Cartas a Laila

Es para intimidarnos

20.08.2016 | 01:12
Mariano Rajoy y Albert Rivera el pasado jueves antes de su reunión.

Por qué, querida Laila, se nos presentan como algo tan terrible unas terceras elecciones generales? Si, dadas las reglas del juego, no se logran mayorías suficientes para formar gobierno y nuestros representantes no pueden alcanzar acuerdos, sin traicionar gravemente las propuestas que nos hicieron en las elecciones, lo natural en democracia será que se vuelva a someter al juicio de los electores la situación creada. Es que eso es muy laborioso. ¿Y quien dijo que los ciudadanos no hemos de trabajar lo que sea preciso para mejor organizarnos y gobernarnos? Es que es caro. Pero, ¿es necesario o no? Porque, si es necesario, puede que sea costoso, pero nunca es caro. ¿O es que vamos a comprar de saldo una dictadura o una democracia simulada, como el finiquito de Bárcenas, porque estén tiradas de precio? El asunto está en el resultado que dan. Recuerdo querida que un día escuché a un ilustre académico explicar por qué se gastaba su pasta en una buena cama y en un buen colchón: "¡Oye, qué voy a estar ahí tirado un tercio de mi vida!".

Yo, querida, lo veo así: Para acabar con una dictadura, que murió en la cama, optamos por un modelo democrático muy cauteloso que propició otros cuarenta años de alternancia en el poder de dos partidos principales y algunos más secundarios que garantizaban, al mismo tiempo, un moderado pluralismo y una estabilidad del sistema. Esto salvó los muebles de las libertades y de la convivencia, pero sin lujos democráticos, lo que propició usos y costumbres políticos de baja intensidad democrática y muy limitada equidad, así como vicios y criterios espurios, como el del voto útil, por ejemplo, o caldos de cultivo propicios para la corrupción política y de la otra que llevaron al agotamiento del citado modelo. Estamos ahora en el crucial momento, que puede durar lo suyo, en que hemos de diseñar y asumir cambios estructurales que afectan a las propias reglas del juego democrático, como son la Constitución, leyes muy fundamentales e incluso diversas instituciones. La perentoria necesidad de estos cambios es un clamor y un lugar común, pero han de ser de tal envergadura que parece lógico que el asunto no se pueda cerrar con una única o un par de convocatorias electorales. Es más, las mismas leyes vigentes prevén ya que muchos de esos cambios precisen del refrendo de los ciudadanos en las urnas. El momento es además complejo y, puede, que necesariamente precise de su tiempo porque el modelo agotado se resiste a desaparecer y a dar paso a una nueva fórmula, debido fundamentalmente a los intereses creados a su alrededor, a la inquietud por la incertidumbre e incluso a cierta prevención y miedo; y el nuevo modelo se está conformando con esa lentitud propia de la gestación de una vida nueva. Es decir, lo viejo se resiste a morir y lo nuevo tarda en nacer, espero que para nacer bien. Y esto hemos de asumirlo, necesariamente, los ciudadanos y ciudadanas de este país con nuestra participación, nuestros debates y, cuando se precise, con nuestros votos. Por todo ello hacen muy mal esos dirigentes políticos, que suelen ser los morituri te salutant, cuando tratan de presentarnos unas elecciones democráticas como amenaza. Suelen decir que los ciudadanos estamos cansados y aburridos pero, observa , como son precisamente ellos los que más estimulan nuestra fatiga y nuestro tedio con sus actitudes de resistencia numantina a los cambios, su incapacidad para abordarlos y su recurso permanente al chantaje político, en el que Rajoy se ha mostrado como un consumado maestro, que quiere las elecciones para ver si llega a la mayoría suficiente, pero dice no quererlas. Querida ya lo ves: Mienten y chantajean para intimidarnos.

Un beso.

Andrés

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