Una lectura política del fenómeno 'Millennium'

El lado oscuro de la sociedad del bienestar

A finales de los 60, el italiano Enrico Altavilla arrasaba en las librerías españolas con el libro 'Suecia, infierno y paraíso'. Sobre ese mismo escenario sociológico edificó Larsson su exitosa colección literaria

 13:36  
Imagen promocional de la serie cinematográfica de ´Millennium´. / la opinión
Imagen promocional de la serie cinematográfica de ´Millennium´. / la opinión 

La trilogía 'Millennium', del escritor sueco Stieg Larsson, es uno de los más deslumbrantes fenómenos literarios y sociológicos del último siglo. Se trata de una novela con una trama policiaca bien resuelta y de una apreciable calidad que ha captado a millones de lectores no habituales. En este estudio, para comprender mejor el telón de fondo sobre el que Larsson edificó su exitosa serie, el autor se adentra en los recovecos de la sociedad sueca, un aparente paraíso de la sociedad del bienestar, bajo el que subyace sin embargo un inquietante lado oscuro, como ya reveló a finales de los 60 el periodista italiano Enrico Altavilla en un célebre libro

FRANCISCO R. PASTORIZA | A CORUÑA FRANCISCO R. PASTORIZA ES PROFESOR DE CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID Millones de personas, la mayor parte de ellas no lectores habituales, han dedicado muchas horas de su tiempo libre a las más de 2.200 páginas que abarcan los tres títulos (I. Los hombres que no amaban a las mujeres, II. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y III. La reina en el palacio de las corrientes de aire). Nunca hasta ahora se había visto a tanta gente en tantos sitios (metro, autobús, playas, aeropuertos, parques, salas de espera...) leyendo el mismo libro. Y es que de pocas obras se puede decir que atrapen a sus lectores con la agresividad con que lo hacen las historias de esta trilogía.

. Suecia y la sociedad del bienestar. A finales de los años sesenta, un ensayo titulado Suecia, infierno y paraíso, del periodista italiano Enrico Altavilla, arrasó en las librerías españolas. En los últimos años del régimen de Franco nos contemplábamos a través de aquel libro en el lejano espejo de la Suecia socialdemócrata con la que aspirábamos a compararnos algún día, y concluíamos que aquel paraíso político y sexual que se contaba en el libro, inalcanzable entonces, no estaba mal como referente. El paraíso sueco estaba formado por una sociedad del bienestar que ponía a la gratuita disposición de sus ciudadanos los servicios públicos más necesarios y aún otros que nos parecían de lujo. El infierno al que se refería Altavilla estaba conformado por la soledad y la falta de relaciones, el alcoholismo y la escasez de sol, que desembocaban en la depresión, causa de un elevado índice de suicidios, y en una sexualidad desaforada. Aquella sexualidad que se vivía en Suecia, tan criticada en las páginas de aquel libro, era lo que atraía a la mayoría de los jóvenes españoles de entonces, huérfanos de toda libertad al respecto. Pero interesaba también la cultura política de su democracia, que nos asombraba. En la España de entonces era impensable, por ejemplo, que la policía acudiese a las manifestaciones no para cargar contra los manifestantes sino para protegerlos, como se decía en aquel libro que se hacía en Suecia. Mientras, el turismo ya había instalado en nuestro inconsciente colectivo el estereotipo de las suecas como ideal femenino: altas, rubias, de ojos azules y cuerpo escultural, liberadas sexualmente, que el cine se encargó de afianzar con estrellas como Bibi Andersson, Anita Ekberg o Mai Zetterling.

En los primeros años del siglo XX Suecia había pasado de una estructura social rural y agrícola a una industrialización galopante. Su sistema político, fundamentado en el socialcristianismo del Partido Liberal de Centro y en la socialdemocracia, supo evadirse de los cantos de sirena del nacionalsocialismo alemán y del socialismo soviético para fundar un capitalismo cimentado en las libertades públicas y la igualdad de oportunidades, financiado por un sistema impositivo implacable, que dio lugar a una sociedad del bienestar envidiable y envidiada por la práctica totalidad de los países europeos.

Todo este universo salta hecho pedazos en las páginas de los tres volúmenes de Millennium. En esta novela, Suecia es también un país de políticos corruptos, empresarios trincones, periódicos manipuladores y mafias asesinas. El neocapitalismo industrial y financiero y las redes mafiosas capaces de manipular los poderes tradicionales del Estado extendieron por el país una vasta red de corrupciones que llevaron su esplendor hacia un declive dramático. En paralelo, ni siquiera permanece ya aquel estereotipo de la mujer sueca como ideal de belleza: Lisbeth Salander, la protagonista de la trilogía, es una chica pálida de una delgadez anoréxica, que daba la impresión de que se acababa de levantar tras haber pasado una semana de orgía con una banda de heavy metal (I.50). Mide 1.54 m., pesa 42 kilos, tiene piercings en la nariz y las cejas, dos botoncitos por pechos y su cuerpo luce un montón de tatuajes.

La Suecia de estos primeros años de milenio (el título de la novela, que es el de la revista para la que escribe Mikael Blomkvist, uno de sus protagonistas, es una clara alusión a la nueva era) es ahora un país muy parecido al resto de los europeos occidentales. La globalización ha hermanado a todos ellos con similares problemas, independientemente de su grado de desarrollo económico y de su organización política. Por las páginas de Millennium desfila el blanqueo de dinero, el narcotráfico, el contrabando de armas, los conflictos migratorios, los mercados de la prostitución, de la pederastia y del uranio enriquecido... y la proliferación de esas sectas religiosas que, junto a su literatura proselitista, incluyen el número de cuenta corriente en la que poner en práctica el amor a Dios.

. LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER. El tema más destacado de las historias de Millennium es la crítica a la violencia que se ejerce sobre la mujer (Violencia doméstica... ¡qué expresión tan banal! I.298). Es un problema de las sociedades actuales, pero no es un problema nuevo. Basta consultar las estadísticas sobre víctimas de violencia machista para concluir que el número de muertes por esta causa es similar desde hace muchos años (en España, en los años 50 y 60, por cuestiones relacionadas con la imagen política del régimen, se ocultaba este delito o se disfrazaba de otras motivaciones). Y además se equivocan quienes piensan que se debe al carácter latino o al subdesarrollo: en los países nórdicos la violencia machista es tan alta, si no más, que en el resto de Europa. De ahí la importancia de que una novela como Millennium asuma la denuncia de este delito y lo utilice como uno de los motivos principales que mueven su relato, actuando como instrumento de pedagogía, ya que todo indica que es este un problema sobre todo educativo: en varios pasajes se cuenta cómo el protagonista, un personaje positivo, atiende a las labores del hogar como si fuera una actividad comparable a la de fumar un cigarrillo o tomarse un café (Ese día Mikael lo dedicó, primero a lavar los platos y a limpiar el apartamento... I.87). Y las iniciativas en las relaciones sexuales casi siempre corren a cargo de mujeres. Un dato a favor de la mujer: la mayor parte de lectores de la revista Millennium, una publicación progresista de investigación y denuncia, se dice que son mujeres. Qué pena que también la mayor parte de los lectores de la novela sean mujeres. Por eso es criticable la traducción del título del primer volumen, Los hombres que no amaban a las mujeres que, en mi opinión, suaviza la contundencia del original: Los hombres que odiaban a las mujeres (aunque es más insólita la traducción que del título de este volumen se hizo para la edición inglesa: La chica con el tatuaje del dragón, que alude al que Lisbeth Salander luce en su espalda).

. UN RELATO ANTISISTEMA. Si hay un claro mensaje político en Millennium éste es el de la crítica al sistema. Al tratarse de una novela policíaca (con todas las connotaciones que se quieran) no es extraño que se aprecien los trabajos de los investigadores privados como más efectivos e inteligentes que los de la propia policía, apelando incluso a casos reales: a veces un detective aficionado es mejor que un policía de verdad... Mira el caso Joy Rahman III.449 (alusión al caso de este ciudadano sueco nacido en Bangla Desh que fue condenado por el asesinato de una mujer de 72 años y más tarde absuelto e indemnizado gracias a las pesquisas de un periodista y de su abogado, que demostraron su inocencia). La ineficacia policial es un tópico de las novelas negras desde Sherlock Holmes y el inspector Poirot, aunque no está fuera de la realidad en muchas ocasiones, como vemos. Pero no se trata aquí sólo de denunciar determinadas actitudes de la policía, algunas de las cuales a veces provocan hilaridad (pronunció la típica frase de la policía: ¿qué está pasando aquí?. II.617): en Millennium se da a entender que es todo el sistema policial el que está en crisis.

Fallan también los medios de comunicación, que encumbran a personajes de dudosa competencia profesional sin poner en cuestión sus trabajos y sus comportamientos y que casi nunca se cuestionan las fuentes, sobre todo cuando estas son oficiales. Falla un sistema siquiátrico irresponsable, encarnado aquí por Peter Teleborian, una autoridad respetada internacionalmente (Se hallaba oculto y protegido tras una cortina de documentos, evaluaciones, méritos y una ininteligible jerigonza siquiátrica. II.470), a cuyos diagnósticos se someten todas las demás instancias, sin comprobar el alcance de unos tratamientos más propios del siglo XVI que del XXI.

Falla un sistema que no acierta en el tratamiento de la prostitución y la explotación sexual ni en el de la inmigración, otro de los problemas políticos de las sociedades opulentas occidentales. Suecia sufre también en estos años lo bueno y lo malo de la inmigración, en su caso la procedente de los países del Este a raíz de la caída del muro de Berlín y la de los kurdos que huyeron de la tenaza de persecuciones que formaban Turquía y Saddam Hussein. Muchos inmigrantes han venido a enriquecer las costumbres, la economía y la sociedad sueca, mientras otros han formado mafias dedicadas a la trata de blancas y a una delincuencia criminal violenta y sofisticada.

Y falla el sistema de partidos políticos, un sistema corrupto (Se trata de dinero e importa una mierda si los que designan a los ministros son socialistas o de derechas. I.34), que ha permitido además la proliferación de grupos neonazis y skinheads; un sistema por el que el Blomkvist, el periodista protagonista, no siente ningún apego (contemplaba los ismos políticos con la mayor de las reservas. I.81). Hay un tratamiento irónico de los partidos en la utilización de su propaganda política, cuando los personajes de la novela toman su café en tazas con logotipos de los diferentes partidos que se distribuyen durante la campaña electoral: esa es su utilidad. O cuando la periodista protagonista reflexiona sobre el hecho de que hace más de veinte años que no participa en ninguna manifestación (otro recuerda que sólo lo hace en los festivales del orgullo gay). Y esta crítica antisistema se hace desde unos presupuestos próximos a un nuevo anarquismo solidario y no violento protagonizado por jóvenes cuya presencia es apenas perceptible: la mayor parte de los protagonistas de Millennium son personajes bien entrados en la cuarentena y muchos de ellos cincuentones, cuando no jubilados (la vida por delante ya empezaba, cada día más, a formar parte de su pasado. II.158). Millennium viene a advertirnos que vivimos las vísperas de un cambio global liderado por jóvenes que ya han iniciado una guerra por el poder utilizando nuevas armas: internet y las nuevas tecnologías. Se mueven en un escenario para el que las actuales estructuras están obsoletas y reclaman nuevos derechos y la desregulación de internet. Fenómenos emergentes como el del Partido Pirata, con un escaño en el Parlamento europeo, ejemplifican esta nueva ¿ideología?

. LA INFORMÁTICA O LA VANGUARDIA DEL CAMBIO. Son los jóvenes, en efecto, quienes lideran el cambio, cabalgando sobre las nuevas tecnologías. El mundo de la informática está invadiendo todos los espacios de la sociedad actual, incluso aquellos más íntimos. Causa asombro y perplejidad la facilidad con la que jóvenes y adolescentes dominan los secretos de la informática sin haber recibido formación académica alguna en ese campo y a veces sin haber conseguido siquiera el certificado escolar. Y resulta ciertamente inquietante la facilidad con la que los piratas informáticos (hackers) pueden acceder a secretos custodiados en ordenadores de grandes instituciones y a los contenidos de los discos duros de todo tipo de ordenadores personales. En Millennium se advierte sobre esta inquietud desde el punto de vista de una organización de hackers cuya ética les lleva a utilizar sus conocimientos para colaborar con la justicia (enemigos irreconciliables de los idiotas que enviaban virus con el sólo propósito de sabotear la Red y averiar los ordenadores. III.380), pero está clara la advertencia de que su utilización puede ser la contraria, como se viene apreciando con frecuencia en la vida real. La actuación de los hackers buenos provoca también una reflexión sobre las actividades que rozan el delito o son claramente delictivas, pero cuya acción ayuda a la justicia o a la policía a resolver problemas. Otras aplicaciones de la informática como el tráfico sexual y la pederastia, tienen también su protagonismo en Millennium, y hay alusiones a la indefinición de objetivos de algunas empresas puntocom, al fenómeno spam y a los timos a través de internet (III.61-62), frpastoriza@wanadoo.es.

El asesinato del primer ministro de Suecia Olof Palme en febrero de 1986 dejó conmocionado a un país que no conocía el terrorismo y que presumía de que ministros y políticos se desplazaban a sus lugares de trabajo en transporte público y sin escolta. Este crimen, aún no resuelto y a punto de prescribir, dejó en la sociedad sueca un legado de sospechas hacia los servicios secretos y sus entornos políticos y convirtió a las agencias privadas de seguridad en un negocio lucrativo. Este imaginario colectivo flota en el ambiente a lo largo de los tres volúmenes de Millennium. El secretismo de las actividades de los servicios de inteligencia, la impunidad de sus excesos, la impostura de algunas de sus operaciones, se ponen de manifiesto en las ramificaciones que propician el blindaje de unas estructuras difícilmente controlables por el poder político y que Stieg Larsson denuncia: tanto a los políticos como a los parlamentarios les resultaba casi imposible ejercer ese control, ni siquiera cuando el primer ministro nombró una comisión especial (III.248). No sabía hasta qué escalafón llegaba la conspiración dentro de la jerarquía del cuerpo (III.435). Servicios secretos cuyas actividades son incompatibles con la Constitución: tanto Palme como otros miembros del Partido Socialdemócrata habían sido sometidos en algún momento a vigilancia ilegal por parte de los servicios secretos de Suecia. De Palme (Premio Nobel de la Paz en 1985, no se olvide este dato) llegó a decirse que era un agente de la KGB soviética (luego vinieron los tiros de Sveavägen y el asunto se convirtió para siempre en una cuestión académica. III.133). Tras la lectura de Millennium, sobre todo del tercero de sus volúmenes, resulta más interesante la lectura de la trilogía de Leif GW Persson sobre este magnicidio, publicada en España por Paidós hace unos años.

. LA NOVELA DE LA GLOBALIZACIÓN. ¿Es posible que una parte del éxito de esta novela se deba a la coincidencia de su publicación con la crisis económica? En varios pasajes se critican operaciones fraudulentas de grandes bancos y aseguradoras, indemnizaciones escandalosas (aquel director de ABB que cobró una indemnización por despido de más de mil millones, algo que realmente indignó a la gente. I.36... un director de banco que, por pura incompetencia, pierde cientos de millones en disparatadas especulaciones. I.81), paraísos fiscales, situaciones similares a las del caso Madoff y los bonos basura (Las empresas Vanger se hallan actualmente en declive por muchas razones, pero una de las más importantes es la avaricia y el deseo de ganar dinero a muy corto plazo. I.109), y hasta se alude a la crisis de la construcción en la Suecia de los 90 (en 1992, de la noche a la mañana, nadie quiso comprar ni una sola casa.I.42), paradigma del actual estallido de la burbuja inmobiliaria. Y de los fraudes de las empresas que se aprovechan del trabajo infantil, la m ano de obra barata y la deslocalización laboral (Llegamos a tener cuarenta mil empleados en Suecia... en la actualidad esos puestos de trabajo están en Corea o Brasil. I.107).

La corrupción ocupa en las sociedades actuales un plano destacado en todos los ámbitos; se ha convertido en un elemento incontrolable de la globalización: hay corrupción política, corrupción empresarial, corrupción profesional.... En esta novela se aborda, con inteligencia y unos conocimientos asombrosos por parte del autor, un análisis de este fenómeno, desde la desviación de los fondos públicos con que el Estado financia ciertas actividades empresariales hasta la ingeniería financiera que éstas desarrollan para ocultar sus delitos.

. SEXO: LIBRE Y SEGURO. La adicción al sexo es una enfermedad que se puso de moda cuando el actor Michael Douglas confesó haberse sometido a un tratamiento en una clínica especializada para curarse de este problema (a este caso se alude en la novela. II.55). El tratamiento de los tabúes sexuales y la libertad de opciones es uno de los temas que se abordan con ejemplaridad. En Millennium se hace una espléndida defensa del derecho de cada persona a practicar las orientaciones sexuales propias, sin que ningún tipo de poder, y mucho menos el poder político, pueda interferir en la vida íntima de los ciudadanos. Sólo las relaciones con menores y los daños físicos pueden transgredir este principio. La protagonista, feminista radical, de gustos cercanos a la estética gótica y punkie, es un personaje andrógino y bisexual (le importa el sexo pero no el género, dice) que tiene relaciones con hombres o con mujeres, dependiendo de sus apetencias. La libertad sexual es defendida presentando las relaciones entre los personajes, incluyendo la infidelidad, de una manera clara y responsable. Las precauciones ante el peligro de transmisión de enfermedades se ejemplifican con la utilización de preservativos (Tienes que usar condón. Yo sé con quién he estado pero no con quién has estado tú, le dice Lisbeth Salander a uno de sus ligues ocasionales. III.802).

. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Durante el caso Watergate, el escándalo de espionaje político que obligó a dimitir al presidente norteamericano Richard Nixon, tuvo un gran protagonismo el personaje conocido como Garganta Profunda. Era quien, oculto en la oscuridad de un garaje subterráneo, revelaba algunos de los secretos a los periodistas de investigación del Washington Post. Su personalidad no se conoció hasta que, hace unos años, cuando sabía que iba a morir de cáncer, decidió revelar al mundo su identidad. Esta peripecia política se traslada a las páginas de Millennium, cuyo relato se inicia con la intervención de un 'garganta profunda' que, al revés que en el caso Watergate, tiende una trampa al periodista de la revista para que elabore, con datos falsos, un reportaje que lo llevará a la cárcel. El éxito del periodismo de investigación, viene a decir Larsson, no es sino el de la autenticidad y la fiabilidad de las fuentes, de la calidad de la información de los garganta profunda. De ahí que en la novela se haga una defensa explícita del derecho a no revelar las fuentes.

El papel de los medios de comunicación y la ética periodística en la sociedad actual son objeto de una profunda reflexión en Millennium. Se critica el papel de la prensa en las sociedades actuales (este combate se decidirá en los medios de comunicación y no en la sala del tribunal. III.387), incluso el de sus profesionales: una de las protagonistas, de ideología progresista, no tiene inconveniente en pasar a dirigir un gran periódico conservador, el más soso, carca y machista de toda Suecia (III.85) porque eso significa un gran prestigio para su carrera: irónicamente, su último editorial para la revista que abandona trata sobre la moral. Se alude a la descontextualización de la información y a la manipulación de las imágenes, fenómeno frecuente en la prensa (con la boca abierta y el dedo índice levantado parecía darle instrucciones a un agente uniformado. En realidad, no hacía más que indicarle el camino del retrete. I.20) y en los medios audiovisuales, y a la incompetencia de la prensa económica, responsable en buena medida de la situación de crisis por carecer del menor atisbo de capacidad crítica (I.126). No se libra la prensa sensacionalista, que no duda en aceptar la información oficial que atribuye la autoría de unos crímenes a una banda de lesbianas sadomasoquistas asesinas en serie, porque ese es el tipo de información que vende. La manipulación de la opinión pública es también objeto de reflexión entre los periodistas: Si los socialistas quieren ir a la guerra con Dinamarca, yo tengo que explicar por qué se equivocan. Y si quieren evitar la guerra con Dinamarca yo tengo que explicar por qué se equivocan (III. 235), dice el redactor jefe de un periódico conservador. La política internacional también es objeto de la mirada de Larsson, que critica los sensatos comentarios que explicaban la necesidad de la guerra de Irak, o la invasión de la isla de Granada: Estados Unidos invadió el país e instauró la democracia. Para Granada eso significó que el nivel de paro aumentara de un seis a casi un cincuenta por ciento y que el negocio de la cocaína volviera a ser la principal fuente de ingresos (II.20-21). Pero hay también un elogio a aquellos profesionales que en ocasiones pagan con sus vidas la denuncia de las mafias del crimen y el sexo y una defensa cerrada de los periodistas de investigación, verdaderos agitadores de la conciencia social (mental weightlifters) a quienes el poder político ha calificado despectivamente como mucrakers (los que remueven el estiércol). Y a pesar de estar escrito antes de que la actual crisis afectara a los medios de comunicación con la virulencia con que lo está haciendo, Stieg Larsson advertía ya sobre los peligros de la crisis del mercado publicitario y el fenómeno de la prensa gratuita como causas del descenso de las ventas de periódicos (III.359).

  HEMEROTECA
CONÓZCANOS: CONTACTO | LA OPINIÓN A CORUÑA | LOCALIZACIÓN | ACERCA DE ED. GALEGO PUBLICIDAD: TARIFAS | CONTRATAR
laopinióncoruña.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopinióncoruña.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
Adaptado a la Ley de Protección de Datos por
 


  Aviso legal
  
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya