MARTA VILLAR | A CORUÑA
Hace 181 años que el apellido Villar figura detrás del mostrador de la farmacia de la calle Real, la más antigua de la ciudad y el local más veterano de esta céntrica calle, al igual que su droguería. Este establecimiento, durante años, no sólo surtía de medicamentos a los clientes, sino también de productos menos habituales en una farmacia, relacionados con la fotografía. "Aquí se surtían fotógrafos tan conocidos como Caamaño o Manolo Ferrol", explica Alberto Villar, la quinta generación al frente de este local.
Esta peculiaridad se debe a la afición a la fotografía del tatarabuelo de Alberto Villar y nieto del fundador, José Villar Martelo, que a lo largo de su vida realizó más de 10.000 imágenes, en su mayoría tomadas con una cámara estereoscópica que permitía su visión en tres dimensiones. Algunas de estas fotografías pueden verse desde el pasado día 6 y hasta el próximo 5 de enero en el número 5 de la calle Olmos, al lado de la droguería Villar.
En esta muestra organizada por los hijos de Alberto Villar, la sexta generación de la saga farmacéutica, pueden verse algunas de las imágenes más antiguas, e inéditas, de diversas zonas de la ciudad, realizadas entre 1900 y 1915, como una Torre de Hércules que aún contaba con la casa del farero a sus pies; o el mercado de abastos en San Agustín.
"Mi abuelo fue uno de los pioneros de la fotografía en A Coruña. Junto a Sellier y Ferrer formó el trío de fotógrafos", explica Alberto Villar. La exposición está ubicada en el bajo donde antiguamente se ubicó la droguería de la familia y adonde volverá próximamente, y en la planta alta estuvo en su día el laboratorio de este fotógrafo coruñés apasionado por fijar imágenes sobre un soporte de cristal para verlas después en tres dimensiones.
"Mi hijo Juan tuvo la idea de rendirle homenaje a su bisabuelo con motivo de la reforma que hicimos de este bajo. Él desempolvó las imágenes, fotos sobre placas de cristal, las limpió, clasificó, ordenó y amplió", resalta Alberto Villar.
"Me llevó tres años toda esta labor. El problema fue imprimir las fotografías, positivarlas desde el cristal. Por casualidad contacté con un fotógrafo catalán que me ayudó, y conseguimos imprimir tras usar un escáner especial, y conseguimos una buena calidad de imagen. Con este trabajo he empezado a aficionarme a la fotografía", relata Juan Villar, uno de los hijos de Alberto. Una parte de las fotografías realizadas por su antepasado las posee el Ayuntamiento de A Coruña.
José Villar Martelo acudió a una exposición internacional en París cuando contaba 26 años y allí conoció a Jules Richard, inventor de la cámara Verascope y quedó fascinado por esta técnica fotográfica. Compró una cámara y empezó a hacer fotografías como hobby.
"Como suministraba a muchos botiquines de la periferia aprovechaba para llevarse la cámara y hacer fotografías, por eso tenemos imágenes también de Sarria, Curtis, Arteixo, Oza dos Ríos", destaca Alberto.
Como farmacéutico, su antepasado tenía conocimientos de química y compraba los productos necesarios para revelar y fijar a las grandes casas europeas y después realizaba sus propias mezclas en grandes tanques que instaló en su laboratorio. "Tenemos las instrucciones originales de estas cámaras antiguas, catálogos de 1900 e incluso instrucciones de cómo fabricar algunos líquidos y frascos con sus etiquetas originales", añade Alberto. Por esta razón también vendía en la farmacia productos químicos a los fotógrafos coruñeses de la época. La exposición organizada por la familia en la calle Olmos incluye una treintena de imágenes realizadas en blanco y negro y sepia. Entre ellas puede verse la que quizá es la fotografía más antigua del mercado de San Agustín, de 1905; la llegada del pintor Francisco Lloréns a la estación de tren procedente de Roma; una fiesta en la playa de Riazor en 1906 o el naufragio del barco inglés Diligent, también en esta fecha, en la dársena coruñesa -debido a este suceso se organizó el primer partido de fútbol en la ciudad, a beneficio de los marineros británicos que no tenían forma de regresar a su país-. Los que visiten esta muestra también pueden adquirir copias de estas imágenes.
La exposición incluye una muestra de cámaras antiguas como una estereoscópica Sputnik de 1960 o un visor de 1915 para contemplar imágenes en tres dimensiones a partir de placas de cristal. Figura también un retrato de este Villar aficionado a la fotografía y su baúl de viaje con chaquetas y sombreros que le pertenecieron.
"En casa aún tenemos más material, otro visor, más antiguo, de 1900, y más imágenes", agrega Juan Villar. La exposición también exhibe fotografías de Egipto, Marruecos, Sudáfrica, Londres, Japón, Francia, y del parque Yosemite en Estados Unidos, realizadas por Jules Richard, con quien José Villar se intercambiaba material.
"Yo tenía cinco años cuando murió mi abuelo pero lo recuerdo como muy simpático, cariñoso y muy espléndido", asegura Alberto Villar. Generaciones de coruñeses han sido y son clientes de la farmacia Villar y también muchos visitantes, el más reciente la actriz Melanie Griffith, que compró unas pastillas para la garganta en su reciente visita a la ciudad junto a su marido Antonio Banderas para recibir la Medalla de Oro en Bellas Artes.
La farmacia Villar es museo y caja de sorpresas: conserva muebles centenarios; antiguos frascos de porcelana que contenían productos y fórmulas; una gigantesca báscula de 1923 fabricada en Toledo, pero en el Toledo de Ohio, en Estados Unidos; y en sus numerosos recovecos interiores hay desde los aparatos más singulares hasta retratos de las cinco generaciones que han estado al frente de este local desde 1827.