Cartas a Laila

Alejandra y Eriko

27.02.2016 | 00:39
Eriko Ishimoto y Alejandra Díaz en su concierto, en el Círculo de las Artes de Lugo.

Hay momentos, sobre todo de dicha, querida Laila, que se te quedan anclados en el alma. Cuando los recuerdas, los revives y vuelves a gozarlos con igual emoción o incluso más, porque la memoria también recrea, en los dos sentidos de la palabra. Uno de esos momentos nos regalaron Alejandra Díaz y Eriko Ishimoto con su concierto en el Círculo de las Artes de Lugo interpretando obras de Mendelssohn, Stravinsky y Rachmaninov para chelo y piano. Estas dos mujeres, tan jóvenes como consagradas, nos ofrecieron un programa técnicamente difícil y complejo, pero especialmente bello. Interpretaron la Sonata nº 2 en Re mayor, Op.58, de Mendelssohn, la Suit Italiana del Ballet Pulcinella, de Stravinsky, y la Sonata en Sol menor, op.19, de Rachmaninov. Para mí que lo bordaron. Fuera de cualquier análisis técnico, del que soy incapaz, sí puedo decir que me emocionaron, me hicieron feliz y fui testigo de que algo semejante lograron en el auditorio. Mendelssohn decía que "todo aquello que debe hacerse, es preciso hacerlo bien"; pues Eriko, del país del sol naciente, y Alejandra, de la tierra del sol poniente, lo consiguieron el pasado día 19. Por su parte, Stravinsky, quizá por sus inquietudes literarias, llegó a decir que "la música es incapaz de expresar nada por sí misma". No sé si tal afirmación es sostenible, pero si sé que al menos esta música concreta interpretada por estas dos mujeres, virtuosas y excelentes, llega al corazón del ser humano, crea momentos de dicha que se graban en la memoria e incluso estimula la reflexión, lo que me parece expresar mucho. Alejandra y Eriko han logrado la excelencia en su trabajo en plena juventud. Naturalmente han nacido con talento y aptitudes pero, sin duda, ha sido su arduo y largo trabajo desde la infancia lo que las ha llevado a alcanzar, tan jóvenes, el virtuosismo imprescindible para crear belleza, que es algo sublime, pero también efímero por lo que tiene de levedad lo bello que ha de sustanciarse en cada actuación, en cada concierto que pasa en un suspiro. Por eso son tan importantes y decisivas las emociones que crean y producen en el ánimo de su auditorio, que son intangibles, pero quedan en la memoria y resultan tremendamente valiosas para generar cultura, dicha y calidad de vida.

Eriko y Alejandra, además de emocionarme, querida amiga, me han hecho pensar sobre el papel que otorgamos hoy a nuestro desarrollo cultural colectivo. Dicen que las generaciones actuales de adultos jóvenes, son las mejor preparadas de nuestra historia. Puede, pero también lo es que, con lo hecho estos últimos años y lo que estamos haciendo o dejando de hacer ahora mismo, las generaciones inmediatamente siguientes, en lugar de avanzar, retrocederán y se quedarán en esa mediocridad poco útil que no tiene nada de áurea. Basta ver los agresivos hachazos que en España y también en Europa se están dando a las políticas de formación y promoción cultural. Con estas políticas, sin duda salvajes, arrinconaremos talentos y frustraremos los esfuerzos de los niños, adolescentes y jóvenes de hoy y nos privaremos, para nuestra desgracia colectiva, de todo lo bueno y lo bello que deberían aportarnos, con las consecuencias, quizá catastróficas, que esto pueda traernos.

Por ello te digo que el concierto de Alejandra y Eriko, sin ellas pretenderlo o calcularlo y como toda obra bien hecha, resulta objetivamente reivindicativo del talento, el esfuerzo, la excelencia y el virtuosismo que han de impulsarse, con pasión, en nuestra vida colectiva. Además de crear esa belleza -por sublime efímera-, de hacernos dichosos y de instalar las mejores y más nobles emociones en nuestra memoria. Y eso, querida, es muy de agradecer.

Un beso.

Andrés

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