Cientos de jóvenes, entre ellos menores de edad, recorren la noche de los jueves y los fines de semana las calles de la Ciudad Vieja y Pescadería cargados de bolsas de plástico con bebidas haciendo la ruta del botellón. Las concentraciones nocturnas para beber en grupos en la vía pública no son una práctica tan novedosa en la ciudad, ya que desde hace al menos una década se han producido numerosas denuncias vecinales por el ruido y los destrozos causados por este nuevo fenómeno social, sin que el Ayuntamiento de A Coruña se haya propuesto en serio actuar contra el mismo. Sólo después de la ya cada vez mayor irritación de los residentes en las zonas más afectadas, de los destrozos causados durante los dos últimos fines de semana, los ruidos, gritos y actos vandálicos y los residuos generados durante estas concentraciones -los servicios municipales de limpieza llegan a recoger sólo en la plaza de Azcárraga más de diez contenedores de basura tras una noche de botellón- el nuevo Gobierno local anunció un plan de choque, cuya puesta en marcha resultó un auténtico fracaso.
La ineficacia, inoperatividad e improvisación de las medidas anunciadas en ese plan de choque, sobre todo con una mayor presencia policial en la plaza de Azcárraga en los momentos menos adecuados, cuando se produce ya de madrugada la mayor concentración de jóvenes, causó el efecto contrario: más gritos, abucheos y lanzamiento de vasos a los agentes.
Pese a la cada vez mayor alarma social
el alcalde de A Coruña, Javier Losada, se niega a aprobar una normativa para prohibir el consumo de alcohol en la calle
-"prohibir no es la solución por lo mítico de lo prohibido", ha explicado-, mantiene que el botellón es una nueva forma de convivencia, niega cualquier vinculación con el alcoholismo, y apela para erradicarlo a la educación y a la responsabilidad de los padres, a quienes ahora el Concello plantea hacer responsables subsidiarios de los destrozos causados por sus hijos.
Sin embargo, da la sensación, y así lo constatan los vecinos de las zonas afectadas por el botellón, de que al Gobierno local el problema se le ha ido de las manos. Por eso han decidido convocar una cacerolada y colocar un crespón negro en los balcones en protesta ante la incompetencia del Concello. Sin poder descansar por las noches por el ruido, y con restos de vómitos y orina, el mobiliario urbano destrozado y cristales rotos al salir de sus casas por la mañana sería peligroso que los vecinos agotaran su paciencia y hartos e indignados ante la complacencia del Ayuntamiento con los jóvenes del botellón decidieran constituir brigadas ciudadanas para disolver e impedir debajo de sus casas las concentraciones nocturnas para beber en la calle. El presidente de la Federación Vecinal de A Coruña ya ha advertido de que los ánimos están "muy caldeados".
Según datos como los del último informe de la Consellería de Sanidade, que revela que la mitad de los menores consumen alcohol al menos una vez todos los meses y que un 12% lo hace de forma habitual, así como los más de 200 casos anuales de comas etílicos que tratan los servicios de urgencias, el botellón no es una práctica como para tratarla con la frivolidad que muestra el comentario de esta misma semana de un miembro del Gobierno local, quien declaró que si los jóvenes beben en la calle es porque "buscan lugares bonitos y agradables".
Aunque es necesaria la colaboración de los padres, educadores y de la propia Administración para ofrecer alternativas de ocio a los jóvenes, responsables y compatibles con el derecho al descanso nocturno, y una labor de prevención para evitar el consumo de alcohol abusivo, el Gobierno local debe garantizar de inmediato una constante y amplia presencia policial en las zonas más afectadas por el botellón y aplicar sanciones y multas severas, ya recogidas en la propia normativa municipal para quien perturbe al vecindario por las noches con gritos, cánticos o ruidos.