La sucesión en la empresa familiar

10.10.2016 | 00:38

El envejecimiento de la población en España, entre otras muchas implicaciones, afecta a las empresas en la sucesión en su dirección. Si este problema es acuciante en España, en Galicia lo es mucho más, pues el proceso de envejecimiento es más intenso y rápido.

Una de las características del empresario es la visión de futuro, mirada hacia el horizonte, para anticiparse a los hechos e, incluso, predecirlos; otra, su propósito de que la obra creada le sobreviva, es decir, asegurar la continuidad.

Sin embargo, es muy frecuente que una fuerte personalidad y la total dedicación a la empresa, le hagan olvidarse de su retirada y no dan a los posibles candidatos a sucederle, ni la formación, ni el espacio, ni la confianza necesarias que permitan garantizar una sucesión fructífera.

El protocolo de sucesión es una herramienta adecuada para afrontar la continuidad con garantías de éxito. Su contenido puede ser muy diverso: creación de un consejo de sucesión que controle el proceso, medidas encaminadas a la formación teórica y práctica del o los posibles candidatos. Previsiones de modificación de los estatutos de la o las sociedades pertenecientes al grupo, en aspectos como órgano de administración, contenido de los derechos del usufructuario de acciones o participaciones; cláusulas restrictivas para la transmisión de participaciones de la empresa; condiciones para la adquisición de participaciones propias por parte de la sociedad.

También deben ser objeto de inclusión en el protocolo previsiones sobre el régimen económico de su matrimonio. Obviamente, aspectos fundamentales a tener en cuenta son las previsiones testamentarias del empresario en cuanto al usufructo del cónyuge, distribución de la herencia de forma coherente en relación al sucesor o sucesores posibles, previsiones sobre transmisiones posteriores, por ejemplo.

Sin embargo, lo más importante será tomar conciencia de la conveniencia de organizar con tiempo la sucesión y elegir el momento más oportuno, desde las perspectivas personal, familiar y empresarial.

Naturalmente hay quien piensa después de mí el diluvio o, sencillamente, no piensa.

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