SELINA OTERO | VIGO
El pecio del Prestige, que permanece hundido a más de 3.500 metros de profundidad y a 220 kilómetros de las illas Cíes, todavía guarda en su interior cerca de 1.000 toneladas de la materia viscosa que, siete años atrás, pintó de negro el litoral gallego, el cantábrico y salpicó la costa francesa y portuguesa.
Pese a que el esqueleto del petrolero sigue vertiendo entre 10 y 12 kilos de fuel al día, según los datos que maneja la empresa Repsol, el Gobierno central descarta volver a bajar al pecio para realizar una inspección en profundidad, limitándose a realizar un seguimiento aéreo de la zona. Según los expertos consultados por el Ministerio de Medio Ambiente, tanto el fuel que permanece en el pecio como "la pequeña cantidad" que vierte diariamente "no suponen ningún tipo de riesgo ambiental".
Siete años después, el pecio del Prestige ha dejado de ser considerado una bomba de relojería. El control de las fugas, tras el sellado de parte de las grietas en 2003 y la última inspección a fondo realizada en 2007 a bordo del Siem Danis, ha rebajado la presión y, a partir de ahora, según fuentes del Ministerio de Medio Ambiente, será suficiente "con un seguimiento sistemático por imágenes vía satélite y con vuelos de control realizados por un avión de Sasemar en la zona".
El petrolero de Bahamas cargaba 77.000 toneladas de fuel cuando se partió en dos frente a Galicia: aproximadamente 60.000 arribaron a las playas y acantilados durante la etapa crítica de la catástrofe, en noviembre y diciembre de 2003, dando lugar a las sucesivas mareas negras que pintaron el mar y la arena de oscuro; las restantes fueron extraídas posteriormente del pecio hundido en varias operaciones llevadas a cabo por Repsol YPF y, en la actualidad, una mínima parte (que no alcanza las 1.000 toneladas) yace aún en el esqueleto del buque.
Desde aquella inmensa mancha de gasóleo en el Atlántico, el Prestige nunca dejó de escupir su carga. Con los años, ha variado la cantidad y la velocidad de salida, pero la herida sigue abierta.
La División del Medio Marino, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino y encargada del seguimiento del caso Prestige, garantiza que, con los controles rutinarios en superficie que se realizan desde hace dos años "cualquier anomalía sería detectada". "Las fugas, tras la actuación de 2007, son del orden de 10 a 12 kilogramos al día. En la popa del buque está contrastado que quedan unas 700 toneladas de fuel, con cartuchos de biorremediación con bacterias autóctonas (bacterias que se alimentan del petróleo que sale del barco). En la proa también queda algo de fuel, sin cuantificar", explicaron fuentes de la División del Medio Marino: "No está previsto bajar a inspeccionarlo ya que, según los expertos, no supone riesgo ambiental alguno".