Los hay que dijeron que la cosa iba de farol, que lo único que se pretendía era presionar al bipartito, pero que el proyecto no iba en serio, que nunca pasaría del papel a la realidad porque, dada su envergadura, no era viable. Se oyeron muchas cosas cuando Pescanova anunció que construiría en la costa portuguesa la mayor granja de cría de rodaballo del mundo, la que no pudo ubicar en cabo Touriñán. Con patatas fritas se deben estar comiendo ya sus argumentos quienes sostenían que no había que ceder en el pulso con una multinacional que tenía mucho perder y poco que ganar desviando sus inversiones fuera de Galicia.
Pues bien, cuando aún resuena los ecos del discurso triunfalista de Touriño en el congreso nacional de acuicultura en Vigo ("seguiremos siendo líderes mundiales en este sector gracias a nuestro plan acuícola"), el primer ministro portugués, su correligionario José Sócrates, acompañado de varios ministros, ponía la primera piedra de una macropiscifactoría que creará 200 puestos de trabajo directos y unos 600 indirectos, con una inversión de 140 millones de euros. Toda una fiesta para celebrar un hito en el desarrollo de una comarca un tanto deprimida que recibe la iniciativa de Pescanova como una bendición del cielo, como la había acogido en A Costa da Morte.
Mira, en las proximidades de Coimbra, es un paraje natural privilegiado. La granja marina se emplaza en una zona dunar, que en algo recuerda a nuestro Corrubedo y que está incluida en la Red Natura 2000, como Touriñán. Sólo que en este caso las autoridades portuguesas no se anduvieron con remilgos e hicieron oídos sordos a las protestas de un movimiento ecologista que, a lo que se ve, no tiene ni la envergadura y la capacidad de influencia que demuestran cada día las organizaciones ambientalistas gallegas. Porque es evidente que en Galicia, de un tiempo a esta parte, el ecologismo está que se sale, gracias a la "chance" que le ha dado la Xunta del cambio, la misma a la que combate en mil y un frentes, agitando las aguas de la protesta ciudadana con argumentos que las más de las veces la ciencia no avala.
Alguien tan poco sospechoso como el biólogo Uxío Labarta, ex diputado socialista, experto en acuicultura de prestigio internacional, advierte que veintitantos años después de la construcción de las primeras plantas, no está demostrado que las piscifactorías contaminen nuestro litoral. Y que la única reserva natural de pesca creada en Galicia, la de Os Miñortos, está situada en el punto de vertido de la principal granja de rodaballo de este país. Que les pregunten a los marineros de Lira, que lo tienen muy claro. Su concepto de pesca sostenible se basa en sapiencia y experiencia, no en meras teorías o en falacias que no se tiene en pie.
Pues claro que el bipartito tenía todo el derecho a paralizar, por una decisión política, el plan de piscifactorías del gobierno Fraga y a echar a Pescanova de Touriñán. Galicia puede renunciar a su explotar su potencial acuícola por defender su paisaje, faltaría más. Otra cosa es si debe.
FERNANDOMACIAS@TERRA.ES