28 de octubre de 2016
Desde Los Cantones

Riqueza arbórea y floral de los parques coruñeses

28.10.2016 | 01:16
Riqueza arbórea y floral de los parques coruñeses

La Coruña cuenta con parques y jardines que, por su armoniosa proporción con el perímetro urbano, cumplen la función de auténticos pulmones de la ciudad. Su riqueza arbórea es excepcional como lo demuestra su variedad que va desde el drago a la palmera, del tejo a la catalpa, del plátano a la araucaria o del sauce a la yuca, además de la tuya y el maerocarpa. En la actualidad, nuestros parques y jardines registran un llamativo deterioro, fruto del abandono, de la proliferación de chiringuitos y del destructivo botellón. Pasear por la Rosaleda y Méndez Núñez era la mejor terapia para calmar los nervios y disfrutar de la alegría de los pequeños que, en tiempo bonancible, animan la hermosura arborescente. Los árboles constituyen el más estimado mobiliario de una ciudad. Respetarlos y conocerlos representa una de las más elevadas demostraciones de civismo. Los árboles, por su voluntad de belleza, por su libre ordenación, configuran una simbología legendaria y definidora. Sus fragancias se mezclan, en nuestros parques, con las de las flores, cuya riqueza refleja el espíritu local especialmente dotado para seleccionar, cuidar y expresar artísticamente el sentido decorativo que los distingue. La Coruña cuenta en sus espacios verdes con ejemplares únicos para admirar y enseñar. Tenemos una de las mejores colecciones de magnolias del mundo y entre los árboles autóctonos, el pino -ródeno, bravo y piñonero- que da testimonio de la galleguidad de los coruñeses. Si el roble es símbolo de firmeza, el helecho lo es del sosiego, y el ciprés lo es de la honradez y severidad. De las flores, nuestra camelia simboliza la amistad y avala la abovedada hospitalidad coruñesa.

Otrosidigo

La Marea Atlántica no debe suprimir la airosa pajarera que distingue al Parque de Oza y ocuparse del gran Parque de Eirís de 287.948 metros cuadrados, en el olvido, en el que hay previsto espacios cubiertos para ser utilizados todo el año, zonas de bosque, sendas peatonales, un carril de bicicletas de 950 metros de longitud, que podía conectarse con el carril-bici de Casablanca-Los Castros y con el Parque de San Diego (hoy de Oza). Entre otras mejoras, la actual calle del Oleoducto que sería transformada en un espléndido bulevar.

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