Shikamoo, construir en positivo

El foco y el enfoque

31.08.2016 | 00:42
El foco y el enfoque

Los compañeros físicos, optometristas o licenciados en Óptica, bien saben qué es un foco, por ejemplo cuando hablamos de una lente. Desde la pespectiva de la Óptica Geométrica, el foco es el punto donde convergen los rayos de luz que se originan desde un punto en el objeto que observamos. La Real Academia Española, ya en un contexto más general, nos dice que el foco es, entre otras cosas, "el lugar real o imaginario en el que está como reconcentrado algo con toda su fuerza y eficacia, y desde el cual se ejerce influencia". Y en Lingüística, el foco es "el segmento semántico del enunciado al que se otorga mayor relieve informativo". El foco, como ven, es siempre algo nuclear del asunto, sea el que sea, que relumbra o brilla más.

De foco vienen focal, focalizar, enfocar y otras tantas palabras emparentadas en tal familia léxica. La focal es la distancia al foco desde el centro de la lente formadora de imagen, y enfocar es variar la configuración de nuestro dispositivo para que la imagen del objetivo, por definición en el foco, se produzca exactamente en el plano donde tradicionalmente se situaba la película y donde hoy se procesa electrónicamente la misma para obtenerla. El foco es algo importante. Y en la vida es factor clave de éxito saber focalizar y estar enfocados.

Echándole un vistazo a nuestro panorama público, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el hecho político está en todos los focos. Es más, ¿existe mucho más en ellos fuera de la política? Ayer y hoy se procede a una nueva investidura de un candidato a la Presidencia del Gobierno y, simultáneamente, las precampañas gallega y vasca han irrumpido en escena de forma clara. Más y más focos, en un eterno suma y sigue que no cesa jamás, y que eclipsa a casi todo lo demás.

Decir esto no quita que me parezca importante el momento, sí. Y que crea sinceramente que la acción política se merezca cierto foco, también. Pero, honestamente, creo que no tanto. Lo político ha de asegurar que vivimos en un país donde podamos desarrollarnos en lo individual y lo colectivo, pero sin ser lo nuclear ni lo focal. Sin ser la madre de todas las batallas o el perejil de todas las salsas... Soy de los que piensan, y de ello va este artículo, que lo político ha de ser, por definición, algo accesorio. Y que es precisamente lo social, lo económico y lo conceptual lo que debería estar en todos los focos. Lo demás, bien llevado y sin demasiadas estridencias, ha de ser puro sostén, y no un enredo descomunal que se retroalimenta a sí mismo, y que consume casi todos los minutos de información, y que seca los tinteros en todas las redacciones...

Quizá ese sea el principal problema de España. ¿Cuál? Que los políticos, lo político, los partidos y sus cuitas han adquirido unos niveles de protagonismo verdaderamente desbordantes y deslumbrantes. Parecen no existir la investigación, la actividad industrial, la actividad intelectual o las propuestas e inquietudes sociales, sin aparecer como presuntos facilitadores uno o más políticos. Y eso no es verdad. La sociedad es mucho más que una actividad política que es necesaria, pero contenida y circunscrita a su contexto. Y eso parece que no lo vemos, en una realidad saturada de política de partido. Supongo que tal situación es la natural respuesta a cuarenta años de oscuridad, donde la política no existía fuera del grupo dominante.

Hoy nos hemos salido de foco, y hemos creado una industria de lo político verdaderamente exagerada, en detrimento de lo técnico, también en la Administración. Y la carga para el erario público de todo tipo de cámaras, organismos, consejos y otros foros políticos es verdaderamente descomunal. Todos gastando y pocos produciendo en el sentido más estricto de la palabra. Y donde las ineficiencias, los solapamientos y los costes de oportunidad son enormes.

Pongamos un caso, que intenta reflejar lo verdaderamente desenfocada que está la política de la realidad. Tenemos trescientos cincuenta diputadas y diputados, que hoy serán especiales protagonistas. Si nada sale diferente a lo previsto, cada uno votará lo que su partido le dicta, dejando nulo espacio para la iniciativa personal. Y yo me pregunto... ¿para qué entonces 350 sueldos, teléfonos, ordenadores, asistentes, dietas y toda la panoplia de ventajas económicas y sociales que les damos a cada uno de ellos? Porque, miren, si se trata de que cada partido tenga una fuerza proporcional a los avales conseguidos en las urnas, podrían bien reunirse sólo los portavoces, votando de forma ponderada, con el mismo resultado. Si la praxis fuese como la de otros países -pongamos por caso la de los Estados Unidos de América- donde cada congresista responde fundamentalmente a las necesidades, las peticiones y las sensibilidades de sus votantes, muy por encima de los intereses de su partido, sí que apostaría por todos los y las representantes que hiciesen falta. Pero así...

Inevitablemente, ellos seguirán en todos los focos. Cual estrellas del pop o ídolos del fútbol -que esa es otra- serán vilipendiados y amados, odiados y queridos. Y a todos nos venderán que, gracias a ellos bajará el paro o subirán las pensiones. Craso error. El paro, de forma mucho más compleja, baja cuando la actividad económica de la empresa y los actores económicos aumenta. Y, muchas veces, la mejor intervención es tener un marco regulatorio justo, estable y duradero -no como el que nos proporcionan con frecuencia los políticos-, e intervenir lo justo, fuera de las "ideas geniales" de quien sólo piensa en términos estratégicos de propaganda. Y, sobre todo, fuera de foco...

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