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PABLO LÓPEZ | A CORUÑA El secuestro por piratas del pesquero Alakrana ha provocado que los políticos y los propios ciudadanos se hayan planteado la necesidad de incrementar la seguridad en las aguas a las que los marineros acuden a faenar. Profesionales armados a bordo de los barcos, intervenciones militares y controles en los países de origen son algunas de las propuestas sobre las que los expertos y los propios afectados por el problema han debatido. El presidente de los armadores coruñeses, el dirigente de la Asociación Española de Titulados Náutico-Pesqueros y un catedrático especializado en Derecho Internacional Marítimo tratan de encontrar la solución más adecuada para erradicar de los mares la piratería.
J. M. Muñiz: Creo que la piratería no es un problema de un solo estado. Debe existir un acuerdo multinacional.
M. Sobrino: Cuando se ha intentado hacer algo se ha hecho a través de las Naciones Unidas o en ámbitos regionales con países directamente implicados. En aguas de Malasia, por ejemplo, los diferentes países han alcanzado acuerdos para que sus marinas colaboren en la prevención y persecución de este tipo de asuntos. En Somalia, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha adoptado una resolución que permite que los estados intervengan.
J. Etchevers: Hay que buscar una solución global, algo que todavía no se ha hecho. Las medidas que adoptó la Unión Europea no están dirigidas a los pesqueros, que son los barcos más vulnerables. Cuando los pescadores están faenando están muy expuestos a este tipo de cosas y, además, no tienen una ruta trazada. Van a donde los capitanes creen que pueden conseguir mayores capturas. Es conveniente analizar los motivos por los que se ha llegado a esta situación. En mi opinión, se ha actuado muy torpemente desde el principio. Fue un gran error difundir a los cuatro vientos que los pesqueros españoles no iban a llevar ningún tipo de protección porque la legislación no lo permite. Eso fue como decirle a los piratas que las presas más fáciles son pesqueros y son españoles.
J. M. Muñiz: Las tripulaciones saben que el modelo francés funciona y es el más razonable, lo que pasa es que la legislación francesa permite que las Fuerzas Armadas protejan a los marineros en los propios barcos y la española no. Habrá que modificar la ley, porque hay un vacío importante a nivel de la Unión Europea. La piedra angular que ha complicado toda esta problemática ha sido traer aquí a los piratas detenidos, cuando una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a raíz del incidente del Playa de Bakio establece que los juicios contra los piratas deben celebrarse en Mombasa, en Kenia. Creo que no se ha querido ver que eso ha tenido unos efectos terribles. Dos individuos nos tienen en jaque. Es algo impropio de un país desarrollado.
M. Sobrino: La presencia francesa en la zona es muy importante, porque tienen una base en Yibuti que les permite operar con una cierta agilidad. Ellos tienen unas posibilidades militares de las que nosotros carecemos a priori. Otro tema es plantearse si los pesqueros españoles deberían llevar personas armadas a bordo. Yo creo que la opinión general, no sólo la de los propios marineros, es que sí. No hay leyes que lo prohiban tajantemente y hay la posibilidad de introducir modificaciones, vía decreto u orden, que permitiría la presencia de infantes de Marina a bordo de los buques. Es más responsable llevar militares a bordo de un buque, que tener unas fuerzas de seguridad privada. Si hay un problema internacional porque hombres armados de seguridad privada se exceden en la utilización de la fuerza y se lesiona o mata a inocentes, puede producirse un grave incidente diplomático que haga que se cuestione la responsabilidad de España.
J. Etchevers: Tenemos un ejemplo que es Francia, independientemente de que tenga mayor capacidad logística. España tiene fragatas y supongo que ese problema se podría resolver, aunque no tengan una base en tierra. Si hay algún impedimento legal, las leyes están para adaptarse. Las situaciones son cambiantes. Si no pueden ser militares, hay otros cuerpos de seguridad que tiene España como la Policía Nacional, la Guardia Civil y los grupos de operaciones especiales. La solución que se está planteando es la de la seguridad privada, pero va a tardar, porque hay que preparar a estos cuerpos. Tiene un riesgo, porque suponemos que esto no durará para siempre. Es peligroso que, cuando todo finalice, toda esa gente que esta fuera de los cuerpos del Estado salga del ámbito para el que fueron entrenados.
J. M. Muñiz: Francia tiene una base en Yibuti, pero no debemos olvidar que es un país aliado y, además, miembro de la Unión Europea. No podemos hablar como si Francia fuera algo independiente, porque el mundo está concatenado y globalizado. Francia es un país con intereses allí, como nosotros. Lo que habría que hacer es establecer acuerdos, ya sea en el ámbito de la OTAN o de Naciones Unidas, para que las fuerzas cooperaran. Falta una política exterior común que permita que nos sintamos igual de defendidos con una base francesa que con una española o inglesa. A pesar de esto, nunca debemos perder la perspectiva de que los principales culpables de toda esta situación son los piratas, si bien, después de esta crisis, alguien tendrá que dar una explicación de las decisiones que se han tomado. Nosotros somos contrarios a ponerle altavoz a la cuestión, porque sabemos que los piratas pueden seguir por internet, en tiempo real, lo que está ocurriendo. Ellos marcan los ritmos y convulsionan a la opinión pública contra los gobiernos de sus países, porque es una fórmula para alcanzar mayores cotas en lo que ellos buscan, que es el dinero. Está claro que los piratas tienen un objetivo: vidas humanas a cambio de dinero. Si se decide que haya personas armadas a bordo hay que tener en cuenta la introducción de un nuevo elemento en la actividad pesquera normal. La gente no está preparada para cohabitar con gente armada en unas condiciones que, ya de por sí, implican miedo. Esto es un fenómeno nuevo y habría que preparar a la propia gente. Por esto somos partidarios de que lo que se haga sea algo transitorio, que termine cuando se solucione el problema.
M. Sobrino: La pobre Unión Europea es la que siempre acaba cargando con todo, cuando la Unión Europea es lo que nosotros queremos que sea. Tiene unas competencias en seguridad y defensa que le han concedido los estados miembros y no puede ir más allá. Los países no quieren que haya una fuerza de intervención para este tipo de asuntos. Si quisiéramos, la habríamos tenido y ya habría intervenido. El tema de Francia exige acuerdos entre ambos países para llevar a cabo actuaciones conjuntas. Nosotros podríamos tener fuerzas desplegadas en Yibuti, porque no es una base cerrada. Estados Unidos tiene allí tropas como parte de su escudo contra el terrorismo. Respecto al traslado de los piratas, el fallo se cometió cuando las autoridades españolas competentes, que no son las judiciales, tomaron la decisión. La Justicia actuó porque hubo una denuncia y tienen la obligación de tramitarla. No se le puede echar la culpa a los jueces, aunque algunos sean jueces de una desmedida soberbia. La piratería es un crimen internacional y, por tanto, es de persecución universal. Cualquier barco de estado tiene competencias para apresar, pero esto no es una obligación, es una facultad. La fragata española, si hubiera querido, los habría dejado libres. Una vez apresados, España puede hacer varias cosas. Una es entregarlos a Kenia, donde pueden ser juzgados por el crimen de piratería. La demanda, como no se hizo esto, se sustentan ahora en unos delitos de ámbito territorial español para el que han sido necesarios unos argumentos que tumbaría cualquier buen abogado. Hay muchas posibilidades de que sean liberados.
J. M. Muñiz: Yo siempre me opuse radicalmente a la intervención militar, lo que me parece una locura. La vulnerabilidad de un barco es muy alta. Cualquier estratega no plantea esa posibilidad, salvo que estemos en una situación extrema en la que los piratas hayan empezado a matar gente. Un asalto tiene muchas posibles consecuencias catastróficas. Dicho esto, el código español no recoge la piratería y, además, a los piratas no se les coge en el ámbito de nuestro país; lo que hace que tenga dudas sobre la posibilidad de que sean condenados en España.
M. Sobrino: Es que aunque los piratas pierdan el juicio, pueden recurrir, lo que haría que la situación se prolongara durante dos años o incluso más.
J. Etchevers: Alguien tendrá que explicar la decisión que se ha tomado. ¿En qué pensaron los responsables de tomarla? Yo, desde el primer que escuché que habían detenido a dos piratas, supe que las cosas se complicarían. El objetivo de los secuestros no es más que dinero y, al retener a dos y enviarlos a España, se han equivocado. Ahora hay una partida de cartas en la que nuestra baza son dos delincuentes y la otra parte tiene 36 marineros inocentes y un barco. A ver quién gana ahora esa partida. Todo se ha complicado por una torpeza, por una metedura de pata.
J. M. Muñiz: La Unión Europea es lo que nosotros queremos que sea, pero los que estamos en el mundo de la pesca queremos que sea más. Los pescadores siempre perciben lo negativo de Europa, como los recortes de cuotas. Si hiciera algo con problemas como este, pensaríamos que, al menos, está ahí cuando la necesitamos. También me gustaría puntualizar que hay opiniones, como las de los que dicen que la piratería existe en la zona porque nosotros vamos a depredar los recursos de países pobres, que sólo sirven para darles alas a los piratas. Estos señores pescan legalmente, bajo el auspicio de Naciones Unidas y de las normas internacionales.
J. Etchevers: Los marineros estaban pescando legalmente. Tenían todo el derecho a estar donde estaban porque se encontraban en aguas internacionales. Eso es algo que hay que dejar muy claro. El barco estaba con todos los derechos y, por tanto, hay que defenderlo. España debe velar por los importantes intereses que tiene en la zona. No hay que olvidar que, en el año 2005, según el censo de una comisión internacional, había alrededor de 200 barcos mayores de 24 metros autorizados a pescar en esa zona, de los cuales casi el 70% eran españoles.
J. M. Muñiz: El mar está siendo invadido y hay que actuar. La seguridad que existe para proteger la entrada de ayuda humanitaria está bien, pero es insuficiente.
M. Sobrino: Es que está hecha para proteger convoyes, no para proteger a los pesqueros. La situación de Somalia es el resultado de una guerra civil que aún no ha finalizado, porque ninguno de los contendientes ha sido capaz de imponerse a los otros. Es un país fraccionado en pseudoestados. Los señores de la guerra tienen una buena implantación fuera de Somalia y dinero. No tienen dinero para que coma la población, pero sí para armamento y tecnología de comunicación. Detrás de la piratería se esconde también la delincuencia transnacional organizada.
J. M. Muñiz: En estas zonas de África, en América Latina y en algunas zonas de Asia, la frontera entre violencia, terrorismo y piratería es muy difusa. Hay también una especie de terrorismo de guante blanco, con gente de uniforme que trabaja para la administración y que amenaza con prohibir que el barco zarpe si no se le paga. Los marineros ya saben que, cuando van a algunos puertos, deben de llevar algo de dinero en la bodega. Esto todavía es una manera de actuar en muchas zonas del mundo. También hay veces que acusan de un delito y no queda otro remedio que pagar la multa para no quedar retenido mientras se completan trámites legales.
J. Etchevers: Esto lo han hecho con nosotros, hasta hace poco, países europeos. Proponen que se acepte la culpa por un delito pequeño y amenazan con que, de lo contrario, habrá que esperar en el puerto a que haya un juicio. Cualquier armador, aunque sepa que va a ganar el juicio, firma ser culpable de una pequeña infracción que no ha cometido para no tener que afrontar las pérdidas que supone la retención del barco.
M. Sobrino: La piratería, en derecho, es algo muy concreto. Para que haya piratería tiene que haber una serie de circunstancias: que la tripulación de un buque privado, en alta mar y con propósito de lucro, ataque a otro buque privado. El supuesto del Alakrana es uno de los pocos registrados en los que está claro que se ha cometido un acto de piratería. Para juzgarlo, habría que dar competencia a los tribunales internacionales o crear un tribunal nuevo y específico en Somalia para resolver este tipo de situaciones.
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