ANA RAMIL A CORUÑA
Los especialistas de la Unidad de Salud Mental del hospital Materno Infantil Teresa Herrera de A Coruña atienden cada año a 400 nuevos niños que sufren algún problema psicológico, desde fobias hasta trastornos de personalidad o cuadros depresivos. El motivo de consulta varía según la edad y mientras el trastorno de comportamiento -que conlleva que el joven actúe de forma agresiva y antisocial- protagoniza la mayoría de los diagnósticos entre los adolescentes, gran parte de los menores de 12 años presentan cuadros de hiperactividad.
El trastorno de déficit de atención o hiperactividad -que afecta al sistema nervioso central- es una patología que afecta a casi el 8% de la población infantil española y que se caracteriza porque los pequeños presentan una actividad constante y falta de atención. Estos niños son inquietos, incapaces de estar mucho tiempo sentados y se distraen y olvidan de las cosas con facilidad. Sin embargo, los expertos alertan de que esta patología se ha convertido en un "cajón de sastre" que esconde otros problemas. "Detrás de lo que aparentemente es un niño hiperactivo se encuentran muchos cuadros de depresión", indica el psicólogo del Materno Manuel Fernández, quien asegura que este tipo de problema ha aumentado en los últimos años.
Al contrario de lo que ocurre en los adultos, los niños no presentan signos de desánimo, apatía o postración cuando sufren una depresión sino que manifiestan inquietud y nerviosismo. "Los pequeños depresivos reaccionan a esta situación con la defensa, luchan contra lo que les abruma y para ello comienzan a tener una actividad continua", indica Fernández. Unos síntomas que, en ocasiones, pueden confundirse con la hiperactividad. La diferencia entre ambos trastornos radica en el tiempo en que el pequeño lleva con los síntomas. Mientras los niños hiperactivos suelen tener este comportamiento de forma constante, en los casos de depresión se produce un cambio de actitud radical. "Los padres conocen a sus hijos y uno de los signos de alarma es que sufra un cambio de comportamiento significativo", indica este psicólogo coruñés.
Los problemas familiares o con los compañeros de colegio suelen estar detrás de las depresiones de los más pequeños. "En ocasiones, los padres no piensan que puede tratarse de este trastorno porque no saben que su hijo sufre acoso escolar o problemas con sus amigos", indica Fernández. Sin embargo, en la mayoría de los casos, son cuestiones familiares las que causan los cuadros depresivos infantiles. "Los niños son muy sensibles a cualquier tipo de conflictividad en el hogar y por tanto, les afecta mucho el divorcio o la separación de sus padres, sobre todo cuando se genera un conflicto de lealtades y cada progenitor presiona al pequeño hacia uno u otro bando. En esos casos es frecuente que el niño pueda llegar a sufrir una depresión", indica Manuel Fernández.
Otro de los factores que contribuye a la depresión infantil es "el abandono" que sufren algunos niños en la sociedad actual. "Son pequeños que están cuidados y no les falta nada en lo material pero tienen carencias afectivas porque se pasan mucho tiempo solos en casa o porque debido al ritmo de vida de hoy en día, sus padres no conversan con ellos o no les prestan la atención suficiente", indica este psicólogo del Materno Infantil, quien añade: "Cuando falla el soporte afectivo puede aparecer la depresión. Los niños necesitan saber qué lugar ocupan en la vida de sus padres y por ello, les afecta sentirse como un estorbo para su familia o saber que, en su día, sus padres no querían tenerlo, por ejemplo".
A la hora de solucionar los cuadros de depresión, este psicólogo coruñés apuesta por la terapia antes que los medicamentos. "Normalmente cuando se descubre el origen del problema basta con que la familia y el niño vengan a terapia durante unos meses", señala Fernández. Sin embargo, reconoce que, en muchos casos, los facultativos tienden a la sobremedicación. "En el caso de los adultos, uno de cada cinco que acude a Atención Primaria sale con una receta para ansiolíticos o antidepresivos y en los niños, la mayoría de los tratamientos para la hiperactividad son prescritos por los pediatras en lugar de por psicólogos", resalta.