Shikamoo, construir en positivo

'Todas las Colombias'

05.10.2016 | 01:00
'Todas las Colombias'

Déjenme que hoy tome prestado el título de la novela homónima del historiador Bartolomé Benassar para titular este artículo, en lo que quiere ser una reflexión somera y personal sobre lo que me sugiere la realidad hoy en Colombia. Ya saben la historia: una cruenta guerra de más de cinco décadas, un -al comienzo frágil- diálogo para avanzar en unas negociaciones de paz que han durado cuatro años, un hipotético final feliz como resultado de todas esas conversaciones y, finalmente, un jarro de agua fría. ¿Por qué? Pues por la no ratificación por parte del pueblo colombiano de los acuerdos entre su Gobierno y la guerrilla de las FARC.

Hay muchos frentes argumentales abiertos a partir del curso tomado por los acontecimientos. El primero, un análisis sosegado de si ciertas decisiones demasiado trascendentales -Brexit, esta no ratificación, el tema de Hungría y la cuota de refugiados impuesta por la UE- pueden ser decididas en plebiscito por mayoría simple o si, por el contrario, se precisa una mayor cualificación en términos numéricos cuando se pregunta por algo tan definitivo. Quizá en estos casos, precisamente por lo que comentaré a continuación, hiciese falta un peso mayor de sufragios a favor del cuerpo electoral para cambiar el rumbo de los acontecimientos...

Y es que el segundo elemento que comentaré es el actual poder de la comunicación -al margen de la información- para poder, literalmente, cambiar la Historia casi en fracciones de segundo. Una buena campaña en redes sociales, ante un público desinformado -en cualquier país, en Colombia o aquí- y cuatro eslóganes que puedan ser ciertos o no, pero que sean machaconamente repetidos por determinados iconos de la sociedad, independientemente de su preparación o conexión con el tema en cuestión, puede tener mucho más impacto que el más sesudo análisis que se puedan imaginar. Y hay quien sabe esto y obtiene tajada de ello, en términos de que se arrime el ascua a su sardina. No cabe duda de que antes la información llegaba con cuentagotas y ahora a chorro, pero la calidad y la congruencia de todo lo que se nos ofrece es dispar. Y para esa labor de dilucidar qué es bueno y qué es parcial o, incluso, intoxica, hay que tener mucho más que rudimentos del tema del que hablamos...

El tercero, y que es algo muy vigente en España por las cuestiones territoriales, está relacionado con quién, en términos de contexto geográfico, debe ser llamado a las urnas para decidir sobre un determinado tema. Sin cuestionar la absoluta legitimidad de que en la consulta de Colombia haya sido convocado todo su censo, esto ha introducido un sesgo claro en el resultado de la misma. Y es que, fíjense, aunque el leit motiv de los partidarios del No haya sido la presunta impunidad que introducía el acuerdo de paz, a pesar del grave daño que las FARC habían infligido a la sociedad colombiana, ha sido en las zonas más castigadas por la guerrilla donde más se ha querido hacer borrón y cuenta nueva, apostando por el Sí. ¿No es esto un poco contradictorio?

Más cosas... Mi cuarto punto de análisis es que, al margen de lo que los analistas opinen en el mundo entero, y de todas las ideas que se viertan sobre el particular, algo está claro. Y esto es que la paz en Colombia no puede tener vuelta atrás. Lo dicen, después del fiasco en torno a la ratificación del acuerdo, el Gobierno y también la guerrilla, y tal cuestión no parece correr peligro a día de hoy. Colombia, y muy especialmente ciertas zonas y grupos humanos, ha sufrido mucho por este conflicto enquistado, que se ha llevado por delante 260.000 vidas. No puede ser que el terror se reedite.

El quinto elemento que tomaré en consideración tiene que ver con una posible reacción al acuerdo a partir del boato y el autobombo oficial generado a partir del fin de las negociaciones, de forma previa a la celebración del referéndum para que el pueblo -el único legitimado- validase en última instancia tal resultado. Un Gobierno pletórico dio por hecho el SÍ, y una oposición férrea por parte de los partidarios del no, se empeñó en lo contrario, jugando con la baza de quien rema a contracorriente. Si a eso sumamos la posibilidad de que hayan existido ciertos personalismos en todo ello -Santos recogió los frutos propios, pero también los de dos presidentes anteriores-, creo que también debe ser tenido en cuenta...

Con todo, ya ven, algo complejo. Por suerte, solo un quebranto en un camino que no significa hoy un retroceso en términos de violencia, pero que habrá que seguir abordando para llegar a una solución definitiva. Es cierto que el balance del conflicto es brutal y que los "trabajos a la comunidad" recogidos como pena en los casi trescientos folios del acuerdo parecen soslayar absolutamente el Código Penal vigente en ese país. Es verdad, y ante eso parece que se ha rebelado una parte de colombianas y colombianos. Pero también es cierto que, si lo que se quiere es avanzar, en Economía es harto sabido que los costes del pasado son costes irrecuperables en términos de decisiones futuras. Si seguimos mirando hacia adelante pensando en todas las deudas que tenemos que cobrar, quizá estemos ante un peligroso punto muerto. No digo que haya que limpiar el expediente de quien ha matado, sin más, pero quizá la excepcionalidad del momento dé margen para ciertas holguras... Porque si no, será difícil avanzar.

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