ANA RAMIL. A CORUÑA.
Sin salir de la guardería, Juanjo ya contaba hasta diez y conocía todas las vocales. Con cuatro años leía a la perfección, se interesaba por temas de mayores y se negaba a realizar algunas fichas que le parecían muy sencillas. Sus padres siempre supieron que el pequeño era diferente a los demás, pero no fue hasta el año pasado cuando un informe confirmó sus sospechas: Juanjo es un niño de alta capacidad, ya que su coeficiente intelectual supera los 130 puntos. Ahora este coruñés de 8 años asiste a clase junto a niños de su edad, aunque algunas asignaturas se han adaptado a su nivel y da materias de cursos superiores. Unas medidas que para sus padres, Juan Fernández y Belén, llegan tarde. Este matrimonio coruñés denuncia que desde que solicitaron una evaluación para ver si su hijo era superdotado hasta que tuvieron la notificación oficial pasó más de un año y medio.
La odisea de Juan y Belén comenzó en 2006. El talento de Juanjo en algunas áreas -siempre ha sacado buenas notas- no iba acompañado de un buen comportamiento en clase. "Siempre le estaban echando del aula, se portaba mal, no atendía e incluso llegó a no querer hacer algún examen porque decía que era una tontería", señala Juan. "Es un niño muy inquieto y que se aburría en clase, pero desde el colegio nos tacharon de consentirle demasiado", añade Belén. Ante esta situación, el propio servicio de orientación del centro realizó un informe de Juanjo en el que determinaba que se trataba de un niño hiperactivo.
Sus padres no se conformaron con este diagnóstico. Sabían que detrás del mal comportamiento del pequeño estaba la desgana por recibir clases que le aburrían, y por ello solicitaron al colegio que le realizara una prueba para evaluar si podía tratarse de un niño superdotado. "Desde que lo pedimos hasta que vino el responsable de la Consellería de Educación que hace estas pruebas pasaron unos seis meses", recuerda Juan, quien añade: "Nadie nos informó de nada, tuvimos casi que forzar a que le hicieran el examen". Una vez realizado, llegó de nuevo la incertidumbre para esta familia de A Coruña. "Juanjo se negó a contestar algunas preguntas y el resultado del examen se quedaba cerca de los 130, pero no alcanzaba la puntuación para ser considerado de alta capacidad", señala Belén, y critica: "No nos decían ni sí ni no, porque mientras no esté confirmado, el colegio no tiene la obligación de ofrecerle clases personalizadas al niño acordes a su nivel intelectual".
La experiencia de Juanjo no es un caso aislado. Desde la Asociación de Altas Capacidades de Galicia aseguran que el retraso a la hora de detectar que una persona es superdotada suele ser algo "de lo más frecuente". "Hay falta de información, tanto a los padres que no saben cómo hacer frente al comportamiento que observan en sus hijos, como en los propios centros escolares", señala la presidenta de esta asociación, María Xesús Lois.
El protocolo de actuación de la Xunta ante los alumnos de alta capacidad comienza en el propio centro escolar. "Es el tutor del niño quien debe derivar el caso al departamento de orientación del colegio", señalan desde la Consellería de Educación. De ahí, el informe del niño se traslada a los Equipos de Orientación Específicos de la Xunta, uno en cada provincia, en los que siempre hay una persona especializada en altas capacidades. Entre unos trámites y otros suelen pasar meses y las conclusiones no siempre se ajustan a la realidad. "Hay veces en las que la alta capacidad se confunde con un niño hiperactivo, o incluso conocemos algún caso en el que, como el alumno era tímido y retraído, le dijeron que tenía autismo", resalta Lois.
Para la portavoz de la asociación autonómica de personas superdotadas detrás de la demora de los centros y la Administración está el trabajo que supone la presencia de un estudiante de alta capacidad en el aula. La legislación establece que estos alumnos tienen derecho a una adaptación curricular, es decir, que el profesorado imparta materia de niveles superiores al niño, pese a que éste sigue asistiendo a clase con sus compañeros de siempre. "Esto supone un trabajo extra para los profesores, que no siempre lo aceptan de buen grado, y rompe la dinámica de la clase", resalta, y añade: "La solución no es, como pasa en algunos colegios, el dar trabajo para casa. La adaptación debe producirse en clase".
Galicia no es la única comunidad que sufre esta problemática. En España se calcula que hay 105.000 niños superdotados que no están detectados, según el portal educativo educaweb.com. Aproximadamente el 2% de la población puede tener altas capacidades, pero durante el curso 2005-2006, el Ministerio de Educación sólo tenía identificados a 3.020 alumnos con sobredotación intelectual. De ellos, la mayoría residían en Andalucía (836), seguida de Madrid (473), Castilla y León (302) y Galicia (244). Por el contrario, Asturias y Aragón se sitúan como las comunidades con menor número de alumnos superdotados, al tener identificados a 45 y 17, respectivamente.
Por el momento, sólo en las Islas Canarias existe un programa específico para niños de altas capacidades con campañas de identificación temprana y sistemática que se realizan en todos los colegios, y un seguimiento personalizado de de cada alumno.
En el resto de España, la demora para identificar una superdotación es lo habitual. Juanjo ya no tiene este problema. El próximo curso empezará tercero de Primaria, pero en Lengua y Matemáticas dará un nivel de quinto. Eso sí, nadie más que él, sus padres y el profesor lo sabrán.
200 gallegos adelantan curso
La actual legislación establece que todos aquellos estudiantes con una alta capacidad intelectual tienen derecho a una atención específica para evitar malos rendimientos académicos al demandar un nivel de conocimientos más elevado del que se imparte en el curso que le corresponde por edad. Esta atención especial puede consistir simplemente en una adaptación curricular o, en ocasiones, en que el alumno adelante un curso.
Los padres y el departamento de orientación del colegio correspondiente son los encargados de analizar esta posibilidad, ya que el alumno pasaría a dar clase con estudiantes más mayores que él. Por este motivo, la Consellería de Educación sólo permite adelantar un curso y no más. El objetivo de esta medida es evitar el fracaso escolar, ya que "si no se adapta el ritmo de aprendizaje a las cualidades del estudiante, éste se aburrirá en clase y su rendimiento académico puede bajar", señalan desde Educación.
La Xunta estima que medio millar de estudiantes gallegos tiene una inteligencia superior a la media en una o varias materias. Los expertos diferencian entre las personas superdotadas -aquellas cuyo coeficiente intelectual es superior a 130 y destacan en todas las áreas de conocimiento- y los talentosos, quienes sólo sobresalen en una determinada materia, mientras que en el resto su aprendizaje es igual a la media de clase. Los únicos que pueden adelantar curso son los superdotados. En el conjunto del alumnado gallego hay un total de 204 estudiantes que asisten a clase un curso por encima del que le correspondería por edad.
En otros países, también existe la posibilidad de agrupar a los alumnos superdotados en centros específicos. En Galicia, los expertos rechazan esta opción. La directora de la Unidad de Superdotación de la facultad de Psicología de Santiago, Olga Díaz, lo descarta: "Habría que agrupar a los niños de toda la comunidad, con el trastorno que esto llevaría".