Hace unos días se conmemoró el 29 aniversario de la Constitución monárquica de 1978, y mañana se cumplirán 76 años desde que fue aprobada la Constitución republicana de 1931.
Ambas representan dos proyectos de convivencia democrática, sin parangón con ninguna otra de las que históricamente han regido la vida de la sociedad española.
Quiero destacar dos aspectos diferenciales entre ambos modelos de Estado, atendiendo por un lado a la autoridad de quien emanan los poderes públicos, y por otro al grado de su autonomía o independencia.
En la de 1931 se definía a España como una república democrática, en tanto la actual señala que España se constituye en un Estado cuya forma política es la monarquía parlamentaria. Lo destacable en este caso es sobre quién recae el protagonismo, que en una radica en el pueblo y en la otra, en el rey. La primera encarna la soberanía popular, y la segunda, por muy simbólica que se quiera, representa a una persona.
Otro aspecto a distinguir es el grado de independencia del Estado respecto de intervenciones ajenas. La constitución republicana establecía el estado laico, mientras la vigente se define como un estado aconfesional influido por las confesiones religiosas.
La importancia de tales diferencias no es baladí pues va más allá de lo semántico. Por coherencia democrática, el Rey queda relegado a mero símbolo, sin más poder que el abstracto de arbitrar o moderar. No se le pueden conceder prerrogativas, pues dejaría de ser irresponsable, pero tampoco se le quiere reducir a un ente ficticio sin personalidad, pues carecería de sentido tal figura.
Y en cuanto al nivel de autonomía del Estado aconfesional frente al laico, no hay más que repasar los últimos 29 años, y comprobar que casi todos los episodios de confrontación que hemos padecido, vienen de la mano de la injerencia ilegítima de la Iglesia Católica en los asuntos del Estado, al que pretende suplantar en aquellas materias que define como dogmas de su fe.
En esas y otras cuestiones deberíamos volver al texto constitucional del 9 de diciembre de 1931 en el que fue sancionada la constitución republicana.
Carlos Etcheverría preside el
Ateneo Republicano de Galicia