Shikamoo, construir en positivo

Desgarro

30.09.2017 | 01:33
Desgarro

Hoy no he podido dormir. Y no ha sido por algo parecido a estrés o a una mala digestión. Nadie hacía ruido, y la noche era plácida. Pero de mi cabeza no salía una imagen, o un conjunto de ellas, una situación límite, y todo el dolor asociado a una realidad a la que difícilmente se puede describir con palabras. Si les cuento esto, sobre todo, es por hacer un poco de terapia y así, quizá, intentar pasar hoy mejor noche. Aunque soy consciente de que hay personas, lejos pero las hay, que seguramente no puedan conciliar el sueño en mucho tiempo...

Miren, todo esto viene a cuento por el llamado ya "doble crimen de Susqueda". Ya saben, el luctuoso final de solo unos chicos, Paula y Marc, para los que unas vacaciones en esa zona de Girona se convirtieron en algo horroroso. Ahora, después de conocer el horrible desenlace de sus cortas vidas, podemos asegurarlo. Bien que lo siento.

No sé si es porque conozco muy bien el pueblo donde la prensa dice que Paula vivía -Cabrils, una villa gastronómica bonita y con recursos en la que tengo amigos y que visito con frecuencia, situada en el Maresme- me he fijado en la información sobre este caso desde que saltó a los medios de comunicación. Y, verdaderamente, me llena de pavor el panorama en el que el mismo ha devenido. No hay palabras.

Ahora solo queda esperar a que los investigadores puedan aferrarse a algo, por sutil que sea, y que permita que semejante barbaridad no quede en ese terreno tan duro de asumir que es el de la impunidad. Porque, independientemente de que a las víctimas nadie pueda devolverlas a la vida, cuando una tragedia de estas características queda en el limbo de su no esclarecimiento, todos volvemos a sufrir y a perder.

Sé que las autoridades competentes en la materia a veces se molestan cuando alguien insinúa que existe un cierto nivel de impunidad en este país. Pero lo cierto es, que sin ánimo de generar más temor del que pueda ser razonable, o ni siquiera una crítica, es evidente que alguien particular, o muy enfermo o muy salvaje, anda suelto desde hace tiempo. Alguien singular o algunas personas, pero alguien. Y es que no puedo dejar de pensar aquí en otros crímenes no esclarecidos, que siguen nublando nuestra tranquilidad. Uno muy cerca de nosotros, en Lavandeira de Riba (Cabanas), sin que se haya sabido nada nunca más, seguramente por una posible aleatoriedad en la elección de la víctima. Y otros, incluso algunos todavía no confirmados y mucho más mediáticos también acaecidos en Galicia, que siguen alterando el equilibrio emocional de las familias afectadas.

Con todo, escribo estas líneas no para hablar de investigaciones o resultados, que no es mi campo, y confiando en la acción policial y judicial. Escribo, simplemente, para hablar de desgarro. Supongo que no les arreglará nada a las familias de los jóvenes atacados, pero estoy seguro que somos muchas las personas que estos días andamos taciturnas y un tanto desnortadas, precisamente por esto. El sentimiento es, efectivamente, de desgarro. Y es que no hay derecho. No hay derecho a que esto se haya producido, y tampoco a no ser sensible ante situaciones como esta. Menuda barbaridad, desde cualquier punto de vista. Cuando alguien es capaz de llegar a tal tipo de acción, ha traspasado ya todas las barreras. No hay palabras para calificarle, independientemente de cualquier otra consideración.

No es consuelo, claro que no, pero ojalá un buen trabajo lleve a que quien ha hecho lo que ha hecho tenga que rendir cuentas ante la sociedad. Tanto en el caso de estos chicos a los que han destruido, como en aquellos que hace tiempo que han sucedido, y ante los que tampoco hay hoy respuestas.

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