Shikamoo, construir en positivo

Desahucios hoy

05.03.2016 | 01:17
Desahucios hoy

A pesar de que ya no se oigan los cantos de sirena de quien, megáfono en mano y con una clarísima intencionalidad política, se echó al monte y mordió, vilipendió y pisoteó manos tendidas, comprometidas y que habían trabajado codo con codo con él, los desahucios se siguen produciendo hoy en nuestra comunidad y en nuestra ciudad sin que nadie diga nada. Y eso mismo ocurre en otras ciudades y comunidades autónomas. Ahora todo el mundo está calladito, unos porque ya han conseguido lo que querían con sus pataletas diarias frente al eslabón más débil y por cuestiones difícilmente defendibles. Y los otros porque nunca han entendido muy bien de qué iba la cosa y, para ser sinceros, tampoco iba mucho con ellos. El caso es que hoy los desahucios por impago de renta son tan abundantes como siempre, y nadie dice nada.

Miren. Mi posición está clara y la he defendido en muchos foros. Es normal que una persona propietaria de un piso decida iniciar un expediente de resolución de contrato si no le pagan. He visto familias desesperadas porque la renta que les pagaban por un piso que era suyo, complemento de una exigua pensión o de unos magros ingresos, no se satisfacía desde hacía más de un año. Y eso no es justo. Otra cosa es que se revise la cuestión de la propiedad privada o del derecho sucesorio, y ahí habría otro paradigma y mucha tela que cortar, pero en el actual orden de cosas y en lo comúnmente aceptado, es normal que el impago de renta provoque este tipo de efectos. Lo que no vale es que, pagues o no pagues, no pase nada. Sería la selva, ¿no?

Ahora bien, el nudo gordiano de la cuestión es qué hace el Estado de Derecho para abordar el que debería ser inalienable derecho a la vivienda, así como la situación de precariedad de muchas, muchas, muchas personas. Y aquí también he sido contundente, y he tenido la posibilidad de explicarlo en foros oficiales e informales. La cruda realidad es que la inversión de nuestra comunidad autónoma en este campo es prácticamente nula. En Galicia el IGVS, Instituto Galego de Vivenda e Solo, sólo ejerce una labor casi cosmética, sin medios y, sobre todo, sin pisos. Tuve la oportunidad de ser convocado a la Comisión Provincial de Vivenda en muchas ocasiones, acudiendo puntual en cada ocasión mientras me fue permitido, y les aseguro que el panorama es desolador. La encendida, pertinente y profesional defensa de adscripción de un recurso de vivienda por parte de las trabajadoras sociales de los Servicios Sociales Comunitarios es, casi siempre, despachada de un plumazo ante la impotencia de los mismos funcionarios autonómicos que saben que tales recursos, prácticamente, no existen. La caída de la construcción ha llevado aparejada una dramática disminución en este tipo de instrumentos de cohesión social, y eso ha dejado huella.

Otros países de nuestro alrededor, como el Reino Unido o Alemania, nos llevan años luz de ventaja en estas cuestiones. Ya les he contado más veces que, desde mi punto de vista, la existencia de un gran parque nacional de vivienda a precio tasado y precio modular, según las circunstancias socioeconómicas dinámicas de cada familia, es perentoria. Esto hacen los europeos, mientras nosotros remedamos tal cuestión, de forma cutre y mal organizada, organizando loterías de casas -¡en propiedad!- para rentas mucho más altas, en ocasiones como la acontecida en la ciudad con los pisos construidos en los terrenos de la extinta Fábrica de Tabacos. Eso no arregla la exclusión social, y sí es una interesante oportunidad para familias de entornos socioeconómicos medios -o más- que se benefician con pisos buenos a precios bastante por debajo del mercado.

Con todo, los desahucios existen no porque quien tiene un piso y no le pagan sea una mala persona, sino porque el Estado, a pesar de todas las grandilocuencias de estos años en obra pública y otras cuestiones no prioritarias -tantas de ellas verdaderamente indecentes-, no ha hecho sus deberes. Faltan viviendas al servicio de evitar la exclusión social. Hay concejalías de vivienda que, a lo sumo, dinamizan los pocos pisos propiedad de los ayuntamientos y los ponen en el mercado en régimen de alquiler con criterios sociales. Pero eso no llega, como es obvio. La política de vivienda ha de ser una prioridad de Estado y, aquí, nunca lo ha sido y no lo es. Ni micro política municipal ni mini política autonómica. Son grandes números los necesarios, comparables a la Defensa o a las Infraestructuras. Hace falta tomarse en serio la cuestión de la Vivienda. Porque, antes de cualquier otra necesidad, la vivienda es urgente y crítica.

Mientras esto no sea así, seguiremos viviendo las actuales y cotidianas pantomimas en torno a esta cuestión donde una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Los del megáfono, calladitos cuando no toca y viven cómodos pisando moqueta. Al fin y al cabo, son parte de la industria del poder. Y los otros, calladitos también con esta cuestión porque tampoco es un tema que consideren verdaderamente prioritario y porque, salvo honrosas excepciones, nunca han lidiado bien con estas cuestiones. Y, ante semejante panorama, las personas continúan siendo lanzadas de los pisos cuya renta han ido pagando mientras han podido, y la casa sin barrer.

C'est la vie... O eso nos parece... Pero deberíamos sentarnos todos, unos y otros, y llegar a consensos muy básicos para diseñar tales políticas de Estado. Lo demás son juegos de salón, para divertimento de unos y otros, mareando la perdiz y echándose la culpa mutuamente de nuestra absoluta incapacidad como país.

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