..En el fondo de la ría de Avilés, y sobre los terrenos que ocupaba la desaparecida factoría siderúrgica de Ensidesa, se va a construir un espectacular centro cultural diseñado por el famoso arquitecto Óscar Niemeyer (el creador de Brasilia), que regaló ese proyecto a la Fundación Principado de Asturias, después de recibir uno de los premios que distribuye esa entidad. El Gobierno asturiano se brindó a financiar la obra, y tras un inicial periodo polémico sobre la conveniencia de llevarla o no adelante, su coste final, su utilidad práctica y posibles contenidos (más o menos lo mismo que ocurre con la Ciudad de la Cultura compostelana), los trabajos de construcción comenzarán en los primeros meses del próximo año, previéndose su finalización para 2010. A tal efecto, uno de estos días se reunirán en la ciudad asturiana representantes de otros centros que hemos dado en llamar "singulares" o "emblemáticos", como la Ópera de Sydney, el Pompidou de París, el Foro de Tokio, la Biblioteca de Alejandría, el Lincoln Center de Nueva York, el Barbican de Londres y el Centro de Hong Kong. En las páginas de un importante periódico se define al conjunto proyectado por Niemeyer como el "eje de una insólita alianza cultural mundial" y a los reunidos como "el G-8 de la cultura". La expresión no parece muy afortunada. El G-8 es la forma abreviada con que se designa al grupo de los ocho países más ricos del mundo y la palabra "eje" tiene unas connotaciones históricas desagradables. Riqueza y poder no son sinónimos de cultura, y el hecho cultural, en sí mismo, tampoco tiene por qué girar sobre la línea trazada por lo que el autor del reportaje llama el "exclusivo club mundial" de la cultura patrocinada; o del simulacro cultural para consumo de masas, como diría el desaparecido Baudrillard. Un club -leo en el periódico- capaz de atraer al año a más de veinte millones de personas. Desconozco qué parte alícuota de esa masa que acude a contemplar la cultura envasada en espectaculares formatos arquitectónicos se dará una vuelta por Avilés, pero hay que desconfiar tanto de las planificaciones hechas en forma de factorías culturales como de las industriales. La siderurgia de Ensidesa se creó en el año 1950, en pleno periodo autárquico de la dictadura franquista, para unir las potencialidades del carbón y el acero desde el sector público. Su instalación, y la de otras industrias, atrajo a una gran masa obrera y transformó Avilés triplicando la población de lo que era hasta entonces una pequeña y hermosa ciudad que vivía de la pesca, de la agricultura, de la ganadería y del comercio. En ese proceso de cambio brutal la comarca se convirtió en una de las zonas más contaminadas de Europa y aún quedan secuelas de aquel tiempo, de dureza terrible. Pero Ensidesa ya ha desaparecido y la gran mayoría de los miles de trabajadores de su plantilla son hoy pensionistas. No me atrevería a pronosticar si el centro cultural de Niemeyer va a producir un nivel de empleo parecido, aunque el autor del reportaje asegura que podrá rivalizar con el Guggenheim de Bilbao en la complicada tarea de atraer a la cultura al "público adolescente", que es, al parecer, el gran objetivo que se persigue. Más chucherías.