La feliz gobernación

No molan las fronteras ni las naciones

12.09.2017 | 00:53
No molan las fronteras ni las naciones

La nación es un sistema de egoísmo organizado. La idea de nación es uno de los medios soporíferos más eficaces que ha inventado el hombre. Bajo la influencia de sus efluvios, puede un pueblo ejecutar un programa sistemático del egoísmo más craso, sin percatarse en lo más mínimo de su depravación moral. (Rabindranath Tagore)

Hasta hace unos días pensaba que nuestra misión fundamental era arreglar los problemas de Venezuela, por activa o por pasiva; aunque los venezolanos, todos, no se dejaran ser gobernados por, no sé, por nosotros, por nuestros jefes; en fin, qué más da, ya no se gasta tanta tinta metiendo las narices allí; pero tanta Venezuela acabó por recordarme a Cela y su obra La catira (1955), un encargo pintoresco del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez, pagado a peso de oro, que acabó en fiasco, despellejado a ambos lados del charco. Cela salía de su casticismo chocarrero, infantil, vanidoso y cursi de la posguerra, antes de ingresar en la RAE (1957), un Cela claramente desarrollista.

Su objetivo es la invención venezolana de la etnia llanera y La catira fue una superchería dialectal que no soporta la comparación con Doña Bárbara, del presidente Rómulo Gallegos derrocado por el mecenas de Cela. La catira chocó con un nacionalismo rampante indigenista, con el Canto General de Neruda y con el cóctel criollo y paternalista en Venezuela, la República Dominicana de Trujillo o en la Cuba de Batista.

La dictadura de Pérez Jiménez trataba de promover la imagen de Venezuela en el extranjero, en la España de Franco, de los canarios y gallegos; con ella trata de que se inicie la epopeya fundacional de Venezuela, la novela del Nuevo Ideal Nacional, con el foco en el liderazgo de Pipía (Primitiva) Sánchez, conocida como la catira, rubia, blanca, de mucho carácter, con amor a la tierra y su riqueza, a los valores llaneros y conservadores, el culto al pasado, la lealtad al jefe, el arrojo personal, el machismo y la fuerza. La catira está al servicio del poder del nacionalismo perezjimenista, ya entonces bolivariano, y del viejo concepto de la Hispanidad neoimperialista de Franco, que poco coinciden y lógicamente chocan.

Que conste que no quería hablar de lo que pasa por aquí; pero veo que se quiere presentar el nacionalismo como algo natural, todos tienen patria, sin autonomía de pensamiento, sin el derecho a no creer, básico para la convivencia en libertad, yendo al choque de nacionalismos, sin diálogo, negociación o compromiso, que nos transforma en imbéciles, leves o graves, forofos o aficionados al degüello; sin ciencia, el nacionalismo atonta incluso a los que presumen de origen carolingio, no estaría mal recordar a Rosa Luxemburgo (1908) cuando afirmaba que: "En la sociedad no existe la nación como entidad socio-política homogénea, sino que en cada nación hay clases sociales con intereses antagónicos".

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