La feliz gobernación

Las demoscopias desbocadas

05.07.2016 | 00:42
Las demoscopias desbocadas

¿En que está trabajando usted? Le preguntaron al Sr. Keuner.

Este respondió: estoy preparando mi próximo error.

Historias del señor Keuner Bertold Brecht

Me permitirán que este folio no sea más que un refrito de recuerdos que vienen a cuento de lo que se está escuchando y leyendo después de las elecciones del día 26. Nadie se cansa de repetir que las victorias tienen cien padres y las derrotas son huérfanas; pero el caso es que tampoco, nadie, le pone el cascabel al gato. De cara a la galería, todo depende del color del cristal con que se mira y en la intimidad se rebuscan fórmulas estadísticas para culpar a los votantes por no haberlo hecho bien, ¡es que no han votado como les habíamos dicho! Por eso no tengo más remedio que compartir este breve poema, también de Bertold Brecht, titulado Solución, escrito en 1953, en la RDA cuando los obreros se ofuscan sin saber lo que les conviene, torpes ellos, y se ponen en huelga contra el alza de precios, el aumento de la jornada laboral, el bajo salario; intervino el ejército soviético y la Stasi, como en Hungría en 1956, Praga en 1968:

"Tras la sublevación del 17 de junio la secretaria de la Unión de Escritores hizo repartir folletos en el Stalinallee indicando que el pueblo había perdido la confianza del gobierno y podía ganarla de nuevo solamente con esfuerzos redoblados. ¿No sería más simple en ese caso para el gobierno disolver el pueblo y elegir otro?".

A veces Bertold Brecht está cargado de realismo, pero cuando se pone irónico y sarcástico es imparable, ¡es que era un pueblo que no estaba a la altura de las circunstancias! Así lo resumía, escapando del macarthysmo y llegando al estalinismo: "No me gusta el lugar de donde vengo/ no me gusta el lugar a donde voy". Dicen que ahí le llegó el infarto.

El señor de las alcachofas ha triunfado, poco, pero ha triunfado; a estas alturas sigue reposando en sus aposentos esperando cómo pasan los cadáveres de sus enemigos que se destripan ante las cámaras. Los suyos, digo, sus enemigos del fuego amigo, están en las trincheras agazapados y abochornados. Todos robaron, pero a algunos les luce y a otros les pringa. Una lástima, los lamentos en la taberna continuarán.

La oposición sigue con el cascabel, no se lo pondrá al gato, seguramente hará un arroz con él y empezará de nuevo, por enésima vez o quizá nos sorprenda con un ataque de responsabilidad. El emergente trata de salir del laberinto en el que metió a su gente y salvar los muebles que le quedan; el yerno preferido de muchas madres españolas se subasta sin pudor, le vale todo y como sea; de los nacionalistas mejor no hablamos, están bien cobijados, sin responsabilidades. Brecht no podría resumirlo mejor:

Las nuevas épocas no comienzan de pronto.

Mi abuelo vivía ya en la época nueva.

Mi nieto vivirá todavía en la antigua.

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