NACHO AZPARREN | OVIEDO
Pocas transformaciones se recuerdan en la historia de la Liga como la sufrida por el Deportivo en los últimos 19 años, el tiempo que se ha mantenido en Primera y en el que han llegado los únicos títulos de la historia del club: una liga, dos Copas del Rey y tres Supercopas de España. Y la nota común en todas estas exitosas temporadas es la presencia de al menos un jugador asturiano en su plantilla.
El último ascenso a Primera se produjo en la temporada 90-91. Ahí comienza la tradición asturiana, con Joaquín Villa como parte importante en aquel éxito deportivista. "La afición se volvió loca con el ascenso. Su comportamiento fue espectacular, aunque supongo que si no hubiéramos subido nos hubieran colgado", recuerda Joaquín Villa con humor. Tras asentarse en Primera, en la temporada 92-93, dos brasileños desembarcan en A Coruña con hambre de títulos: Mauro Silva y Bebeto. "Su llegada hay que agradecérsela a Lendoiro, porque tenían ofertas importantes de equipos europeos. Lo que más sorprendió fue su humildad. A pesar de llegar como estrellas brasileñas, los dos mostraron una sencillez pasmosa que facilitó su adaptación a nuestro vestuario", relata Villa.
Sólo con grandes jugadores no se construía un equipo, así que la figura del entrenador, Arsenio Iglesias, cobró una especial importancia, como reconoce Villa: "Al principio nos costó un poco entenderlo. Quería controlar todo: que no bebiéramos ni una cerveza, que no comiéramos demasiado, que saliéramos a pasear los días de partido aunque nevara? quería ser nuestro abuelo, padre y madre a la vez. Pero es el entrenador con el que más he aprendido en mi vida".
La salida de Villa del Deportivo coincide con la llegada de Javier Manjarín y el despegue del Superdépor. El gijonés llegó a A Coruña en el año 93 y fue testigo del esplendor y ocaso de un equipo que llamó la atención de todo un país. La liga perdida con el famoso penalti de Djukic y la victoria en la Copa del Rey del 95, con gol de Manjarín, son los momentos de gloria.
Pero, con la salida de Arsenio Iglesias, el Superdépor se había ido apagando y Lendoiro tenía que pasar página. Para tal cometido el presidente confía en 1998 los mandos de la nave coruñesa a Jabo Irureta, ex entrenador del Oviedo, y al año siguiente llegan a A Coruña los asturianos César y Manel. Juntos consiguen eliminar el fantasma de la liga perdida. "Aquel título significó un alivio para todos. No sólo nos proclamamos mejor equipo de España sino que, en cierto modo, reivindicamos el título perdido años antes", sostiene Irureta. El éxito de su equipo tuvo su colofón al año siguiente con la consecución de la Copa del Rey en el Santiago Bernabeu. Irureta recuerda que las circunstancias que rodeaban a aquella final "dota a la victoria de un simbolismo especial. Si tuviera que elegir creo que me quedaría con aquella Copa antes que la Liga".
Con la salida del vasco Caparrós completó un periodo de transición, con la presencia aún en el plantel de César y Pablo Amo, formado en Mareo. Ahora, con Lotina como preparador, un amplio contingente de jugadores asturianos integra la plantilla deportivista. El guardameta Manu, el interior Pablo Álvarez y el delantero Adrián López sitúan en estos momentos al Deportivo en posiciones europeas, codeándose con la elite de la liga muchos años después. El equipo coruñés quiere volver a la senda del los triunfos cosechados por Arsenio e Irureta. El Sporting será su siguiente parada en esta incesante búsqueda del éxito.