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HEMEROTECA » |
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JULIA SUÁREZ GAJATE Aunque su pequeño esqueleto era recorrido por un ligero temblor, resultaba increíble verle con los ojos abiertos como platos y una sonrisa iluminándole toda su cara. Con miedo, fue bajando su mano para tocar aquella masa blanca, brillante y helada. Rápidamente la apartó y comenzó a darse con la otra mano el calor perdido. No lograba comprender, como aquellos otros niños de su misma edad no estaban paralizados por aquel intenso frío que despedía el suelo por el que pisaban y que decían se llamaba "nieve". Los veía jugar rodando por encima de ella e incluso, tirarse bolas de aquello que mojaba. Sus risas y gritos de alborozo le resultaban incomprensibles.
De donde Omar procedía, jamás había visto cosa igual, ni tampoco nadie de su aldea contó nunca, que alguna vez hizo tanto frío que el suelo se transformó en esto que aquí llaman "nieve".
Para él, todo era mágico en esta gran ciudad a la que, junto con otros niños, les habían traído desde el desierto, para celebrar una fiesta que se llama "Navidad".
Y tenia que ser una fiesta muy importante, pues todo estaba iluminado con miles y miles de luces de distintos colores y con diferentes formas. Por muchas de las calles y plazas se escuchaban cantos y campanillas y la gente iba y venía de un lado a otro con paquetes y bolsas en las manos y nadie parecía acusar aquel frió gélido que a Omar le hacia castañetear los dientes.
Las personas que les atendían en aquel centro, donde residían, les habían contado la preciosa historia que daba origen a esta fiesta, que llenaba de alegría el corazón de todos aquellos que la conocían y creían en ella.
Pensaba Omar la suerte de aquel niño, que naciendo de forma tan sumamente pobre, había llegado a ser tan importante que los Reyes se posaban a sus pies, y la gente del lugar le colmaba de presentes, mientras la noticia de su nacimiento se extendía por todas partes
Desde luego nada que ver con su aldea cuando nacía un nuevo miembro. Nunca pasaba nada y aunque también eran muy pobres, nadie se acerco jamás a llevar algún presente y claro, mucho menos apareció Rey alguno por allí.
Cada noche metido en aquella confortable cama intentaba organizar sus ideas pues, era tanto lo visto y vivido en aquellos pocos días, que tendría para mucho tiempo cuando al calor de la hoguera se reunieran a contar historias sentados en la tierra roja y seca que aguantaba las pequeñas casas de adobe de su aldea.
Omar al igual que aquel niño nacido en el pesebre, se sentía importante… y es que nadie de su aldea había visto tantas cosas nuevas ni vivido experiencias parecidas, y sabía que como un Rey de aquellos volvería colmado de regalos….., Aunque el mejor de todos lo guardaría en su corazón, la esperanza y el deseo que algún día todos los niños de su aldea pudieran vivir juntos la aventura de la Navidad.
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