La feliz gobernación

La obsolescencia es el cajón de los tristes

10.10.2017 | 02:08
La obsolescencia es el cajón de los tristes

En recuerdo de Marta Mata

Cuando me documentaba, sin ser muy feliz, cayó en mis manos un ejemplar de la obra de Edgar Faure, Aprender a ser (1972); aquello me venía grande hace más de cuarenta años. El autor, presidente de la Unesco, recopilaba los datos más relevantes de escolarización y distribución de los recursos destinados a la enseñanza a nivel mundial y sentaba las bases para lo que debería ser la práctica educativa en lo sucesivo, tanto en función del desarrollo económico y social, como en función del crecimiento personal del individuo. Lógicamente, en aquel momento, para mí era ilegible hasta el propio título. ¿Cómo se puede aprender a ser leyendo un libro? Tardé en saber que el autor hablaba de un modelo, alternativo a la educación tradicional, basado en "aprender a aprender" por culpa de la obsolescencia de los conocimientos.

Pasaron años hasta que llegó el informe Delors, La educación encierra un tesoro (1989) cuando ya las TIC llamaban a la puerta, a la que el cartero nunca llama dos veces, obligando a tener esquemas movibles aplicables a situaciones contingentes, ese era el objetivo y era allí donde el quehacer educativo se enfrentaba a una realidad para buscar nuevos saberes, el pensamiento crítico y el respeto a la diversidad que dejaban obsoletas a las viejas instituciones.

Unos por otros la casa sin barrer. Irina Bokova (2015) presenta Replantear la Educación. ¿Hacia un bien común mundial? Frente a la obsolescencia proclamada medio siglo antes, patéticamente, muchos responsables se empeñan en remar contra esa denominada "nueva educación", ¿quizá todos los gobiernos eran conscientes de que la educación es un arma de construcción masiva de libertad individual y colectiva que no querían poner en manos de la ciudadanía?

A lo peor es cierto que se ha usado mal el recurso en cuestión y que ni la burocracia administrativa ni los idearios sectarios han tenido en cuenta a Faure o Delors, pese a que gozan de buena salud las evidencias que todos los expertos reclamaban preguntándose si era posible desarrollar una educación integral para la persona (ser y saber) que preparase para el futuro.

Entonces crear ya era la clave del nuevo aprender, la obligación era alejarnos del reduccionismo pedagógico que suponía dedicar los tiempos y los esfuerzos en dominar técnicas o adquirir información, algo que -ya entonces- se veía venir como ineficaz, al comprender que los alumnos podían hacerlo por sí mismos. Lo aprendíamos de Cataluña del movimiento Rosa Sensat que promovía la socialista catalana Marta Mata, gracias a ella leíamos algo en catalán, descubríamos a Freinet y el movimiento cooperativo; pero poco después la realidad nos descubrió tristes y obsoletos. Lástima que el sectarismo y burocracia lo malograsen.

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