CARLOS ETCHEVERRÍA ES PRESIDENTE DEL ATENEO REPUBLICANO DE GALICIA
No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo (Voltaire). Luis García Montero, catedrático de literatura en la Universidad de Granada, es uno de los más grandes poetas vivos que tenemos en España. Autor de extensa obra literaria, comprometido con la sociedad, sencillo, íntimo, ha sido condenado por injurias, en un proceso abierto a instancia de José Antonio Fortes, un colega de su departamento con el que, desde hace años, sostiene serias discrepancias. Entre otros juicios, el profesor Fortes ha venido manteniendo fuera y dentro del aula la opinión de que F. García Lorca o Francisco Ayala eran fascistas.
No pretendo entrar en cuestiones de técnica jurídica (si los hechos constituyen ofensa o mera crítica), como tampoco examinaré si la sentencia se acomoda a la legalidad. No obstante, si el derecho rige los comportamientos y relaciones entre personas para generar un orden social, tal resolución judicial nos plantea lo inadecuado de esas reglas. No ha de ser sobresaliente perseguir la injuria veraz en detrimento de la razón, la historia y la responsabilidad académica.
Con semejante bagaje intelectual, el profesor Fortes no es que dicte disparates o sea un perturbado, expresiones que el juez considera injuriosas. Es un sujeto sin derecho a la protección penal al carecer de dignidad. Es él quien, agraviadamente y sin fundamento, pone en duda la honorabilidad y estimación de otros, a la vez que se burla de los valores democráticos.
¿De qué orden social hablamos? Bajo pretexto de libertad de cátedra, se expresan impunemente juicios contra la razón, la ciencia o la verdad histórica. Desde el templo del saber, sus autores hacen inmenso daño a los alumnos, pero este delito de ofensa a la humanidad carece de protección frente a los infames transgresores. Poner de evidencia y censurar estos comportamientos, en ningún caso atrae la atención de la justicia. Esta parece más preocupada por el mensajero que por quien tiene, en efecto, alteradas sus facultades mentales.
La moderna inquisición se ha cobrado una víctima más, que no la última. Quienes admiramos a Luis García Montero por su ejemplar comportamiento social, al margen de su excelsa trayectoria literaria, nos sentimos solidarios con su suerte.