Cartas a Laila

Cuestión de ritmo

17.09.2016 | 00:48
La senadora y exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá, tras conocerse la aprobación de Las Cortes para que deje su escaño en la Cámara Alta.
La senadora y exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá, tras conocerse la aprobación de Las Cortes para que deje su escaño en la Cámara Alta.

Seguro, querida Laila, que el actual desfile de modelos de la mentira y de la corrupción, que discurre estos día por las pasarelas mediáticas y de la red, no va a acabar todavía con la mayoría de los responsables políticos del latrocinio y de la engañifa. Está certificada y bien documentada la autenticidad del desmadre por la bendita hemeroteca, que nos libra de la desmemoria, pero la corrupción y la mentira pueden no tener, en la proporción que tantos desearían, efectos saludables en los resultados electorales. Es decir, que muchos cacos pueden irse, política y electoralmente, de rositas o no bien castigados. Mienten tanto y mienten tantos, que se banaliza la mentira. Se corrompen tanto y roban tantos, que se banalizan la corrupción y el latrocinio. Y todo ello se publica y desmenuza tanto, que se trivializa la información hasta casi perder la característica fundamental de noticia que, como bien sabes, es lo novedoso y no común de un suceso. Como sigamos así, querida, la noticia va a ser encontrar diez justos en esta Sodoma sumida en la orgía de la corrupción. Esta impunidad política, real o aparente, de los que mienten como hablan y roban a mansalva, desmoraliza a la ciudadanía y, lo que es peor, la encanalla porque así como, sabido es, que la violencia engendra violencia, así también la corrupción política, si llega a pudrir el sistema y las instituciones, encanalla y envilece a la ciudadanía. Por eso la corrupción y la mentira no son solo un problema ético o moral de carácter personal o individual, sino sobre todo un grave problema político y social de ámbito colectivo. Por otra parte, extender la idea o la especie, como creo que se está haciendo, de que la corrupción y la mentira están generalizadas o, más aún, no se pueden erradicar por ser inherentes y consustanciales a la condición humana, ayuda mucho a la impunidad política del mentiroso y del corrupto y a que el ciudadano elector desista de castigar con su voto a la ristra de chorizos que nos gobiernan o han gobernado. Por eso, cada vez que los líderes corrompidos son elegidos en las urnas se sienten absueltos y así lo manifiestan descaradamente. "¿Corrupto y ladrón? Puede, pero me han vuelto a votar". Y se te ríen en la cara como escupiéndote.

Con este panorama comprendo, querida, tu desazón pero también pienso que en muy pocos meses las cosas han cambiado mucho. Tanto, que la indignación del país ha incapacitado, durante prácticamente un año, a los dos grandes partidos, responsables de lo sucedido, para formar un gobierno como los de antes y aquí no ha pasado nada. Hay quien ve en esto un dañino estancamiento, pero yo veo más bien un complejo proceso político, saludable, para un cambio de modelo, que se está gestando y llevando a cabo con la prudencia, el cuidado y el modo democrático precisos para no vaciar el agua sucia de la bañera con el niño dentro. Te digo que el desfile de esta Santa Compaña de corruptos con el culo al aire, del calibre político de Matas, Rato, Chaves, Pujol, Soria, Griñán, Barberá y un largo etc., contendrá y reprimirá a muchos actuales o futuros mandarines porque verán como transit gloria mundi, y aunque, por desgracia, todavía no llegue a disuadirlos, algo es algo y por ahí se empieza. Por otra parte, lo que el mal llamado estancamiento revela es que los ciudadanos han castigado y castigan. Y esto es muy importante para seguir tirando por el sumidero tanta agua sucia como todavía queda.

El mensaje de que nada se hizo y nada se puede hacer es mentira y, como tal mentira viene de los corruptos. La verdad es que ya se hizo bastante, que se puede seguir haciendo y que se hará. Es, querida, una cuestión de ritmo que, como sabes, combina el movimiento con el tiempo.

Un beso.

Andrés

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