Editorial

Urge un sistema de aterrizaje que evite los desvíos en Alvedro

02.10.2016 | 01:51

La fuga de pasajeros en Alvedro por la carencia de un sistema de ayudas al aterrizaje que evite los desvíos de vuelos por mal tiempo se está convirtiendo en un agujero negro. Solo durante la jornada del pasado martes, se escaparon por esa rendija unos 1.500. Esa sangría de usuarios del aeropuerto coruñés acumula ya en lo que va de año el desvío de 160 vuelos y unos 19.000 pasajeros que, además de descontarse de la estadística de Alvedro, engorda la de Lavacolla, que es adonde, salvo contadas excepciones van a parar los vuelos que no pueden operar en A Coruña.

Los vuelos programados hasta las 22.30 horas del martes pasado, según el colectivo Vuela Más Alto, podrían haber operado sin sobresaltos si las condiciones del aeropuerto fuesen diferentes; si estuviesen cortados, por ejemplo, los árboles que están en las inmediaciones de la cabecera 21 y que, por la altura, obligan a los pilotos a frustrar sus aterrizajes en condiciones de poca visibilidad. Resulta increíble que no se resuelva al menos este hándicap, que solo requiere de una solución tan sencilla y barata como cortarlos.

Las adversas condiciones meteorológicas son las principales causas de los desvíos.

Si bien el aeródromo cuenta en la cabecera 21, la más cercana a la ría, con un sistema de navegación llamado ILS para ayudar a los pilotos a tomar tierra en situaciones de visibilidad reducida, carece de ayudas a la aproximación en la 03.

La inoperatividad por mal tiempo afecta doblemente al aeropuerto, ya que cuando una aeronave no puede tomar tierra en A Coruña se frustra también la salida del avión hacia otro destino. Este riesgo coloca a Alvedro en una posición complicada a la hora de negociar nuevas rutas. La incertidumbre que genera a los pasajeros no saber si acabarán aterrizando en A Coruña en días de mal tiempo es por otra parte uno de los mayores hándicaps para el aeropuerto, según reiteradas valoraciones del mundo empresarial. Lo que realmente sale caro es que te desvíen de aeropuerto, argumentan.

El agujero que los desvíos por mal tiempo ocasionan a las perspectivas del tráfico áereo en A Coruña hizo saltar las alarmas ya este pasado invierno, precisamente cuando Alvedro celebraba haber recuperado en diciembre de 2015 el listón del millón de pasajeros, que había perdido en los últimos años. Las optimistas expectativas de crecimiento pronto se tornaron en frustración cuando el aeropuerto coruñés comenzó a acumular reiterados desvíos de vuelos por los sucesivos temporales que azotaron la ciudad en los primeros meses del año.

Alvedro rompió en las estadísticas de febrero su racha de cinco meses consecutivos de aumento de tráfico. De no haberse producido esos desvíos por la falta de un sistema de navegación efectivo para hacer frente a las fuertes rachas de viento y la niebla, el tráfico en la terminal coruñesa habría aumentado un 6%. Los otros dos aeropuertos gallegos aumentaron pasajeros, vuelos y mercancías.

Durante el segundo mes del año, al no sufrir estos inconvenientes, el aeródromo compostelano de Lavacolla se vio especialmente beneficiado por los desvíos de Alvedro.

Este revés ha reavivado las demandas del comité de empresa de Alvedro por la instalación de ayudas a la navegación más eficientes en el aeropuerto. El problema está en parte relacionado con el procedimiento seguido para la ampliación, que provocó que el objetivo de aumentar 400 metros la pista de aterrizaje se recortase en 150 por medidas de seguridad.

El mismo conflicto se planteó en el aeropuerto de Asturias, donde la presión del Ejecutivo autonómico, que planteó un recurso en la Audiencia Nacional, logró que AENA rectificase y se decantase por otra alternativa que permitió mantener la longitud máxima de la pista de aterrizaje sin conculcar las medidas de seguridad. La solución finalmente aceptada por AENA en Asturias resulta notablemente más cara que la aplicada en Alvedro. El coste del nuevo proyecto para que el aeropuerto asturiano cumpla las exigencias de seguridad sin tener que acortar la longitud de su pista es el triple del presupuesto estimado para el plan inicialmente previsto. En Alvedro se optó por una alternativa más barata y rápida, hay que recordar que se terminó la ampliación a tiempo para las elecciones municipales de 2015, aunque con la consiguiente reducción de metros de la pista.

El agravio comparativo con el aeródromo asturiano motivó ya en la pasada legislatura municipal un enfrentamiento en la corporación. El PSOE reclamó al Ejecutivo del PP y a la Xunta una solución que no menguara la longitud de la pista de Alvedro, en línea con lo que reclamaba el Gobierno asturiano. El equipo del anterior alcalde, Carlos Negreira, lo tachó entonces de irresponsable por desoír los informes de AENA sobre seguridad y aludió a la tragedia de Angrois. Informes que la propia AENA acabaría sin embargo por desoír en Asturias.

La pasada primavera, tras la alarma desatada por los miles de pasajeros desviados por el mal tiempo en Alvedro, la entidad Enaire, gestor de la navegación aérea en España, propuso un sistema de aterrizaje alternativo para el aeropuerto coruñés. Se trataría de facilitar la maniobra de acercamiento a la pista y aterrizaje en base a unas coordenadas que las compañías aéreas pudiesen incorporar en su plan de vuelo, de modo que los pilotos realicen siempre esta operación de la misma manera y tomando los mismos puntos de referencia. Este sistema precisa la realización de unos vuelos de prueba y la posterior aprobación de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), anunciados en abril pero de los que nada se sabe todavía.

Alvedro demostró el año pasado su potencial al retornar al millón de pasajeros, un listón que lo coloca entre las principales terminales aéreas del país. La pérdida de miles de pasajeros estos días pasados, mucho antes de que lleguen las tempestades invernales, indica sin embargo que las expectativas de Alvedro, que confía en mantener el millón de pasajeros recuperado el 2015, corren serio peligro si no se actúa con la urgencia que requiere el problema.

No es de recibo que A Coruña, el área metropolitana que alberga el principal motor económico y empresarial de Galicia, vea comprometido el futuro de su aeropuerto por carecer de un sistema de ayuda al aterrizaje adecuado a sus condiciones climatológicas y orográficas.

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