TANIA SUÁREZ
Tania Suárez.A Coruña
La Batalla de las Flores sumergió a la ciudad en un mundo submarino, donde no faltaron los peces y los tiburones, trasladó a los asistentes a lugares tan variopintos como Oriente, de la mano de un grupo de geishas, o Perú, a través de su folklore, y recordó los ritmos carnavalescos gracias al desfile de las damas y a la música de los Kilomberos de Monte Alto. Pero, sobre todo, plagó la ciudad de decenas de miles de serpentinas.
Un grupo de cabezudos y dos gigantes abrían paso a la comitiva, que desfiló por Juana de Vega, los Cantones y la avenida de la Marina hasta llegar a la plaza de María Pita. En total, participaron en la batalla diez carrozas y siete comparsas, acompañadas de varios grupos de animación y de distintas agrupaciones folklóricas y musicales. En ambos márgenes del recorrido se situaron miles de personas, en su mayoría padres con hijos, que hacían acopio de las serpentinas y de los caramelos que lanzaban los integrantes de la comitiva. Este año, por primera vez, lucieron sus automóviles en la Batalla de las Flores los participantes en el XVIII Rallye Teresa Herrera de Vehículos Históricos. Los coches antiguos sólo realizaron parte del recorrido, pues no estuvieron presentes ni al principio ni al final del mismo.
Un pirata realizando malabarismos con dos antorchas encendidas, una carroza con caballitos de mar y otra decorada con helados fueron las más llamativas del desfile, en el que se echaron de menos los motivos florales. De hecho, sólo una de las diez carrozas participantes estaba adornada con flores artificiales. Los únicos pétalos que se vieron en la batalla fueron los que lanzaron algunos de los participantes en el desfile, aunque el número de serpentinas superó, con creces, al de flores. De hecho, el Ayuntamiento puso a disposición de los participantes nada menos que 60.000 rollos se serpentinas y 8.000 claveles. Los más pequeños se divirtieron acumulando los montones de serpentinas con que quedó alfombrado el asfalto.
La marcha partió a las 21.00 horas de la calle Juana de Vega, pero la organización puso a disposición de los niños varios talleres de disfraces en la plaza de Pontevedra. Así, los pequeños comenzaron la fiesta antes que el resto, pues se divirtieron maquillándose y disfrazándose en el backstage de la Batalla de las Flores. Los pequeños que acudieron a los talleres pudieron subirse a algunas de las carroza y recorrer las calles de la ciudad vestidos de chinos, piratas o geishas. "Nos gusta mucho como nos dejaron. Ahora vamos a tirar serpentinas a la gente", decían antes de comenzar el desfile Claudia, María y Marta, tres de las pequeñas que formaban parte de la carroza Dragón Chino.
Las meigas de San Juan participaron en la marcha, la última actividad oficial en la que tuvieron que hacer acto de presencia. "Da pena que termine. Fue un año inolvidable, le recomiendo a todas las chicas que participen porque se pasa muy bien", comentaba con nostalgia la Meiga de Honor de las fiestas, Estefanía Filloy. "Esta es la última vez que me pongo este vestido", subrayó Filloy, que sonrió durante todo el trayecto, el último que hizo ostentando la distinción de Meiga Mayor.
La lluvia comenzó a formar parte del desfile cuando sus componentes se aproximaban a la última parte del recorrido y el colorido inicial se tornó en grisáceo. Los participantes en la Batalla de las Flores intentaron seguir bailando y animando al público como si nada sucediese, pero las gotas de agua, cada vez más intensas, dificultaban los bailes y consiguieron rebajar la emoción de los más pequeños. "¡Qué serias vais!", decía una persona del público a dos de las niñas que desfilaban en una de las carrozas y que intentaban resguardarse de la lluvia bajo un paraguas.
Las carrozas más voluminosas tuvieron problemas en el tramo de acceso a la plaza de María Pita porque es muy estrecho. Varias personas de la organización guiaron a los conductores para que entrasen en la plaza del Ayuntamiento con las carrozas intactas. La comitiva llegó a María Pita alrededor de las 22.15 horas, y a las 22.30 los integrantes de la Asociación de Comparsas interpretaron las coplas de A voda do ano, en las que satirizaron la actualidad política local, y el Grupo de Bailes Típicos de Uruguay presentó al numeroso público que se congregó ante el palco instalado en la plaza una pieza original de su país. La boda entre Javier Losada y Henrique Tello provocó las carcajadas de los asistentes. A continuación, el grupo argentino Los Amados ofreció su espectáculo, que combina la música y el teatro para abordar el tema del amor desde un punto de vista humorístico. El lanzamiento de fuegos artificiales puso fin a la tradicional Batalla de las Flores. Terminada la marcha, el servicio de limpieza se encargó de que las calles del recorrido quedasen limpias para poderlas abrir a la circulación, pues el asfalto quedó totalmente cubierto por los 60.000 rollos de serpentinas que lanzaron los participantes.