Cuando se invierten los precios, se invierten los valores. Se queja el taxista de que su hija, la universitaria, trabaja en una empresa multinacional, ronda los treinta, sigue en casa, no acaba de ennoviar y en vez de ahorrar para una vivienda se lo gasta en viajes. Él a su edad no había hecho más viaje que el de la mili, pero ya tenía hipoteca. La inversión de los precios no puede con la inversión de sus valores aunque reconoce que hoy se vuela por cuatro duros -da destinos y precios que ha disfrutado su hija universitaria-, mientras que la entrada del piso se ha quedado fuera de las posibilidades de ahorro de la chica y la mensualidad de la hipoteca le supera el salario.
A ver en qué gastamos el dinero dentro de unos años si se sigue esta línea por la que lo que era lujo tiende al bajo coste y lo que era primera necesidad propende al lujo. Se vuela barato -y en algunos destinos cuanto más lejos más barato- pero se come caro. Baja el avión, sube el pan. A nadie se le ha ocurrido todavía comercializar las patatas, la leche, el pan y el maíz de bajo coste mientras crece la oferta de cruceros baratos y algún avispado ya anuncia alta cocina a bajo precio y otras cuadraturas circulares.
Al tiempo, la torta ya no está al alcance de los más pobres campesinos mexicanos porque el maíz se utiliza para combustible y se le está poniendo precio de petróleo. "Sin maíz no hay país", rimaba, por escrito pero con su fonética americana, un campesino.
Podremos llegar a ver cómo en los centros de las ciudades y en los centros comerciales abren pesjoyería cuando los percebes encarecidos alcancen a las alhajas de bajo coste. Llegará a darse la duda de festejar un aniversario de boda con un diamante -que es para siempre- o con unos percebes que no se hayan probado nunca.
Lo que sucede en nuestra sociedad sucede en el mundo a otra escala. La India ha creado su propio coche barato con el que quiere popularizar la automoción mientras los estadounidenses están en busca del café de bajo coste desde que en julio pasado Starbucks lo subió un 2,5%. McDonalds ha metido los cafés y tés azucarados en 800 de sus establecimientos y Dunkin añade el café a sus donuts.
Los países en desarrollo están rompiendo las reglas de los medicamentos establecidas por las industrias del Primer Mundo y aquí se vive con el gran escándalo de los apóstoles del mercado pero el 85% de la humanidad no puede pagar como un antibiótico, un antiparasitario o un antipirético. Al tiempo, por aquí vamos hacia la medicina recreativa para personas con buena salud, al precio que sea.