ÁGATHA DE SANTOS | VIGO
El cineasta vasco Álex de la Iglesia, presidente de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, pasa unos días de asueto en el Hotel Balneario de Mondariz antes de asistir a la reunión que las academias de cine europeas celebran mañana en Praga. Pero el director de Los crímenes de Oxford y La comunidad no sólo dedica su estancia a pasear y tomar baños termales, sino que aprovecha para escribir un guión. "Esto es lo más parecido a unas vacaciones que he tenido en seis años. Y entre baño y baño, escribo", afirma.
-Viendo los frentes abiertos que tiene el cine español, ¿se arrepiente de haberse presentado a la presidencia de la academia?
-No. Hay dos cosas maravillosas en este mundo. La primera, que tus películas funcionen y puedas vivir de hacer cine, y la segunda, ser reconocido por los profesionales que trabajan contigo. Y yo tengo la suerte de tener las dos cosas.
-¿Qué metas se ha marcado como presidente?
-Primero, conseguir unidad, que, aunque la hay, tienes que demostrarla. Quiero que gente como Pedro Almodóvar y José Luis Garci vuelvan a la academia. El segundo, y más importante, recuperar el respeto, la buena imagen que tiene nuestro cine fuera, en los medios de comunicación.
-¿Ya ha hablado con Garci y Almodóvar de su vuelta a la academia?
-Sí. Pedro (Almodóvar) está en Nueva York y se ha mostrado contento y dispuesto, pero hay que hacerlo con calma, sin presionar.
-Dice usted que el cine ha perdido su prestigio...
-Según una encuesta reciente, más del 60% del público opina que nuestro cine es bueno o muy bueno, pero lo importante es que se explique y se comente en los medios. Tenemos que conseguir respeto y hacer comprender que la academia no tiene ideología, que es independiente, al igual que el cine. Y lo más importante: acercar el cine al público.
-¿Cómo?
-De muchas maneras. Podemos cambiar de objetivos y establecer una autocrítica. Tenemos que trabajar para unos clientes, que son los espectadores, más que para satisfacer nuestras ansias cinematográficas. El cine es un negocio y hay que vender un producto, lo que no quiere decir que tengas que renunciar a tu creatividad. El Orfanato es una película perfecta: comercial e inteligente.
-¿Se ruedan más películas de las que el mercado puede absorber, tal y como afirma el presidente de la Federación de Productores, Pedro Pérez?
-Siempre le he dicho que no comparto esa opinión. Creo que cuantas más se hagan, mejor porque fortalece la industria. No hay que olvidar que miles de familias viven, directa o indirectamente, del cine en España. Y tampoco comparto lo de las subvenciones. Los datos que dan son desproporcionados, erróneos y malintencionados. El Museo Reina Sofía, por ejemplo, recibe más subvención que el cine, por ejemplo. Y a nosotros nos las dan dos o tres años después y nunca más del 33% del dinero invertido. Y lo más terrible, puede que no te la den si no llegas a una cuota de pantalla. Yo hipotequé mi casa dos veces para producir 800 balas y la verdad, no creo que produzca otra película en mi vida. Quien produce cine en este país es que lo ama a muerte.
-¿Y qué interés hay en dar estos datos erróneos?
-Económico. Hay un sector del audiovisual que prefiere que esas ayudas se inviertan en otras cosas que no sean cine.
-Muchos cineastas se quejan de que las películas españolas no se mantienen en cartelera...
-Para mí, lo más importante son las salas de cine. Quiero que el público vea mis películas en el cine, y para esto los distribuidores y exhibidores son esenciales. Mis películas han funcionado siempre bien porque los distribuidores y exhibidores han sabido moverlas de un cine a otro. No podemos hacer cine sin ellos y deben formar parte de la academia. Les pido perdón por muchos años de no hacerlo.
-Su antecesora, Ángeles González-Sinde, fue muy crítica con las descargas en internet, a las que culpaba de la falta de espectadores en las salas. ¿Lo comparte?
-No podemos arremeter contra lo inevitable. Debemos dar la voz de alarma y hacerle frente juntos. Internet es imparable y hay que ver de qué forma se hace y en qué condiciones para que no beneficie a unos pocos y perjudique a otros muchos.
-¿Cuándo está previsto que comience el rodaje de La marca amarilla, su nueva película?
-En marzo del próximo año. Estamos luchando con los actores porque son seis, de calibre internacional, y es difícil ponerles de acuerdo en las fechas.
-¿Es difícil convencer a actores como Kiefer Sutherland (24) y Hugh Laurie (House) para rodar a las órdenes de un cineasta español?
-Si les gusta el guión y pagas su caché, aceptan. Además, están encantados de hacer cosas distintas a las que se les propone en Hollywood. Aunque ésta es una película europea grande, para ellos continúa siendo un proyecto pequeño comparado con las que se hacen en Estados Unidos.
-¿Sus obligaciones como presidente de la academia le permitirán continuar con estos proyectos?
-Va a ser complicado. Mañana tengo precisamente una reunión en Praga de las academias de cine europeas y, a la vez, otra en República Dominicana. Tenemos que repartirnos el trabajo porque uno solo no puede atenderlo todo y además su propio trabajo porque este cargo no está remunerado.
-¿La marca amarilla es su proyecto más ambicioso?
-Sin duda. Es un proyecto en el que empecé a trabajar hace ocho años y que rodaré en Alicante y Londres. Conseguí los derechos de autor hace cuatro y desde entonces intento sacarlo adelante. Es una coproducción entre Francia, Reino Unido, Bélgica y España, y aunque la productora mayoritaria es Francia, al ser un realizador español me la traigo a España, y todo el equipo técnico es español.