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Editorial

Las oportunidades por aprovechar del liderazgo económico coruñés

28.02.2016 | 01:58

El área de A Coruña es indiscutiblemente el motor de generación de riqueza en Galicia. Así lo demuestran desde hace una década los principales indicadores económicos. Y así lo han refrendado una vez más las estadísticas que se acaban de hacer públicas. El último informe Ardán, principal índice de referencia en este campo para la comunidad, que elabora cada año el Consorcio de la Zona Franca de Vigo, reconoce que la comarca coruñesa aporta casi el 40% de la riqueza que producen las principales empresas gallegas y el 30% de las ventas.

Esta incuestionable hegemonía coruñesa en la economía gallega es desde luego indisociable del fenómeno Inditex. El tirón de las diversas marcas comerciales que conforman la multinacional textil coruñesa, asociado al de las firmas patrimoniales de la familia Ortega, son el principal activo de esta pujanza. A años luz del resto. Pero no sólo. Entre las diez empresas con mayores ingresos de la provincia de A Coruña, que acumula según el informe Ardán el 62% del valor añadido de las mayores firmas gallegas, figuran también, complementando la galaxia Inditex, sociedades domiciliadas en el área coruñesa como Metalúrgica Gallega, Vegalsa y Gadisa.

El peso de la comarca coruñesa es comparativamente mayor al de la provincia en el total gallego. El área metropolitana compuesta por A Coruña, Arteixo, Abegondo, Bergondo, Cambre, Carral, Culleredo, Oleiros y Sada genera una facturación de 21.512 millones de euros, un 30% del global de la comunidad. Unas cifras que evidencian por qué el informe Ardán ha señalado al área metropolitana coruñesa como el motor económico de Galicia. Basta con compararlas con su principal competidora, el área de Vigo, que genera 16.581 millones, 5.000 menos que la comarca coruñesa.

La hegemonía coruñesa se extiende también al número de empresas que facturan más de doscientos millones de euros al año en Galicia. Dos tercios de las 44 firmas gallegas que superan ese umbral de negocio, 29 en concreto, operan en la provincia coruñesa, la mayoría en el área metropolitana y la mitad, vinculadas al imperio Ortega. Por el contrario, solo ocho de esas 44 están en la provincia de Pontevedra.

El perfil resultante es aún más aplastante si la comparación se establece sólo entre las 20 empresas gallegas de mayor facturación, con cifras que oscilan entre los 400 y los exorbitantes 6.900 millones anuales, esta última cantidad sólo al alcance del gigante Inditex. Hasta 17 de ellas están domiciliadas en A Coruña, es decir, el 85% del total. La multinacional fundada por Amancio Ortega es una vez más la empresa gallega con mayor facturación, seguida por Citroën, con 6.536 millones.

Este ranking es sin embargo engañoso, ya que esos 6.900 millones facturados por Inditex corresponden sólo a la matriz de la multinacional coruñesa. A esa cantidad habría que añadirle los 1.478 millones de Zara, tercera tras Citroën; los 1.067 de Bershka, cuarta, los 921 de Tempe, sexta; los 882 de Massimo Dutti, séptima; los 845 de Pull&Bear, novena o los 842 de Stradivarius, décima. Es decir, que las firmas del emporio Inditex incluidas separadamente por marcas entre las diez empresas gallegas de mayor facturación generan en realidad casi 13.000 millones, el doble que Citroën.

Otra cara derivada de esta misma realidad económica es que el ayuntamiento de Oleiros, décimo espacio urbano más poblado de Galicia y principal destino residencial en el área coruñesa, concentra desde hace años la población con las rentas más altas de la comunidad. Con una media de 25.073 euros anuales, según acaba de corroborar el último informe del Instituto Galego de Estatística, Oleiros ostenta el mayor poder adquisitivo en Galicia, prácticamente 10.000 euros por encima de la media autonómica

Esta capacidad de locomotora económica que A Coruña viene ejerciendo desde hace años en Galicia no se ha correspondido sin embargo con un parejo despegue geopolítico y social del área metropolitana en la que se asientan las principales empresas de la comunidad. Las enormes oportunidades que brinda desde hace años esta hegemonía económica para erigir a su alrededor no sólo la mayor área metropolitana gallega sino una de las de referencia en España, se han venido desaprovechando por miopía política.

Un ejemplo palmario es que el área de mayor riqueza empresarial de Galicia no se haya podido dotar todavía de una red de tren de cercanías que permita a sus habitantes un medio rápido, eficaz y barato para acudir a trabajar o a estudiar en la universidad. Ni tampoco regenerar un estuario con grandes potencialidades turísticas lastradas por toneladas de residuos químicos tóxicos depositados en su fondo desde hace décadas, en cuyas riberas residen los coruñeses censados en los municipios más poblados de la comarca.

El incuestionable liderazgo económico no ha logrado traducirse todavía para los coruñeses en los beneficios que conlleva la pertenencia a una de las grandes áreas urbanas del país. Por culpa de un minifundismo territorial y político que desde hace décadas bloquea una visión supramunicipal que eleve la calidad de vida del medio millón de coruñeses que habitan el área metropolitana. Han transcurrido ya casi siete años desde que en 2009 los alcaldes del área coruñesa se comprometieron a organizar servicios mancomunados de transporte, de abastecimiento y depuración de aguas o de gestión de residuos. Sin que se dieran grandes pasos.

Esta postergación es achacable a todos, aunque la mayor responsabilidad, por su peso político, corresponde a los dirigentes que desde María Pita han dado la espalda en los últimos años a la construcción de una Gran Coruña. Algo parece haber cambiado sin embargo en los últimos tiempos, en los que comienzan a abrirse camino ambiciosos proyectos que caminan hacia ese objetivo. Algunos, como la necesidad de una red de transporte de cercanías, con unanimidad y sin distinción de siglas. Otros, como la comarcalización de los servicios de bomberos, la propuesta del Concello coruñés para la entrada de los municipios del área en Emalcsa para mejorar y abaratar el abastecimiento de agua, o la ardua negociación para sacar a Nostián del atolladero, se enmarcan también en una clara vocación metropolitana.

Son pasos de gigante en comparación con la desidia que imperó en treinta años, pero son aún pasos tímidos que deben consolidarse para que la Gran Coruña que lidera año tras año las estadísticas económicas del informe Ardán se convierta también en la gran área urbana de Galicia con los mejores servicios públicos e índices sociales. Los coruñeses llevan décadas escuchando a sus dirigentes hablar de las bondades de una organización más efectiva entre los concellos de la comarca sin que lleguen nunca a ser realidades. Hacen falta avances concretos. Ya se ha perdido demasiado tiempo.

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