TANIA SUÁREZ | A CORUÑA
El Ayuntamiento utiliza algunos centros cívicos de la ciudad para impartir a los chabolistas de Penamoa los cursos que debería ofrecer en los edificios prefabricados del poblado por los que paga un alquiler mensual de 1.900 euros. "Los módulos convivenciales están infrautilizados. Hay un problema en el abastecimiento de agua y no prestan los servicios que deberían prestar", reconoce Santiago González Avión, director técnico de la Fundación Secretariado Gitano, la entidad que colabora con la Concejalía de Servicios Sociales en el realojo de los chabolistas.
El Concello anunció que los vecinos de Penamoa serían "educados" en los módulos convivenciales antes de adjudicarles pisos y que en ellos se impartirían talleres de música, de baile, de orientación y búsqueda de empleo, de hábitos saludables y de organización doméstica. El Gobierno municipal aseguró cuando comenzó el proceso para desmantelar el poblado que las construcciones comenzarían a funcionar hace un año. La Concejalía de Servicios Sociales, sin embargo, estrenó los edificios del asentamiento a mediados de abril, con ocho meses de retraso. Una semana después de la inauguración, los cerró para terminar las obras; los reabrió un mes después y ahora ha vuelto a cerrarlos.
Las casetas prefabricadas nunca estuvieron preparadas para acoger la totalidad de los cursos que se comprometió a ofrecer la Concejalía de Servicios Sociales. Sólo las mujeres y los niños de Penamoa pudieron asistir a clases de alfabetización. Una avería en el suministro de agua, que sale con poca potencia, provocó que los baños y las duchas de los inmuebles estén sin estrenar. El Ayuntamiento, según confirmó a este diario el representante de la Fundación Secretariado Gitano, decidió que los talleres de integración se impartiesen en algunos de los centros cívicos de la ciudad.
El Concello, además de pagar un alquiler de 1.900 euros al mes, abona a la empresa adjudicataria del proyecto de los módulos convivenciales 68.097 euros al año -más de 11,3 millones de las antiguas pesetas-, incluidos en una de las partidas aprobadas en los actuales presupuestos municipales y que se destinan a la integración de los chabolistas. El transporte y la colocación de los inmuebles costó a las arcas municipales 39.672 euros, a los que hay que sumar los 28.425 euros que abonó el Ejecutivo local por la cesión de los inmuebles, diseñados por el arquitecto sevillano Santiago Cirugeda.
Algunos de los chabolistas de Penamoa critican que el Concello haya instalado en el poblado las estructuras prefabricadas. Los edificios fueron atacados en más de una ocasión por los residentes en el asentamiento, que les tiraron piedras e incluso llegaron a dispararles con una escopeta de balines. Desde entonces Sinaí, uno de los chabolistas, se encarga de vigilar las construcciones por la noche. El vecino de Penamoa también supervisa el material de las obras de construcción de la tercera ronda.
El director técnico de la Fundación Secretariado Gitano confía en que en los próximos días los módulos funcionen a pleno rendimiento y que en ellos se eduque a las familias de Penamoa que se inscribieron en los talleres de integración que les ofrece el Ayuntamiento. Uno de cada tres grupos del asentamiento, tal y como informó ayer este diario, se opone a ser recolocado en un piso, por lo que no se inscribió en los cursos. Los técnicos sociales creen que los residentes en el poblado más reacios a vivir en pisos aceptarán participar en las actividades cuando vean que sus familiares y amigos están recolocados en inmuebles.
El Gobierno municipal adjudicó viviendas a 23 de las 99 familias que hay censadas en el asentamiento. Estos chabolistas no utilizaron los módulos convivenciales, unas estructuras por las que la Concejalía de Servicios Sociales aseguró que pasarían todos los residentes en Penamoa antes de ser recolocados en pisos sociales por los que pagan al mes alquileres que oscilan entre los 80 y 100 euros. Los contratos son por cinco años y se renovarán cada doce meses.
Hasta ahora las familias a las que el Gobierno municipal adjudicó viviendas sociales en barrios de la ciudad como Monte Alto y Palavea y en diferentes puntos del área metropolitana, como Arteixo y Sada, no han tenido ningún problema de integración. Los especialistas continúan trabajando con ellos porque consideran que el proceso de adaptación todavía no ha terminado.