Shikamoo, construir en positivo

El segundo problema de los españoles

07.06.2017 | 01:03
El segundo problema de los españoles

Tengan buen día! Si las cosas vienen bien dadas hoy, disfrútenlo. Y, si no es así, traten de quedarse con lo mejor de la jornada, y de convertir los problemas en una oportunidad de aprendizaje, en la medida de lo posible. De ver la botella medio llena, en vez de medio vacía. Al fin y al cabo, mucho de lo que nos angustia está en función de cómo lo veamos. Y, sin dejar de lado que hay cuestiones que, en sí, son problemáticas o hasta verdaderamente dramáticas, otras las hacemos nosotros más importantes de lo que son, simplemente, por nuestra forma de verlas.

Pero sí, hay cosas que son malas de por sí, y esas están ahí en todos los momentos de la vida, tanto en lo que atañe a la esfera individual como a la colectiva. Cuestiones que, en lo de todos, deslucen nuestros logros colectivos y lastiman nuestra convivencia. Hoy, en que se ha conocido el barómetro del CIS de mayo, les propongo hablar sobre alguno de los temas que, precisamente, nos preocupan como conjunto.

El Centro de Investigaciones Sociológicas ha sido contundente a la hora de explicar cuáles son esas cuestiones que nos quitan el sueño. La primera y subiendo, el desempleo, con un 71,4% de los encuestados. Una realidad que sigue estando muy presente en nuestro día a día, a pesar de que los indicadores macroeconómicos nos son hoy mucho más favorables que en los terribles años de la reciente crisis. Pero inmediatamente después, un 54,3% de los encuestados hablan de la corrupción y el fraude, habiéndose disparado tal percepción desde la encuesta de abril, en la que se referenciaba que un 42% de las respuestas iban en tal sentido. A partir de ahí, los problemas económicos, con algo más de un 21% y la política, en general, superando un 18%, son los temas estrella. Ya ven cómo está el patio.

De todo lo antedicho, me he quedado con el gran peso de la corrupción y el fraude, con impacto creciente -como ven- en esta cita con el CIS. Una gran losa para el normal desarrollo democrático, que ha vuelto recientemente a la palestra con nuevos casos que, si se confirman y se dan los hechos por probados en toda su magnitud, son verdaderamente execrables. Un expolio continuado de lo de todos que, en ningún caso, se puede permitir. Una ignominia y un atentado contra cualquier forma de virtud. Una vergüenza, vamos. La corrupción, pues, segundo problema percibido por la población española en este barómetro del CIS de mayo, que hay que atajar y apartar definitivamente de nuestra realidad.

Pero es tarea que no es fácil ni inmediata. Y en la que entiendo que hay dos grandes elementos para luchar contra la misma. El primero, evidentemente, el que está dando sus frutos, y que tiene que ver con la capacidad de detección, investigación y acción contra los focos de la misma. Pero no menos importante es, a largo plazo, un segundo campo, que tiene que ver con el advenimiento de una sociedad mejor. Hablo de la educación, del desarrollo de una conciencia cívica y con el refuerzo de valores ligados a la importancia de cuidar lo de todos, avanzar en rendición de cuentas y mejorar cada uno de nosotros como forma de lograr mayores cotas de transparencia y limpieza en nuestra sociedad. La educación, así, vuelve a revelarse como uno de los grandes revulsivos del estado actual de las cosas, como palanca para dejar un mundo mejor a las personas que vengan detrás.

Todo ello redundará en una mejor sociedad, y una menor prevalencia del fraude. Esto y, también, la mejora de los elementos de control o de las políticas activas para que sea mucho más difícil meter la mano en la caja o desarrollar conductas inapropiadas. Pero sin un cambio conceptual en lo personal, que huya de ciertas querencias o fomente determinadas actitudes precorruptas, va a ser difícil.

Miren, me mojaré... Estando en lo público, me mandaron una vez tres botellas de vino. No supe quien fue, pero ordené inmediatamente su devolución. El argumento, doble. No he probado jamás el alcohol y, el día que lo haga, me lo pagaré yo mismo. No necesito dádivas de ese estilo, ni tampoco palmeros que esperen tajada o lisonjas o atenciones por parte de contratistas con la Administración pública. Mi coche tiene 573.000 km y lo mantendré mientras no se rompa, y no espero ver vehículos nuevos no pagados por mí en mi garaje. Y mis familiares en paro siguieron en tal estado cuando yo cesé, a pesar de haber podido cambiar tal situación con un simple gesto. La única obra pública de la que fui responsable rebajó su coste a algo más de novecientos mil euros del millón doscientos mil presupuestados. Y de las contratas de servicios, le di los buenos días y acompañé a la puerta a algún director general de alguna compañía por preguntar si tenía a alguien de mano que necesitase trabajo. No es que esta sea la fórmula contra el fraude, pero seguramente tal planteamiento ayuda. ¿O no? Porque, por lo que parece, hay perfiles que, por sus querencias, sus intereses y su forma de comportarse, parecen abocados a dos cosas... La primera, a entrar en política y en la gestión de lo de todos... Y, la segunda, a querer cada día más... Y, así, no.

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