MARTA VILLAR | A CORUÑA
Ernesto López se sienta ante la primitiva centralita telefónica de la calle San Andrés, un aparato fabricado en 1930, y marca un número. Suena el teléfono móvil de la periodista que le entrevista y demuestra así que la maquinaria ha sido perfectamente restaurada y podría funcionar hoy en día, cuarenta años después de rescatarla de la chatarra. Al lado de este aparato se muestra otra joya tecnológica: un reloj patrón, el que daba la orden a todas las centrales de la provincia para que, a las diez de la noche, se cambiase el paso y el teléfono costase la mitad. Eran tiempos en que existía tarifa nocturna en la telefonía.
Estas preciosas piezas, junto a otras muchas como prehistóricos teléfonos de batería, una centralita manual del año 1924 o diversos telégrafos, han sido rescatadas, restauradas y arregladas por cinco prejubilados de Telefónica que han dedicado su tiempo libre al fin altruista de conservar la historia de las telecomunicaciones en A Coruña desde el teléfono punto a punto, para comunicar el despacho del jefe con sus las oficinas, hasta el más moderno y ligero móvil o el ADSL. Han hecho arqueología de la telecomunicación.
Ernesto López, Félix Rodríguez, Pablo Bouvard, Arturo Rial y José Luis Sotelo son los cinco prejubilados de Telefónica en A Coruña que hace quince años tuvieron la idea de realizar esta extraordinaria iniciativa con el objetivo de crear un museo didáctico que transmita historia y conocimientos a las nuevas generaciones. Un museo único en España, a excepción del de Madrid.
"En el museo de Madrid simulan el funcionamiento de los aparatos, en el nuestro todas las piezas funcionan de verdad y se puede comprobar. Es un museo expositivo pero el nuestro es didáctico, está vivo", especifica Félix Rodríguez, que fue subdirector de Galicia de red en la central coruñesa de Telefónica.
Este museo que han construido pieza a pieza con mucha ilusión estos cinco particulares, sin embargo, aún no es un museo. A pesar de su valor "incalculable", tanto económico como patrimonial, no está abierto al público, no tiene unas instalaciones adecuadas y sobrevive gracias a la ayuda de la Fundación Telefónica que les ha dejado un bajo en su sede de O Montiño.
"Dejamos un patrimonio de un valor imposible de calcular, se lo damos hecho, pero por ahora ninguna institución tiene interés. Cuando empezamos con la restauración vino un día el alcalde, Paco Vázquez. Ahora también hablé hace poco con Javier Losada. Todos lo valoran. La esperanza que tenemos es que la Fundación Telefónica nos ha dicho que nos ayudará si nadie quiere hacerlo", explica Félix.
El futuro Museo Nacional de Ciencia y Tecnología en A Coruña sería la "ubicación ideal" de estas piezas, según asegura Ernesto López. "También hablé con el rector de la Universidad. Le propusimos crear un museo que enlazase las telecomunicaciones con la informática. Le pareció muy bien pero nos dijo que no tenía recursos.", afirma Rodríguez. "Para hablar de la historia de la informática tienes que pasar por esto, por la telefonía, es el comienzo de internet", añade Ernesto López.
No es un museo aún, pero la labor desinteresada de estos prejubilados llega al extremo de abrirlo, enseñarlo y explicarlo si alguien se lo pide. Hace dos semanas vinieron estudiantes de Formación Profesional de Santiago, al interesarse por su labor el director del centro. "Se lo enseñé en tres turnos, hora y media cada uno, acabé cansadísimo", cuenta Félix Rodríguez, que además de mostrar explica la historia y el funcionamiento de cada pieza.
"Les digo: '¿Sabéis cómo funciona el teléfono? Y no saben, y se quedan asombrados cuando les cuentas que la vibración de las cuerdas vocales se transforma en corriente alterna que se recoge y se transmite", añade Félix Rodríguez. Por eso estos ex trabajadores de Telefónica resaltan el valor didáctico y pedagógico de su museo y su utilidad para escolares, alumnos de telecomunicaciones y de Informática.
No es un museo, y sin embargo la Universidad recurre a él para sus trabajos. El campus de Ourense y la Escuela de Telecomunicaciones de Vigo preparan actualmente la publicación de un libro sobre la historia de las telecomunicaciones en Galicia -con motivo de que el Día das Letras Galegas de este año coincide con el 150 aniversario del telégrafo-. "En la publicación del libro una parte fundamental será contar la historia de este museo", explica Susana Regoreda, profesora de Historia en el campus ourensano e integrante de esta iniciativa.
La historia de este museo que aún no es museo comenzó hace más de una década. "La idea surgió en el 94, después de que cerrara la central del Espino, ubicada en la zona donde está ahora El Corte Inglés. Habíamos ido a ver el museo de telecomunicaciones de Madrid y se nos ocurrió hacer uno. El primer año estuvimos con la Rotary, una central de conmutación que estaba en Espino, que se instaló en 1963 y que fue desmantelada. Ahora funciona al 90%. Era mucho más grande, tuvimos que cortarla, volver a empalmar cables, restaurar. Le pedí a Félix, que era mi jefe, y a Bouvard que me dejasen un local para empezar. Todos los aparatos habían ido a la chatarra", relata Ernesto López, quien destaca también la labor del telegrafista Arturo Rial, que restauró y barnizó cada pieza.
En el caso del cuadro interubano, la centralita a la que se sentaban las operadoras en la calle San Andrés hasta 1970, la restauración fue una difícil tarea. "No teníamos la documentación técnica ni los circuitos ni las clavijas. Tuvimos que hablar con las telefonistas jubiladas. Les dijimos siéntate y haz como si recibieses una llamada. Y así vimos a dónde había que conectar las clavijas", subraya Ernesto. El museo muestra antiguas centralitas y prehistóricos teléfonos, aparatos de Morse y de telégrafos, télex o un viejo equipo TRAC de telefonía rural. También exhibe la evolución de esta tecnología: la telefonía fija, con los distintos modelos de teléfono; la móvil, desde aquellos primeros y pesados maletines; y desde la red Iberpac de los años setenta hasta el ADSL y la fibra óptica.