Shikamoo, construir en positivo

Educación, educación...

13.07.2016 | 00:33
Educación, educación...

Ando estos días ocupado, ilusionado y un poco desbordado con nuevos proyectos educativos. Ya les contaré, que aún es prematuro, pero lo cierto es que siempre me ha atraído sobremanera la posibilidad de poder influir, sumando esfuerzos a los de muchas otras personas, en el advenimiento de una sociedad mejor a través del trabajo en el mundo de la enseñanza. Un espacio que creo que no se valora lo suficiente en este país, y que adolece de algunos problemas estructurales que, a pesar de las sucesivas reformas, contrarreformas y reformas prometidas, siempre están ahí... Escribía hace unos días sobre las reválidas, y hoy no voy a contarles de forma extensa cuáles creo que son tales problemas, ni cómo plantearía yo sus soluciones, para contrastarlo con sus propias opiniones. Pero sí que voy a incidir en un aspecto que me parece diáfano, sobre el que ya he escrito en más de una ocasión, y que ha sido traído a colación últimamente a partir de las tesis del experto José Antonio Marina.

El caso es que soy de los que piensan, reitero, que la función docente no es para tomársela a broma. Mi magra y un tanto tangencial experiencia hasta ahora como profesor Asociado de Universidad -dos añitos más algunos flecos- o como profesor en el extinto COU -otro bienio-, así como de profesor durante años en un posgrado de la Universidade de Santiago me sirvió para dos cosas. Por una parte, para ver toda la potencialidad de un mundo muy plástico, que tiene la capacidad de producir cambios en ideas, prácticas, creencias y actitudes y de, yendo de lo micro a lo macro, edificar valores nuevos. Y, por otra, para quedarme con ganas de más. Ganas que durante años solo pudieron ser satisfechas de forma parcial, pero que ahora podrían concretarse para trabajar más y mejor en ello. A ver qué pasa.

Volviendo a los postulados del reputado señor Marina, me interesa muy especialmente de su propuesta la confluencia con una idea que a mí me parece nuclear. Y esa es, ni más ni menos, la reconversión de los centros educativos también en centros de formación del profesorado, a cargo de los diferentes departamentos de los mismos. Algo que no es nuevo en España, ya que da excelentes resultados en el ámbito de la formación especializada sanitaria superior, y que constituye un paradigma con el que se trabaja en otros países. Se trata, como digo, de cambiar tanto el acceso del profesorado a la función educativa como la gestión de su formación, hoy vía máster. ¿Por qué no hacer con los colegios e institutos como con los hospitales, que aparte de su labor asistencial tienen una importante labor docente en la formación de los nuevos especialistas?

La propuesta, sobre la que tuve oportunidad de charlar animadamente hace unos días, en un fantástico feedback de aportación y aprendizaje, con un comprometido y experimentado profesor de Biología en los pasillos de un instituto de Vigo, es establecer un sistema MIR -o PIR, QIR, FIR, BIR o RFIR, por ser exhaustivo- para el acceso a la función docente. Así, el hoy opositor a Enseñanza Secundaria tendría que pasar un examen nacional -como el MIR, reitero- tipo test y normalizado en todos los centros de examen. Superándolo, podría elegir alguna de las plazas de formación ofertadas por el sistema para la formación del nuevo profesorado. Y, a partir de aquí, se pondría en marcha un sistema de adquisición de competencias docentes, así como de evaluación de las mismas, de la misma manera que el futuro otorrinolaringólogo llega a un servicio de O.R.L con su licenciatura en Medicina y Cirugía y un MIR recién aprobado. El producto que se espera obtener del esfuerzo del equipo docente del centro educativo y del interesado, siempre que la evaluación de tal etapa sea positiva, es un nuevo especialista.

Y es que, en materia educativa, es importante resaltar las necesarias habilidades de comunicación de quien aspira no solo a enseñar, a transmitir conocimientos, sino fundamentalmente a motivar al alumnado. No me vale que la demostración de poseer un bagaje teórico sea lo nuclear en las pruebas de selección, sino que el profesor ha de demostrar, sobre todo, tener la capacidad de una verdadera épica para cambiar las cosas. ¿Cuáles? Pues las dificultades, los recelos, la acomodaticia indiferencia o las dudas reiteradas de muchos alumnos, así como el aburrimiento, la falta de motivación o los fallos en la base de otros. El profesor, bien mirado, es un gigantesco maletín de recursos para abordar cada una de las situaciones presentes en el aula, todas distintas, a las que ha de dar soluciones para, a la vez, hacer del día a día un verdadero pasaporte al futuro. Tiene que contar cosas, sí pero, sobre todo, potenciar lo bueno de cada uno.

Bueno... me despido. Pero antes les contaré que llevo puesto un polo, que alguien me regaló en algún lugar remoto en América, en el que está bordado un "7%". Ese es el porcentaje mínimo del presupuesto nacional de un país que se estima equilibrado y suficiente para abordar su retadora tarea de que no falte educación en sus generaciones futuras. Mirando ahora ese anagrama, recuerdo también episodios en que constaté la verdadera felicidad de muchos niños en África Subsahariana por poder llegar cada día, no sin dificultades, a sus raídas banquetas y abrir una inmaculada libreta llena de multiplicaciones y sueños... O tantas otras realidades donde se demuestra cada día que sí, que la educación rompe realmente el círculo de la pobreza...

Educación, educación y educación... O, lo que es lo mismo "sacar de dentro" lo que uno lleva... Es urgente que nadie se pierda en ese proceso...

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