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EUGENIO COBAS | A CORUÑA en una acción de estrategia a balón parado. Fue la noche del fútbol con mayúsculas, porque el espectáculo, dentro y fuera del campo, fue sobresaliente. El equipo coruñés tomó ventaja de 1-0, como ante el Málaga, el Villarreal y el Sevilla, pero esta vez no fue capaz de mantener su portería imbatida. Y eso que pudo sentenciar antes de que Diego Castro anotara el definitivo 1-1. Al final, un punto resulta un premio menor para el conjunto de Lotina. El Sporting empujó y fue valiente, como de costumbre, pero si alguien mereció el triunfo, ése fue el Dépor. El árbitro, primero, y los postes, después, privaron de una recompensa mayor al cuadro blanquiazul, que anoche se encontró con casi todos los elementos en su contra.
Venía de caer goleado en Valladolid y de ganar sin brillantez al Murcia en la Copa. Necesitaba una victoria para afianzar su candidatura a Europa. Más que eso, necesitaba ganar ofreciendo una buena imagen. Todo pasaba por mejorar el juego y, sobre todo, la cara desangelada que mostró ocho días antes en Zorrilla. Lotina quería intensidad y, sobre todo, mucho fútbol entre líneas. Por eso apostó de inicio por Lassad para acompañar a Riki en ataque. El madrileño salió al campo especialmente enchufado y prácticamente en el primer minuto fue derribado por Juan Pablo dentro del área. Pérez Burrull no vio penalti y dejó seguir el juego. Debió dejar al Sporting con diez jugadores y señalar pena máxima, pero pasó por alto una acción que pudo cambiar por completo la decoración del encuentro.
El partido tuvo de todo: tensión, ocasiones y ritmo, mucho ritmo. Así es como juega el Sporting. No sabe hacerlo de otra manera. Lo suyo es robar la pelota y mirar de inmediato a la portería contraria. Es una apuesta valiente, igual que la del Dépor, que siempre trata de llevar la iniciativa cuando actúa como local. Le cuesta bastante generar ocasiones, pero ayer dispuso de las mejores para inaugurar el marcador. Abrió el campo en busca de verticalidad. Por ejemplo, la de Filipe, que en el minuto diez culminó una gran jugada personal combinando con Juan Rodríguez, que a punto estuvo de marcar. Su disparo, a bocajarro, salió lamiendo el poste.
Apretaba mucho el Dépor, que dos minutos después dispuso de otra oportunidad clara, esta vez por mediación de Lassad. Manuel Pablo le metió un balón en profundidad al más puro estilo Valerón, y el tunecino se plantó solo ante Juan Pablo, pero remató trompicado y el balón se marchó muy alto. El Sporting se sacudió el dominio con un tiro lejano de De las Cuevas, el mejor de los asturianos sobre el terreno de juego. Por algo el Dépor se fijó en él y quiso incorporarlo el pasado verano. El equipo visitante movía el balón con criterio cada vez que lo robaba, pero sin profundidad ni ocasiones. El Dépor, en cambio, seguía llamando a las puertas de gol con insistencia. Un zurdazo de Riki que se estrelló en el larguero fue el siguiente aviso de los coruñeses, que merecían irse al descanso con ventaja en el marcador.
El partido era un ida y vuelta constante, con un ritmo frenético. Parecía de la Premier más que de la Liga española. Los dos atacaban sin tregua, aunque era el Sporting el que tenía que correr más veces hacia atrás. Con tanto ritmo era imposible que el partido fuese cien por cien de guante blanco. Hubo entradas duras. Y piques, como el de Antonio Tomás con Barral o el de Juan Rodríguez con Gregory. Rivalizaban los dos equipos sobre el césped, igual que las aficiones en la grada. El Dépor luchaba contra once futbolistas y al mismo tiempo hacía frente a la mareona que ayer tiñó de rojiblanco el estadio. El toma y daca constante no defraudó a los aficionados, ni a los locales ni a los visitantes.
El Dépor estaba a punto de irse al descanso con la sensación de haber hecho algo más que su rival para adelantarse en el marcador, por lo menos en cuanto ocasiones. Hasta entonces todas habían nacido en jugadas y ninguna a balón parado, precisamente la especialidad de los blanquiazules en este inicio de temporada. Fue entonces cuando Sergio se encontró con una falta lateral al borde del área, de las que a él le gustan, justo en el punto exacto para colgar el balón al área pequeña. Eso hizo el catalán, que encontró la cabeza de Juan Rodríguez, poderoso en el salto y potente en el remate. Su testarazo se estrelló en el larguero y botó en la línea de gol, donde Lassad, atento y veloz, remachó la jugada estableciendo el 1-0, un justo premio a la mayor insistencia del Dépor en los primeros cuarenta y cinco minutos.
Si el primer tiempo fue frenético, el segundo fue eléctrico. Lejos de echarse atrás para defender su ventaja, el equipo coruñés siguió buscando la meta de Juan Pablo. Ayer sí hubo movilidad en campo contrario. Uno de los más activos fue Riki. Lo intentó todo y peleó como el que más. Mereció marcar y pudo hacerlo al inicio del segundo acto con un remate medio de espuela que se fue fuera por poco. Lassad también quiso apuntarse a la fiesta y con un buen derechazo desde la frontal del área puso a prueba los reflejos de Juan Pablo, que respondió atajando el balón.
El Sporting tenía que irse arriba y eso fue lo que hizo. Barral y Diego Castro, los más incisivos, espolearon a la mareona con dos claras ocasiones que fueron la antesala del gol visitante. El pontevedrés explotó su velocidad para ganar la espalda a la defensa coruñesa y encarar a Aranzubia, que erró en su salida y propició el remate a puerta vacía del hijo del entrenador gallego Fernando Castro Santos. 1-1 y veinte minutos por delante de ofensiva tanto local como visitante, porque ninguno de los dos aflojó.
Riki, que estaba en todas, remató de cabeza al poste y el rechace lo envió Lassad al fondo de la red, aunque en fuera de juego. La réplica no se hizo esperar y de nuevo Barral culminó una contra con un disparo ajustado a la cepa del poste. Aranzubia, esta vez sí, demostró por qué es uno de los mejores guardametas de la Liga. Guardado y Lassad volvieron a intentarlo, pero sus remates llegaron tarde, igual que los cambios de Lotina. El técnico dio entrada a Adrián y Pablo Álvarez y se ahorró la tercera sustitución. Ya no hubo tiempo para mucho más. El Dépor luchó contra todo, pero perdonó y lo acabó pagando.
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