Ahora que los aspirantes a gobernar prometen dinero, empleos, casas baratas, más samba y menos trabajo, empieza a echarse de menos en España a un candidato como el portugués Manuel João Vieira, que años atrás batalló sin éxito por la presidencia de Portugal.
Ni los 400 euros de Zapatero, ni los dos millones de puestos de trabajo de Rajoy. Mucho más próximo a las verdaderas necesidades de la gente, Vieira ofrecía en su rompedor programa electoral "un Ferrari y una bailarina rusa" para cada portugués y "un bailarín cubano" a cada portuguesa, que años después complementó con la promesa de "100.000 euros en cada cuenta bancaria". A esas medidas de choque agregaba el candidato otras dos igualmente populares como la abolición de los impuestos y la supresión de las señales de tráfico, que tanto estorban a los conductores y tan onerosamente gravan el presupuesto de la nación.
La prolija oferta electoral de Vieira incluía también "el descubrimiento de un tesoro" que el candidato se comprometía a repartir equitativamente -de ser elegido- entre la población de Portugal. Y, por si todo lo antedicho fuese poco, su programa incluía a mayores una profunda reestructuración administrativa del Estado con la creación de varios nuevos departamentos tales que el Ministerio del Aguardiente y el Café; el de Pesca y Mujeres, y el de Prostitución y Bosques.
A diferencia de los candidatos españoles de ahora, que no explican de dónde van a sacar los cuartos para pagar todas las maravillas prometidas a sus votantes, el portugués Vieira se preocupó de buscar vías de financiación para su ambicioso programa. Imaginativo y audaz, el aspirante a la presidencia planeaba la venta de la ciudad de Oporto a Inglaterra o, alternativamente, la de todo Portugal para allegar los fondos necesarios.
Vieira ejerce en la vida civil la profesión de cantante, circunstancia de lo más ventajosa para desenvolverse en el gremio de la política. Aunque no indispensable, ciertamente. Prueba de ello es que sus colegas españoles son igualmente capaces de dar el cante con sus promesas pese a desempeñar profesiones mucho menos canoras.
La principal diferencia entre uno y otros es que, a pesar de lo razonable de algunas de sus propuestas, Vieira presentó su candidatura en clave de broma. Por el contrario, los actuales candidatos a la presidencia del Gobierno español formulan con toda seriedad sus promesas, aunque algunas de ellas sean tan o más hilarantes que las del portugués.
De hecho, Vieira ya se había adelantado en el 2000 a algunas de las propuestas que ahora presentan como novedosas algunos de los candidatos españoles. Si Rajoy, por ejemplo, promete no ejercer la presidencia durante más de dos legislaturas, Vieira fue más lejos al asegurar que dimitiría inmediatamente en caso de resultar elegido. Y, por supuesto, los 400 euros de Zapatero no resisten la más mínima comparación con los 100.000 que el político -y cantante- portugués prometía depositar en la cuenta corriente de cada uno de sus hipotéticos electores.
"Otros hacen, yo prometo", decía el sincero lema de la campaña de Vieira que acaso debiera servir de inspiración a muchos de sus colegas de todo el mundo. Infelizmente, las enojosas trabas burocráticas impidieron a este revolucionario de la política concurrir a las elecciones, pese a haber reunido los varios miles de firmas necesarias para avalar su candidatura. La quisquillosa Junta Electoral rehusó aceptarlas bajo el pretexto de que todas ellas correspondían a una misma persona, que según rumores tal vez infundados era el propio Vieira.
Imitadores más bien torpes del vieirismo, los candidatos a gobernar España lanzan ahora una campaña de rebajas electorales que, por uno de esos raros guiños del azar, coincide con la liquidación de fin de temporada en los comercios. Quizá debieran considerar la idea de traerse a Vieira como asesor.
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