Cartas a Laila

Solo se está empezando

02.07.2016 | 00:58
Pablo Iglesias y Alberto Garzón, durante su comparecencia ante los militantes de Unidos Podemos tras conocer los resultados del pasado domingo.

La táctica de Rajoy, que no estrategia, de ir a unas nuevas elecciones después de 20-D, fue acertada, querida Laila, porque cumplió su objetivo de mantenerse en el poder. Es verdad que a ello contribuyó, sin duda, la incapacidad de la izquierda para formar un Gobierno, cosa que, desde un punto de vista estratégico, no sé yo si hubiera dado los resultados presuntamente pretendidos por la izquierda: como acabar con la corrupción, combatir la desigualdad, recuperar los daños causados al Estado del bienestar, eliminar substancialmente la pobreza y la precariedad o dar la vuelta a la indigesta tortilla de la austeridad a ultranza. Lo que sí ha sucedido es que se ha dado un buen golpe al modelo bipartidista aunque, tras el 26-J, se muestre resistente. Superar el bipartidismo va a depender mucho de la gestión que las distintas fuerzas hagan de los últimos resultados. Creo que en Podemos se corre el riesgo de ver su posición actual como un fracaso y, en cierto sentido lo es, pues en sus mensajes lanzaron la idea de que la actual coyuntura era la gran ocasión para "alcanzar los cielos", apartando del poder a los dos partidos del eterno turno. En la noche electoral causaron esta sensación al reconocer que el alcance de sus objetivos estratégicos llevará más tiempo del que pensaron, como acertadamente señalaban incluso muchos de sus partidarios. La prueba ahora para Podemos o Unidos-Podemos es administrar y gestionar bien la cota de poder que el electorado les concedió para hacer oposición. Esto si se logra esta vez la formación de un Gobierno. En caso contrario, lo probable sería la vuelta a una mayoría absoluta de la derecha (PP- Ciudadanos) que, dado el tremendo desgaste político y social del país, sería una gran victoria pírrica de los conservadores. El PSOE que causa y quiere causar la sensación de que resiste, en realidad lo único que logra es reducir la velocidad de su caída y se encuentra en un dilema que es ya un debate abierto sobre la fórmula a emplear para sobrevivir: o luchar de nuevo por la restauración del bipartidismo o involucrarse en una alianza de las izquierdas con la posibilidad, puede que no inmediata, de recuperar el liderazgo progresista en el país algún día. La cosa no la tiene fácil, dado el abandono generalizado en Europa del espació socialdemócrata. Decidir sobre su papel en la formación del nuevo Gobierno y gestionar acertadamente su trabajo en la oposición son retos complejos que tendrá que afrontar y resolver en medio de una crisis interna que se agudizará en los próximos tiempos. Quizá el único partido que está donde siempre estuvo y que cumple con el papel que se le asignó al salir de Cataluña y nacer en España es Ciudadanos, la formación de las nuevas generaciones de la derecha que tratan de actualizarla y renovarla sin perder las esencias conservadoras y neoliberales.

Pero el principal problema, querida, lo sigue teniendo la mayoría más castigada de los ciudadanos porque sus problemas ni siquiera se afrontan, sus aspiraciones se ven otra vez truncadas, sus derechos perdidos no se recuperan y su estado de mal estar se incrementa. Desde el poder sigue habiendo espacio para la corrupción, aumentan las posibilidades de impunidad y merman las de pagar proporcionalmente por ello, aún de los que están sub judice, y de ahí su alegría. Queda margen para nuevos recortes y clase media que destruir o expulsar más allá del umbral de la pobreza. Queda sitio para más desigualdad y campo abierto para el precariado. El cambio solo está empezando y por tanto, querida, queda espacio, sitio y margen para una fuerte e inteligente oposición mientras no se alcanzan los cielos o precisamente para alcanzarlos a su tiempo.

Un beso.

Andrés

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