El grito de la mayoría (silenciosa)

29.07.2016 | 00:53
El grito de la mayoría (silenciosa)

Estamos muy cerca de que España tenga de nuevo un Gobierno, o no, que diría el Rajoy más irónico en la Tribuna del Parlamento. Y es cierto, mientras los españoles queremos recuperar la estabilidad y despejar las incertidumbres hay todavía algunos políticos, de perfil bajo, que insisten en profundizar en el río revuelto para ganancia del Partido Popular. Todos saben que unas terceras elecciones acercarían a los populares a una mayoría absoluta alimentada más por errores de los adversarios que por aciertos del partido mayoritario. Es Rajoy, sin duda, quien mejor ha sabido administrar lo dicho en urnas por los ciudadanos. Él ganó las elecciones, las dos que llevamos, y supo renunciar a su investidura por que no la podía ganar, era matemáticamente imposible. En tal momento arreciaron contra el presidente las balas enemigas y algunas amigas que pedían su cabeza para desatascar la situación.

Era mentira. Los adversarios querían cobrarse la cabeza del presidente para debilitar al Partido Popular. Ya es curioso que todos pidan la salida del Rajoy habiendo ganado las elecciones y sin embargo ninguno de los perdedores haya tenido la talla política de hacer sus maletas. Lo curioso de la actual situación es que tanto Sánchez, como Iglesias, como Rivera amenacen a la ciudadanía con unas terceras elecciones cuando saben que el gran beneficiado sería el propio Rajoy. Él calla y los espera. Está demostrado que Rajoy sabe esperar y siendo la prudencia una gran cualidad en un político tengo la sensación de que el presidente, en la intimidad, escucha a esa gran mayoría silenciosa que le dice que de haber nuevos comicios le votarán hasta sus críticos más virulentos. Y es que estamos hartos. Los problemas que tenemos los españoles de a pie son el paro, la pobreza, la dificultad de sacar a nuestras familias adelante y queremos, más bien necesitamos, que alguien coja ese toro por los cuernos y nos permita recuperar un poco de fuerza e ilusión para enfrentarnos al futuro con otra predisposición. Y estos son los problemas para los que queremos solución. Frente a esto hay irresponsables políticos incapaces de acordar nada, ellos hablan de otros problemas, de la Guerra Civil, de la Memoria Histórica, de referéndums separatistas y de otras cuestiones que parecen preocupar mucho a minorías muy minoritarias pero muy ruidosas. Desde la benevolencia habrá quien diga que obran de buena fe aunque a lo mejor estén equivocados. No lo creo, ellos buscan lo que buscan y si para ello tienen que apoyarse en el desorden, el pancartismo y el ruido lo hacen a sabiendas de que el pueblo español ha dicho ya lo que quiere y lamentablemente, para ellos, no coinciden los intereses del pueblo con sus intereses particulares y partidistas. Aquellos que supieron sacar réditos del 15-M son los mismos a los que no les tembló la mano a la hora de cobrar sus sueldos y sus indemnizaciones brutales por el trabajo que no supieron hacer. La propuesta de Pablo Iglesias de reconstruir un frente popular contra la voluntad de la mayoría de los españoles es la mejor demostración de que el progresismo mal entendido no busca ni el progreso ni el crecimiento ni el bienestar de los españoles sino más bien el retroceso y abrir heridas más que viejas aunque ello suponga cargar, todavía más, la mochila de los ciudadanos de a pie. Rajoy podrá gustar a unos y disgustar a otros, pero el pueblo español ha dicho en las urnas que quieren que sea el presidente del próximo Gobierno. Corrigiendo errores, depurando la corrupción y mostrando sensibilidad tangible hacia los problemas de la agonizante clase media. Déjense de embarrar el país y pónganse a trabajar no vaya a ser que la mayoría silenciosa, tan poco escuchada, decida mandarles para su casa y se les acabe el chollo. Puede pasar, o ¡no!

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