CARMEN VILLAR. SANTIAGO.
El fenómeno de botellón es como el dios Jano de los griegos. Tiene dos caras y para los expertos resulta difícil mirarle frente a frente sin centrarse en una de ellas. Por un lado, se trata de conciliar el derecho a divertirse de la juventud, con el derecho de otros al descanso, y por otro, se intenta proteger a los menores de edad que participan de esta opción lúdica. Así quedó de manifiesto en un encuentro organizado ayer por la Dirección Xeral de Administración Local en Santiago y en donde participaron sociólogos, vecinos, policías, concejales, políticos, médicos y jóvenes.
Una parte de la Xunta, en concreto la Consellería de Sanidade, representada por el director xeral de Saúde Pública, Víctor Pedreira, hizo hincapié en los riesgos que conllevan estas prácticas para la salud de los más jóvenes y en la necesidad de una legislación que acote los terrenos más que de botellódromos que no garantizan que los más jóvenes no se intoxiquen. Para Pedreira, la solución pasa por educar y regular. Por el contrario, aunque coincidieron en apelar a la educación, los demás invitados concordaron en que prohibir no es la solución, en que hay que abordar el problema desde una perspectiva multidisciplinar y en que los padres tienen una responsabilidad que asumir.
Rosario García Rúa, médico del 061, pretendía "desmitificar" el problema. "No sé cuál es la solución, pero sí cuál no: prohibirlo, porque borrachos hubo siempre y al botellón sólo le falta la orquesta para ser una verbena". "Para mí se trata de un problema familiar de educación", señaló.
Rubén Cela, director xeral de Xuventude, cree que el problema de salud pública que representa va más allá del botellón. "Es más global. Si de verdad nos preocupa hay que buscar una solución integral. Lo que no sirve es que un chico con una litrona en un parque sea un delincuente y alguien que puede tomarse diez Chivas en un local nocturno no", argumentó Cela, quien recordó que existen en Galicia 530.000 jóvenes y que el fenómeno es "minoritario".
Begoña Rodríguez, directora xeral de Administración Local, cree "fundamental" que toda la sociedad se implique, pero sobre todo los padres. "Sobre todo cuando son menores tenemos que saber a qué horas llegan a casa y cómo llegan. La excesiva permisividad no es beneficiosa", aseguró.
Para Daniel Macenlle, intendente jefe del cuerpo de Policía Local de Pontevedra, la juventud actual "tiene la cabeza bien amueblada" y "no se les puede criminalizar", aunque reconoció que hay que tomar medidas para dar respuestas a las consecuencias de estos encuentros.
Luis Tojo, de la asociación juvenil A Bola de Cristal, aseguró que los jóvenes celebran botellones con el fin último de "ligar".