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alba sambade
Ingeniera industrial, trabaja en el sistema de control de uno de los cuatro grandes experimentos del superacelerador del CERN 

El año cero de la ciencia

"La seguridad para el gran experimento es extrema. Ahora, para acceder a los túneles, hay que pasar por un escáner de iris"

 
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La ingeniera coruñesa Alba Sambade en las instalaciones del CERN de Ginebra. LOC


SANTIAGO ROMERO Este otoño, todo el mundo estará pendiente del mayor reto científico planteado hasta el momento: la reconstrucción del Big Bang -la explosión que dio origen al universo- que inaugurará el LHC, el nuevo superacelerador de partículas instalado a cien metros bajo tierra en el CERN de Ginebra. Será verdaderamente el año cero de la ciencia -que podría verse obligada a replantearse las leyes físicas que rigen el cosmos tal y como las conocemos ahora-, que verá abrirse puertas inimaginables. El experimento más descomunal jamás realizado, que implica a miles de científicos con un coste de cinco mil millones de euros, suspendido en septiembre del año pasado por problemas técnicos en medio de una psicosis alarmista que acosaba al CERN en internet y los juzgados como impulsor de una catástrofe que provocaría el fin del mundo, se retomará nuevamente a finales de septiembre o inicios de octubre. A esta cita fascinante no faltará la ingeniera industrial coruñesa Alba Sambade, que relata desde Ginebra la atmósfera que vive en las vísperas del gran día.

"El año pasado, tuve la suerte de estar aquí justo antes de la puesta en marcha, se notaba mucho esa presión -recuerda la ingeniera coruñesa-. Había ilusión, pero también mucho nerviosismo. Sobre todo, cuanto más subías en la escala de responsabilidades. Ahora, como hemos tenido un año extra para prepararnos, mejorar sistemas, añadir nuevas funcionalidades, en general el ambiente está tranquilo. Estamos confiados, entre comillas".

¿Hasta dónde llegan esas comillas? "Es evidente que a medida que se acerca la fecha del experimento -ya empezamos a hacer turnos completos de 24 horas-, la tensión se nota otra vez. La gente quiere tener todo muy atado". Alba Sambade califica de simples bulos a los rumores que corrían en la Red acerca de la posibilidad de que la puesta en marcha del LHC generara un agujero negro que acabase por tragar a la Tierra. "Creo que ni el público común presta ya la más mínima atención a estos rumores sin fundamento científico alguno. Nadie cree que un experimento de esta dimensión colosal se haya planeado sin haber valorado los riesgos. Es cierto que hay una remota probabilidad de que se produzcan agujeros negros, pero la vida media es tan baja que no les da tiempo a autogenerarse y lograr el efecto de absorber todo a su alrededor. No hay posibilidad de que ese agujero negro llegue a ser una amenaza."

En todo caso, el CERN ha extremado sus medidas de seguridad a niveles de James Bond. "Los accesos al túnel están controlados muy rigurosamente. Ahora acaban de implementar las medidas de seguridad con un escáner de iris. Ya no basta con las tarjetas personales. Se trata de que nadie pueda entrar usando la tarjeta de otro".

Alba Sambade participa en uno de los cuatro grandes experimentos del nuevo superacelerador, el denominado LHCb -que engloba a unas mil personas-, bajo la supervisión directa de la jefa de control, la científica portuguesa Clara Gaspar. Su objetivo suena a ciencia ficción. "Tiene cierta relación con el argumento de la película Ángeles y demonios, que trata de la antimateria. La b de LHCB viene del quark beauty (belleza), con el que buscamos comprender cómo se rompió tras el Big Bang la paridad entre materia y antimateria. Aunque suene a algo fantástico, la antimateria existe; no es la nada, es algo, pero al entrar en contacto con la materia se elimina. Sabemos que en el origen del universo había la misma proporción de materia que de antimateria. Ahora queremos descubrir qué fue lo que rompió el equilibrio a favor de la materia".

El CERN envió recientemente a la ingeniera coruñesa como representante del experimento LHCb a la Real Time Conference en China, una cumbre sobre novedades en el campo de la adquisición de datos en tiempo real y sistemas de control que se celebra cada dos años en un diferente lugar del mundo. Para hacerse una idea de lo que es, en la Real Time Conference se habló por primera vez, en su momento, de los GPS. Ahora, lo último en este terreno son las FPGA (Field Programmable Gate Array) . "Hubo mucha discusión sobre estas tarjetas, que no funcionan a nivel de usuario, no se pueden comprar en un centro comercial, son para plantas industriales. Por ejemplo, en una fábrica de pinturas, estas tarjetas pueden controlar toda la información de la acidez de los tanques".

Pese a encontrarse en el epicentro de la tecnología mundial, Alba no olvida su tierra. "Aquí hay un ambiente fantástico, pero se echa de menos la casa. No descarto volver. Mi especialidad es la energética y en Galicia se abren posibilidades en ese campo".

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