Una democracia rara

01.07.2016 | 01:24
Una democracia rara

Según los griegos, que inventaron la democracia, el asunto consistía en el gobierno del pueblo que a través del sufragio elegiría a sus gobernantes, de tal manera que aquel que aglutinaba más votos del pueblo gobernaría y a los otros se les adjudicaba una representación con la que ejercitarían el control sobre la acción de gobierno, vamos lo que hoy llamaríamos la oposición.

Con el tiempo y en una suerte de alquimia política los políticos de cada época fueron poniendo adjetivos al término democracia para adaptarla a sus intereses según les fueran las cosas. Conocimos así la democracia orgánica, la teocracia o la democracia horizontal, adjetivos todos ellos que suponían la adulteración del espíritu con el que los griegos inventaron el sistema. Y así llegamos al día de hoy en el que parece hacerse bueno aquello de "una democracia para el pueblo pero sin el pueblo". Y sólo así se explica que tras lo sucedido el pasado 20D y el reciente 26J las consecuencias de lo dicho en urna por el pueblo no suponga la formación de un gobierno y se traduzca en más incertidumbre e incluso insultos a los votantes. Especialmente significativo es el caso de Podemos, que se hartó de hablar del empoderamiento del pueblo. Claramente se referían a su propia parroquia y despreciaban al resto de ciudadanos que nos les otorgaron su voto de tal suerte que destacados miembros de esa formación han llegado a decir, tras su batacazo electoral, que era deseable que "los viejos que votaron al PP podían morirse" no especificando si deseaban su muerte de forma natural o estaban dispuestos a "ayudar". Un auténtico disparate antidemocrático e inhumano. A unos les gustará y a otros les horrorizará pero lo cierto es que el Partido Popular ha ganado con claridad las elecciones del 20D y con mucha más claridad las del 26J con una diferencia de 52 diputados y más de dos millones y medio de votos sobre la segunda fuerza y si nos referimos a Podemos, el PP le ha superado en 66 escaños y tres millones de sufragios. Impedir, de cualquier manera, un gobierno popular es un ejercicio torticero de funambulismo político pero, sobre todo, es un desprecio absoluto a la esencia y el espíritu de la democracia. Como ya dije en otro artículo publicado en LA OPINIÓN estoy convencido de que los votantes del PP no han bendecido con su voto conductas corruptas como tampoco lo han hecho, con toda seguridad, los que votaron al PSOE o a otras fuerzas. Quiero pensar que ha sido un voto exigente que obligará a las fuerzas políticas a apartar para siempre a personas y a conductas inaceptables. En el colmo de los colmos alguna de las fuerzas perdedoras en estos últimos comicios incluso de las que acuñaron eso de la "nueva política" sugieren que el candidato más votado se vaya para su casa tras haber recibido el apoyo masivo de los sufragios emitidos, una interpretación de la democracia que deja perplejos a los demócratas. No sé si saben que están jugando con fuego y que si en un acto irresponsable forzaran unas terceras elecciones que el pueblo no quiere y que, a mi juicio, se traduciría en una mayoría absoluta enorme de la fuerza que ha ganado, en las dos últimas ocasiones, las elecciones. Una cosa sí quiero destacar: la gran paciencia del pueblo español, pero debo decir que como todos ustedes saben la paciencia tiene una límite y el nuestro está agotado. En boca del padre de Julio Iglesias podríamos decir hoy que algunos tienen un concepto de la democracia "raro, raro, raro".

¡Al loro!

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