EUGENIO COBAS | A CORUÑA
El estadio José Zorrilla, conocido popularmente como el campo de las pulmonías, arde cada vez que el Deportivo lo visita. La mecha lleva encendida veinte años. La prendió un árbitro aragonés, Emilio Soriano Aladrén, cuando el 14 de junio de 1989 privó al equipo coruñés de disputar la final de la Copa del Rey. Su polémica actuación en el encuentro de vuelta de la semifinal contra el Valladolid, que se decidió en la prórroga con un gol de Peña en claro fuera de juego, abrió una era de fogosa rivalidad que tendrá su próximo capítulo el próximo domingo.
Zorrilla se le atraganta tradicionalmente al Dépor, que sólo salió de allí triunfante en dos de sus veinticuatro visitas ligueras en Primera. Más tintes dramáticos se encuentran en los precedentes coperos. Además del robo de 1989, también hubo polémica en 2002 y en 2007. En el año del Centenariazo el equipo entonces dirigido por Javier Irureta desperdició su ventaja de la ida (2-0), pero un discutido penalti sobre Pandiani en la prórroga, transformado por Diego Tristán, le permitió acceder a semifinales. Fue un partido bronco y duro, como suelen ser los Valladolid-Dépor. El futuro campeón acabó con nueve jugadores por las expulsiones de Romero y Pandiani. Antes vieran allí la roja Armando (1996-97) y Flavio Conceiçao (1999-2000). "Que no me interprete mal la gente de Valladolid, pero no es un campo muy agradable", apunta Romero. El jerezano conserva bien fresco el recuerdo de aquella noche copera en Zorrilla, que tuvo un final agónico, aunque feliz: "Jugamos mal, el público apretó mucho y vimos peligrar la eliminatoria. Lo pasamos mal en aquel campo. No nos salió nada, pero al final pasamos y acabamos ganando la Copa".
En febrero de 2007, de nuevo en la Copa, le tocó a Coloccini irse al vestuario antes de tiempo por orden esta vez del colegiado madrileño Rubinos Pérez, quien lo mandó a la caseta por una presunta agresión que nadie más que él vio. La eliminatoria venía calentita desde el encuentro de ida en Riazor. No por el resultado, 4-1 para el Dépor, sino porque Antonio Barragán -ahora en el Valladolid- tuvo la mala suerte de lesionar a Óscar Sánchez. Con ese pretexto la afición de Zorrilla, y también los jugadores pucelanos, se le echaron encima en el partido de vuelta. Fue un acoso y derribo sobre el andaluz, objetivo no sólo de los silbidos del público sino también de las patadas y los codazos de los rivales.
Del campo al hospital
Lo pasó mal Barragán, aunque su sufrimiento no fue comparable al de Ramón en aquella semifinal de 1989. El lateral blanquiazul, que meses después ficharía por el Valladolid, empezó aquel encuentro de titular y acabó siguiendo su desenlace desde el hospital, con la oreja pegada al transistor en compañía del doctor Barbeito. Sólo aguantó sobre el césped diecisiete minutos, los que tardó Patri en desgarrarle el gemelo. "Fue una entrada tremenda, con los tacos por delante. Me tuvieron que coser veinticinco puntos", relata Ramón. La pierna le dolió tanto como la eliminación, que dejó al Dépor sin su primera final de Copa y sin la clasificación automática para la Recopa de Europa. El castigo a Patri, cinco jornadas de sanción, no supuso un consuelo para Ramón.
Nunca olvidará la sensación de impotencia que lo invadió en aquella habitación de hospital: "Imagínate, lesionado encima de una camilla, sin poder ayudar y eliminado de la Copa". Por la radio se enteró del polémico desenlace de aquel encuentro. El Dépor de Arsenio Iglesias aguantó con la portería a cero casi hasta el final del tiempo reglamentario, pero a siete minutos de la conclusión Albis igualó la eliminatoria anotando el 1-0. En la prórroga Peña hizo el 2-0 en fuera de juego, enterrando las ilusiones coruñesas de jugar por primera vez en Europa. "Soriano Aladrén era un árbitro cualificado, de los mejores, pero aquello se le fue de las manos. Nos hicieron entradas tremendas, a mí, a Fran y a otros compañeros. Hubo varias decisiones muy polémicas", sostiene Ramón. Sólo unos meses después fichó por el Valladolid. Allí se lesionó de gravedad durante un entrenamiento, en un lance fortuito con su compañero César Gómez, y con 27 años tuvo que dejar el fútbol.
Dos décadas después de aquel episodio, el Dépor se prepara para cambiar su suerte en Zorrilla. "Se nos da fatal -reconoce el capitán Manuel Pablo-. Tenemos que ir preparados para ver si podemos romper esa racha negativa. Es un rival correoso, de mucha presión, y contra nosotros allí parece que siempre le sale el partido del año. Nos tienen cogida la medida y nos acaban pasando por encima".