Cartas a Laila

Caza a la espera

23.01.2016 | 01:12
El rey Felipe IV saluda a Mariano Rajoy antes del encuentro de ayer en la Zarzuela.

Ahora dicen, querida Laila, que es Sánchez el que cuenta con mayores posibilidades de formar Gobierno. Puede, pero yo lo sigo viendo menos probable. Es más, puede suceder que al final de un rebuscado proceso, estirando plazos al límite, Sánchez se pliegue a una fórmula que permita el acceso de Rajoy o, no lo descartemos, de quien sea candidato o candidata del PP. Los barones más conspicuos del partido socialista empujan en esta dirección. Veremos qué sucede en el Comité Federal del PSOE que se reúne el día 30. También dicen que Rajoy no se mueve, no hace nada y, como siempre, confía simplemente en que el tiempo madure el fruto que él piensa recoger antes de que se pudra. Y si acaba pudriéndose, pues a esperar otra cosecha electoral, que podría resultar mejor. Rajoy es un cazador a la espera, muy quieto, que solo responde a los movimientos de la pieza cuando la tiene segura. Es como si hubiese asumido aquellos consejos que su paisano, Camilo José Cela, dio al entonces príncipe de Asturias en la entrega del premio del mismo nombre que el escritor logró allá por los años ochenta. "En España -y os lo digo, Alteza, porque sois joven y español- el que resiste gana", aconsejó Cela, utilizando el proverbio de Persio que, en realidad, viene a decir: "El que resiste, conquista", mucho más apropiado si hablamos del poder. También aconsejaba Cela dejar los problemas "al tiempo que haga de las suyas, que es el mejor médico de estas y de otras mayores dificultades", en palabras de Cervantes. Es decir, Rajoy no se mueve ni se va a mover, pero está y estará muy atento a los movimientos de los demás y solo actuará "como Dios manda" y "con sentido común" cuando sea "necesario" y, sobre todo, "conveniente".

Lo dicho, querida, un cazador a la espera. ¿Recuerdas Roncesvalles? Allí están los puestos donde los cazadores acechan a las torcaces que, ayudadas de los vientos del norte, entran a miles y miles por puertos y valles pirenaicos, para encontrar muchas la muerte y truncarse así su instintivo viaje. El cazador a la espera es un ventajista. Está en situación de privilegio, cuenta con los instrumentos de caza, le ayudan los vientos y se aprovecha del instinto ciego de las presas que no saben de sus intenciones y, en muchos casos, ni siquiera lo ven. Rajoy actúa como un palomero. Asume una estrategia semejante porque se considera todavía con el privilegio del poder, con la escopeta bien cargada de su minoría mayoritaria, con el viento dominante de los medios y mercados a su favor, con el instinto migratorio, tantas veces ciego y tan expuesto, de las piezas a cobrar, y con el camuflaje de la estabilidad, de las cuentas macroeconómicas y otras propagandas en el puesto de caza. Así las cosas lo lógico es cazar a la espera, no moverse, seguir el consejo de Cela. Lo malo para Rajoy, lo funesto sería que las cosas no fuesen tan como las ve. Que su situación no sea de tanto privilegio y poder como piensa, que los vientos vengan muy del norte y muy fuertes y, por ello, obligue a las torcaces a ganar altura y volar fuera del alcance de la munición del cazador, o que cambien la ruta migratoria a destinos que el palomero no conoce ni prevé. Entonces la espera sería estéril y el zurrón volvería de vacío.

En cuanto a Sánchez, Iglesias e incluso Rivera tienen que aprender a volar para salir del laberinto cretense donde Minos trata de encerrarlos. Han de saber muy bien a dónde quieren ir pero, sobre todo, acordar a dónde quieren llegar en este vuelo; han de volar en bandada, nunca solos ni separados y, sobre todo querida, han de seguir los consejos de Dédalo y no volar demasiado alto para que el sol no derrita sus alas de cera, ni demasiado bajo para que la espuma de las olas no moje sus alas y de hundan.

Como confirma lo visto en las últimas horas, Rajoy no ha abandonado la caza y sigue a la espera del paso de la torcaz y precisamente para eso ha declinado el primer envite.

Un beso.

Andrés

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