Desde Los Cantones

Chile, entre la metáfora y las urnas

15.12.2017 | 01:11
Chile, entre la metáfora y las urnas

Chile celebra el domingo 17 la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, a la que han llegado el expresidente Sebastián Piñera, con el 36% de los votos; Alejandro Guillier, socialdemócrata, con el 22%; y Beatriz Sánchez del izquierdista Frente Amplio, con el 20 por ciento. Chile, unos de los países mejor organizados de Iberoamérica, ha demostrado de nuevo la madurez de su sociedad y su compromiso con la democracia, confirmando que es posible otra región diferente a la de los Castro, Maduro y Evo Morales. Parece haber seguido el consejo del eximio venezolano Uslar Pietri: "Huir de los caudillos con ejército propio". Acaba su segundo mandato la presidenta Verónica Michelle Bachelet que, en esta etapa, su programa socioeconómico, cuyo eje ha sido la subida de impuestos, la reaparición de la tez del carisma indigenista y el recelo de que EEUU hurgue en sus políticas, no pudo evitar cierta proclividad al populismo que ni la invocación a la ternura de los desposeídos ha resuelto los problemas. De 27.000 pobladores de "campamentos" (chabolistas), en 2012, se ha pasado a más de 40.000 en la actualidad, el analfabetismo supera el 10 por ciento de la media nacional y es reconocido Chile como uno de los países de la OCDE de mayor índice de desigualdad. Chile, el país mayor productor de cobre, el de los ríos más cortos y torrentosos que le permiten sostener una importante industria metalúrgica, el país de la alpaca y del lapislázuli, hablará el domingo en las urnas. Esperamos y deseamos que el pueblo sepa responder.

Otrosí digo

Hablar de Chile es recordar a sus premios Nobel de Literatura, Neruda y Gabriela Mistral. Neruda, epicúreo, apasionado de los erizos, guarda en su casa de Isla Negra un auténtico museo marino. Entre sus piezas, destaca el unicornio del narval -gigantesco cetáceo- cuyo diente canino, rectilíneo, mide 3 metros y termina en un arrollamiento espiral. Gabriela Mistral, cuya obra no oculta su raigambre erótica, a veces sublimada de una religiosidad panteísta.

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