Desde Los Cantones

Martiño Noriega y don Xulio, alcaldes afines

04.07.2016 | 00:41
Martiño Noriega y don Xulio, alcaldes afines

Alos órganos oficiosos compostelanos vuelve a atragantárseles la capitalidad. En su gaudeamus monopolístico, tratan de constituirse en la "capitalidad de la alta velocidad ferroviaria". Después de la "ciudad bisetriz", "puerta" o "puente" de América y Europa, sus promotores no desmayan en su dinámica chusca. ¿Recuerdan el G-27, lobby en el que incluían al arzobispo y al comisario jefe de policía, o aquella exposición, Mu, homenaje simbólico a la vaca gallega? La imaginación parece tan corta cuán larga es su populachería discursiva. Lo grave es cuando tratan de erigirse en la conciencia regional, o los galleguistas, que también los hay entre estos cuzcos y zoilos, no dejan que (galleguistas) sean los demás. Aparcado queda, como tantas otras veces, el incombustible Beiras, como simple irmandiño. Para algunos, es un existencialista; para los paisanos, el poseedor de la brújula moral. El alcalde compostelano Martiño Noriega, de la misma cordada que el regidor coruñés D. Xulio, entiende esta militancia como un derecho a todo. Sucede, sin embargo, que la vida municipal tiene muchos recovecos, cuyos males no son siempre remediables. Después de un año en sus cargos, la oposición les ha obligado a cambiar el compás y la partitura, y no les queda otra que defender lo que no creen. El recurso a las anáforas, insistir en culpar a los antecesores, no les permite sacudir sus torpezas, con las que (nuestros alcaldes) dan la mejor versión de sí mismos. Martiño y D. Xulio suelen utilizar la estrategia del colimador, orientar la vista en una sola dirección; les falta la llamada de la flauta mágica, como hacían Valle Inclán, Ortega y García Lorca.

Otrosidigo

Después de que el euro se ha enseñoreado de nuestras vidas, Gran Bretaña nos ha puesto en un Brexit. La pertenencia a la UE ha evidenciado que el regionalismo no aflora en la mayoría de nuestras gentes, ni siquiera en lo políticamente correcto. Contemplando el comportamiento de algunos gobernantes, se llega a la conveniencia de valorar a los políticos no solo por lo que hacen sino por lo que esconden.

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