cronistas que cubren la información parlamentaria, el del olfato; diferentes personalidades de las de toda la vida han declarado que en el hemiciclo olía mal, que había falta de higiene y no se referían a negocios sucios ni a sobornos ni desfalcos, sino que directamente acusaban de desaseados a los nuevos diputados que acudían en actitud propagandista, fuera de lugar en mi opinión, con charangas, con posados en bicicleta ante las cámaras o colgando los abrigos en el respaldo del escaño. No me lo creo.

Hay psiquiatras que teorizan a Quevedo, Érase un hombre a una nariz pegado, para ellos la experiencia determina nuestra valoración de los estímulos olfativos que percibimos, si nos resultan agradables, o por el contrario, insoportables. Si sus señorías frecuentasen el metro sabrían que Chanel 5 no es lo más frecuente, pese a la ducha diaria, asocian el aspecto externo con el aseo.

Tampoco podemos dejar de recordar a Hamlet, cuando el centinela Marcelo pronuncia la frase "algo huele a podrido en Dinamarca", preludio de lo que se va a revelar y de los hechos ocultos censurables. El hemiciclo es testigo de cómo se queman nombres como posibles candidatos, Luis de Guindos, Luis Solana? antes de que la cosa vaya a mayores. Preparémonos.

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