RAFAEL MONTANER | A CORUÑA
-Facebook, Myspace, Tuenti... y así hasta más de 3.000 redes sociales en todo el mundo. Estas plataformas web que conectan entre sí a personas arrasan en internet. ¿Por qué cree que están tan de moda, especialmente entre jóvenes y adolescentes?
-Por su facilidad de uso, porque vienen a aglutinar todas las herramientas que hasta ahora se utilizaban de forma dispersa: correo electrónico, webs, subir o ver y compartir vídeos y fotos, programas para chatear, blogs... Cualquier red social te permite hacer todo eso en una sola web sin saber ni una patata de informática. Además de ese atractivo está también el objetivo que tienen, que es poner en contacto a gente, que es la esencia de internet.
-¿Qué peligros esconden?
-El principal es la pérdida de tiempo. Son bastantes fascinantes y te enganchan. Una persona adulta perfectamente sensata puede tirarse tres horas sin darse cuenta mirando los perfiles y las fotos de sus amigos. Eso, trasladado a un niño o a un adolescente, pueden ser 6 o 7 horas enganchadísimos. Otro de los grandes riesgos es la falta de privacidad. Nunca en la historia de la humanidad tanta gente ha puesto al alcance de cualquiera tantos datos de tipo personal. Es decir, ya no hace falta que la CIA o quien sea nos espíe porque ya damos todos nuestros datos abiertamente al público en general. La gente está poniendo en las redes, desde un punto de vista totalmente imprudente, el lugar en el que vive, los nombres de su familia con fotografías incluidas, datos de los colegios de sus hijos, sus teléfonos... O sea, que tienen su vida privada al descubierto. Eso en manos de terceras personas con malas intenciones evidentemente te puede perjudicar.
-Esta nueva forma de relacionarse se está imponiendo entre los adolescentes. ¿Es peligroso?
-Es muy peligroso. Los niños creen que lo normal, porque es lo que estan viviendo en esta eclosión de las redes sociales, es tener la vida al descubierto. No son conscientes de hasta que punto esa falta de privacidad, de intimidad, puede perjudicarles. Me parece gravísimo que niños de 11 años estén poniendo alegremente datos personales y fotos en las redes sociales sin la autorización de sus padres. Eso, además de ser ilegal, les pone en peligro ante pederastas, secuestradores, ciberacosadores o cualquiera que les quiera chinchar. En México, los secuestradores están encantados porque seleccionan sus posibles víctimas a través de las redes sociales.
-¿Qué podemos hacer ante este lado oscuro de la Red?
-No soy partidaria de la prohibición, sino de fomentar la información y la educación. La mayoría de cosas que pasan es por culpa de la ignorancia. Muchos niños te discuten que las fotos sólo las ven sus amigos, y basta con entrar en ellas y demostrarles que no es así. Hay que hacer saber a los niños y jóvenes, y también a los adultos, que sus fotos las están vendiendo y pueden ir a parar a sitios que no les gustaría, como revistas de contactos de gays. Además, no hay que olvidar que todo lo que se sube a internet ya no se puede bajar. No hay marcha atrás. Por tanto hay que ser muy prudente antes de colgar una foto.
-Pero es difícil poder saber y controlar lo que hacen los hijos en internet. Mientras ellos son nativos digitales a muchos padres la Red les suena aún a chino.
-Eso es verdad, un porcentaje bastante alto de padres desconocen que sus hijos estan en redes sociales. Todos los menores españoles a partir de 11 años, o un poquito más, las usan. Es rarísimo encontrar algún niño o niña que no las utilice. Es la manera que actualmente tienen los menores de socializarse, de comunicarse entre ellos. No se puede ir contracorriente.
-Entonces, ¿deben de preocuparse con lo que hacen sus hijos en la Rred?
-Mucho. Internet ocupa cada vez más la vida de los niños. No pueden pensar que se están autoeducando en la Red. Eso es imposible. Son como una esponja que absorben tanto lo bueno como lo malo. A los padres no les queda otra que conocer eso y sobre todo acompañar a sus hijos lo máximo posible en sus experiencias digitales, particularmente cuando son pequeños y explicarles razonablemente los contenidos que no son apropiados para ellos.
-¿Qué podemos hacer para que la red no sea una trampa para nuestros hijos?
-No podemos dejar a los menores en internet a su libre albedrío, es como abandonarlos en la selva y que se apañen. El ordenador debe estar en el salón, en el sitio donde la familia pasa más tiempo.